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¿Contra el aborto? ¿A favor de la vida?

*Por Adrián Vitali. Muy pocos de quienes están en contra del aborto y de los anticonceptivos se acercan a los lugares donde residen miles de niños y jóvenes esperando la posibilidad de un hogar que pocas veces llega.

La gente no anda pensando en abortar cuando desarrolla su vida sexual. Los planteos empiezan cuando acontece el embarazo. Por eso, el aborto consciente o inconscientemente se transforma en una planificación personal, social y familiar, buscada o no en esta coyuntura.

La mayoría de los adolescentes no se cuidan con ningún método anticonceptivo. Cuando quedan embarazadas, muchas veces abortan por miedo a los padres y otras veces son los padres las que hacen abortar a sus hijas por vergüenza social, para salvar el apellido, que en muchos casos es mas importante que la vida por nacer. En las dos situaciones, el aborto es clandestino, tanto para la mujer pobre como para la mujer rica. Pero una lo hace en la clandestinidad riesgosa de la pobreza y la otra lo hace en la clandestinidad de una clínica privada.

Ahora, ¿no tenemos métodos para planificar responsablemente la concepción? ¿No se enseña educación sexual en las escuelas?

¿Adolescentes y jóvenes son todos inconscientes?

¿Por qué será que la discusión a muerte es de la vida por nacer y no por la vida ya nacida? Es evidente que ante el aborto tenemos una postura intransigente y frente a los niños desnutridos, en situación de calle o fuera del sistema educativo, no tenemos la misma reacción corporativa.

Quizás porque la vida por nacer no es tangible socialmente. Sólo es tangible en la individualidad de la mujer que está embarazada. La vida por nacer es la vida de los anónimos, de los sin rostro, de los nadies.

Quizás es más fácil defender a los que no tienen nombre porque en el futuro no nos van a generar ningún tipo de compromiso. No somos garantes de nada y nadie nos va a intimar a pagar una cuota alimentaria solidaria.

Hay muchas de esas vidas por nacer que nacen y terminan llenas de estigmas y privaciones en las calles y los institutos de menores. Y muy pocos de los que están en contra del aborto y los anticonceptivos se acercan a estos lugares donde residen miles de niños y jóvenes esperando una posibilidad social de un hogar que pocas veces llega.

Estar en contra del aborto no es estar necesariamente a favor de la vida. Se pude estar a favor de una etapa biológica de la vida, pero esto no significa que estemos a favor de toda la vida. Porque si así fuera, no tendríamos tantos geriátricos y tantos hogares de niños institucionalizados por la ausencia de hogares que los contengan.

No basta estar a favor del niño por nacer. Tenemos que estar a favor de la vida que se pueda aprender a vivir. Porque cuando estos niños crecen en la pobreza, en la indigencia y terminan en la droga y en la delincuencia, salimos masivamente a pedirles a los políticos que bajen la imputabilidad a los menores y que se legalice la pena de muerte.

Despenalizar el aborto no significa promocionarlo, significa darles seguridad médica a las mujeres que lo necesitan. Despenalizar el aborto no va a disminuir la cantidad de abortos, lo que va a disminuir es la mortalidad materna y que miles de niños no sigan quedando huérfanos.

La penalización del aborto sólo beneficia a quienes comercializan clandestinamente con él. El aborto puede disminuir sólo si tenemos una educación sexual responsable desde nuestras escuelas. Pero si tenemos instituciones que se oponen a los métodos anticonceptivos, el aborto seguirá siendo la variable de la anticoncepción.

Pero, más allá de la penalización o no, el aborto seguirá siendo una cuestión de conciencia.