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¿Cómo se “matcheaba” un siglo antes de Tinder?

La historia también tiene un costado escandaloso por más que a algunas cuestiones de dudosa moral se las quiera esconder debajo de la alfombra de terciopelo. Por eso, les proponemos a viajar en el tiempo para espiar dos elegantes salones porteños del 1900 ya demolidos. Vamos a recordar un festejo de Año Nuevo memorable y a desenmascarar flirteos y trampas dentro de aquel jetset que usaba gomina.

Los más jóvenes desconocen que hubo un tiempo no muy lejano en el cual hasta el teléfono de línea era un lujo. Pero aún sin smartphones y sin apps de citas, cada época supo encontrar espacios para el encuentro y la farra.

Los  hombres y mujeres que no querían quedarse para vestir santos, frecuentaban lugares con doble faz, es decir, sitios que de día eran muy familiares y de noche eran pura parranda.

 

La inolvidable fiesta de Año Nuevo

pabellon de las rosas

Un claro exponente fue el Pabellón de las Rosas, ubicado en  Libertador y Austria que funcionó desde fines del siglo XIX hasta 1929 cuando fue demolido.
pabellon de las rosas

Fue un lugar con “truco” o doble ADN porque durante el mediodía funcionaba como restó pero a noche se renovaba el público. Era el momento de los milongueros y las cocots.

pabellon de las rosas

En este cabaret de muy buen gusto se bailó por primera vez en público y pronto se consolidó como un centro social de moda, un lugar donde ir a mostrarse.         

pabellon de las rosas

Para dimensionar la envergadura de este elegante edificio vale mencionar la gran fiesta que tuvo lugar el 31 de diciembre de 1909 a fin de dar la bienvenida al año del Centenario de la Revolución de Mayo con escenografía histórica alusiva, buena comida, minué y “la mar en coche”.

pabellon de las rosas

Una banda musical “flotante” en el estanque de los jardines entonó el Himno Nacional cuando el reloj marcó las 00.00 horas del 1 de enero de 1910 para un público exultante que fue vestido con impecables trajes de época para recrear una atmósfera evocativa de trazos sumamente cuidados.

pabellon de las rosas



Por ahí cantaba Garay… digo, Gardel

Otro lugar de similares características y casi contiguo al Pabellón de las Rosas fue el Armenonville que funcionó desde 1911 hasta fines  de los años XX.

armenonville

Fue un lugar bacán, al que concurría la crème de la crème y tenía “reservados”.

armenonville

Las malas lenguas cuentan que Carlos Gardel convivió toda su adultez con una bala producto de un disparo que le dieron cuando se dirigía del Palais de Glace al Armenonville luego de flirtear a la mujer equivocada, justo el día que cumplía 25 años.

armenonville

Dicho sea de paso, el Zorzal Criollo cantó en el Armenonville en 1914 y fue tanto lo que le pagaron que hasta hubiera lavado los platos por esa plata. Eso es lo que dicen que dijo. 
armenonville

Cara, lujosísima y por momentos picante fue aquella nocturnidad porteña de cajetillas, terciopelo y champagne en la cual no hacía falta contar con Tinder para matchear con alguien.

armenonville

Bastaba con concurrir a estos cabarets con algún diseño francés y pronunciar algún extranjerismo para demostrar que se era una “persona de mundo”.

El resto, lo barreremos debajo de la alfombra.  

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