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Amor Pasajero: la banda roja que me atravesó en el subte

¿Quién no se enamoró alguna vez en el transporte público? Acá, una historia ocurrida en la línea D. ¿Tenés la tuya para contar? Queremos conocerla.

Recuerdo ese lunes feriado claramente: había dormido poco, ya que el domingo, tarde a la noche, había regresado de San Luis, luego de un fin de semana de trabajo en una carrera de Turismo Carretera.

El movimiento que le faltó a la ciudad como en cualquier feriado ese 8 de octubre, lo compensaron los hinchas de River, que ese día desplegaron una bandera de varios kilómetros buscando romper un récord mundial.

Pero el periodismo y los medios no conocen la palabra feriados, por naturaleza, así que me tocó ir a trabajar. Caminé unas cuadras desde la oficina en la que trabajaba para ir hacia el canal de TV donde pasé toda la tarde. Me metí en la estación Juramento del Subte D sin saber lo que me esperaba.

Apenas entré me llamó la atención un rojo furioso: era la banda que cruzaba la camiseta de River que tenía puesta una chica morocha, de unos 20 años. Casualmente (o no, no sé, pero fue así) el único asiento libre era justo al lado de ella. Decidido, me senté.

La ví a mi lado y me sorprendió. Pelo negro azabache largo, lacio, y unos ojos que iban y venían del marrón al verde, aunque ambos tonos combinaban maravillosamente bien. En esa época trabajaba ligado indirectamente a un canal de TV deportivo, por lo que con el pretexto de una averiguación de producción, le pregunté: Disculpame... "¿cómo es el recorrido que van a hacer?".

A veces en el fútbol se dice "se juega como se vive", y puede ser. El equipo tiene que ir a buscar un resultado, apremiado por el reloj, y a veces la voluntad, aunque lejos de caer en la desesperación, predomina sobre el ingenio.

Las cuatro o cinco estaciones fueron una breve charla sobre el asunto, sin grandes detalles, pero llegó el momento en que ella se tenía que bajar, entonces, junté valor, como si fuera a patear un penal, y solté: "¿Me pasás tu Facebook?". El segundo y medio que puede haber entre pregunta y respuesta pareció estirarse como un chicle y durar un minuto, pero dijo con una leve sonrisa: "No lo encontrarías, mejor te paso mi mail". Invitación a soñar...

Era mediodía feriado, pero mi día había arrancado hacía rato, y con una felicidad más grande que los mismos hinchas de River, que podían disfrutar el día libre para expresar su amor por su club (aunque a mí me identifica otro). Continué mi lunes con naturalidad, aunque con un empujón de buen ánimo, y lo dejé fluir toda la tarde.

La agregué (efectivamente, su apellido traería muchas coincidencias), me aceptó, hablamos, el intento de una salida estuvo, pero nunca se concretó. Coincidimos en ese verano en Villa Gesell por un par de días, pero tampoco hubo oportunidad (y presumiblemente no había ganas), y uno no logró reafirmar su mejor voluntad.

El que siga leyendo esto por acá quizás pregunta, "pero flaco, seguís hablando?". No, nada. Pero esa pequeña charla con una desconocida así de linda en el subte, que derivó en Facebook y WhatsApp, quedó como un lindo recuerdo aunque no hubo éxito.

Y por otro lado, creo que cualquiera que haya conocido ésta historia leyendo DiarioVeloz debe tener una parecida, más extensa o menos. Con o sin diálogo. Y todas pueden ser escuchadas.

Todos alguna vez sentimos un flechazo en un colectivo, subte, tren, avión o taxi. Y por eso, en DiarioVeloz nace "Amor Pasajero", con ésta historia. Contanos la tuya.