Alerta por un hongo que puede transmitirse de gatos a humanos y ya detectaron casos en Uruguay
Se trata de Sporothrix brasiliensis, un patógeno que causa infecciones cutáneas y se propaga principalmente a través de arañazos o mordeduras de felinos infectados. Especialistas advierten sobre su expansión en el Cono Sur.
La detección en Uruguay de un hongo capaz de transmitirse de gatos a humanos encendió la preocupación entre especialistas en salud pública y veterinarios de la región. El patógeno, identificado como Sporothrix brasiliensis, fue detectado recientemente en los departamentos de Maldonado y Rocha, lo que llevó a reforzar los sistemas de vigilancia epidemiológica.
El Instituto de Higiene de Uruguay advirtió a fines de febrero sobre la presencia de este microorganismo, que ya había provocado brotes en Brasil y en otros países de América del Sur. Su principal característica es que puede contagiarse por contacto directo con gatos infectados, especialmente aquellos que viven en la calle.
Este hongo pertenece al género Sporothrix y puede causar una enfermedad conocida como esporotricosis, una infección que afecta la piel tanto de animales como de personas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la especie Sporothrix brasiliensis se convirtió en la variante más preocupante en la región por su facilidad de transmisión a través de felinos.
Los especialistas explican que se trata de un hongo con “dimorfismo térmico”. Esto significa que cambia de forma según la temperatura: en el ambiente, alrededor de los 25 °C, se desarrolla como un hongo filamentoso con estructuras similares a hilos. Sin embargo, cuando ingresa al organismo de un animal o una persona, a unos 37 °C, adopta la forma de levadura, lo que le permite multiplicarse dentro del cuerpo.
A diferencia de otras especies del mismo grupo —como Sporothrix schenckii, conocida por causar la llamada “enfermedad del jardinero” al transmitirse por plantas o tierra—, S. brasiliensis se propaga principalmente a través de gatos infectados.
En los felinos, la enfermedad suele manifestarse con llagas o heridas abiertas en la cara, la nariz y las patas, que pueden agravarse si no reciben tratamiento. Estas lesiones contienen grandes cantidades del hongo, lo que facilita el contagio.
La transmisión a humanos ocurre generalmente mediante arañazos, mordeduras o al entrar en contacto con secreciones o heridas del animal infectado. El hongo puede ingresar al organismo incluso a través de pequeñas lesiones en la piel que pasan desapercibidas.
En las personas, la infección suele comenzar con pequeños bultos o protuberancias rojizas en la piel que pueden convertirse en úlceras. En algunos casos, las lesiones avanzan siguiendo el trayecto de los vasos linfáticos y aparecen en brazos, piernas o rostro.
Aunque la mayoría de los cuadros se limita a la piel, en situaciones poco frecuentes la infección puede volverse más grave y afectar órganos internos como los pulmones, los huesos o el sistema nervioso. Las complicaciones son más probables en personas con el sistema inmunológico debilitado, niños pequeños y adultos mayores.
El diagnóstico se realiza mediante el análisis de muestras de las lesiones en laboratorio, ya sea a través de microscopía o cultivos específicos. El tratamiento suele incluir medicamentos antifúngicos, como itraconazol o terbinafina, y puede extenderse durante varias semanas o meses.
La aparición de casos en Uruguay llevó a las autoridades sanitarias a activar protocolos de vigilancia y control. Según especialistas de la Universidad de la República, se trata de la primera vez que esta especie se detecta en el país, lo que refuerza la necesidad de monitorear su expansión.
Los expertos advierten que el control de la enfermedad es complejo debido a la presencia de gatos callejeros, que pueden actuar como reservorio del hongo. Por eso, recomiendan evitar el contacto directo con animales que presenten heridas visibles y consultar a un veterinario ante cualquier sospecha de infección.
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