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YPF se sigue encogiendo

*Por Fernando Krakowiak. El gobierno de Santa Cruz decidó retirarle a YPF el área Los Perales-Las Mesetas, donde la petrolera concentra el 8,3 por ciento de su producción nacional de crudo.

Además, le quitará dos áreas más chicas: Cañadón Vasco y Pico Truncado-El Cordón. "La decisión final no podrá ser otra que la de caducar esos yacimientos", aseguró ayer el gobernador Daniel Peralta. Chubut adelantó el sábado que podría hacer lo mismo con Manantiales Behr, donde YPF tiene otro 9,6 por ciento de su producción. Si esas quitas se concretan, se sumarán al 7 por ciento de la producción de crudo que la firma ya perdió. Por lo tanto, acumularía reversiones nada menos que por el 25 por ciento de su producción de crudo en el país.

A YPF ya le retiraron doce áreas en seis provincias: tres en Neuquén (Chihuido de la Salina Sur, Portezuelo Minas y Don Ruiz), dos en Mendoza (Cerro Mollar Norte y Ceferino), dos en Chubut (El Trébol-Escalante y Campamento Central-Cañadón Perdido), una en Salta (Tartagal Oeste), tres en Santa Cruz (Los Monos, Cerro Piedra-Cerro Guadal Norte y Barranca Yancowsky) y una en Río Negro (Los Caldenes).

El gobernador de esta última provincia, Alberto Weretilneck, anunció que le quitará a YPF la concesión de Ñirihuau, una pequeña área ubicada al sureste de Bariloche. Por lo tanto, las concesiones caducas serán trece, aunque la gran mayoría son áreas sin actividad o con una producción insignificante. Las únicas relevantes son las dos que revirtió Chubut: El Trébol-Escalante y Campamento Central-Cañadón Perdido, que en conjunto representan el 6,9 por ciento de la producción nacional de crudo de la petrolera. Sin embargo, los nuevos anuncios que realizaron Chubut y Santa Cruz prometen modificar significativamente ese escenario.

Luego de quitarle a YPF tres áreas sin producción, Peralta dejó trascender que evaluaba más rescisiones, algunas de alto impacto productivo. De confirmarse, la quita de Los Perales-Las Mesetas cumple con esa expectativa, pues es la tercera área más importante que YPF tiene en el país, en lo que refiere a la producción de crudo. Al referirse a ese yacimiento, el gobernador informó que en 2006 producía 1,3 millón de metros cúbicos al año y en 2011 bajó a 693 mil metros cúbicos. A raíz de ello, tomó la decisión de avanzar con la reversión, según sus propias palabras. Fuentes de la petrolera afirmaron que no harán ningún comentario hasta que la provincia de Santa Cruz les notifique la reversión, si es que finalmente la decide.

El precio de las acciones de YPF se ha venido derrumbando en los últimos meses. En Wall Street los papeles cayeron 44 por ciento desde el 23 de enero. La última baja fuerte se registró el lunes (-15,5 por ciento) luego de que Chubut anunciara el fin de semana la voluntad de quitarle a YPF el yacimiento Manantiales Behr, el segundo más importante que tiene la petrolera. Por lo tanto, la lógica indica que la acción debería seguir bajando ahora que Santa Cruz dijo que le quitará otra área clave. Además, Página/12 confirmó que Mendoza y Neuquén realizarán más anuncios de reversión en los próximos días y no serán yacimientos inactivos.

El conflicto con YPF comenzó en noviembre del año pasado cuando la firma giró al exterior utilidades, pese a la negativa del gobierno nacional. La pelea recrudeció en enero cuando Cristina Fernández de Kirchner le exigió mayor inversión para revertir la caída de la producción. Desde entonces, el gesto más importante que tuvo YPF lo concretó el 21 de marzo cuando aceptó no girar las ganancias de 2011 al exterior y capitalizó la compañía. Sin embargo, la empresa no modificó su plan de inversiones y dejó trascender que si el Gobierno quería definir ese plan y monitorear el destino de cada dólar tendría que tomar el control de la firma.

En el Gobierno le tomaron la palabra porque desde entonces recrudeció la presión estatal sobre la firma. Las provincias están a punto de consumar la quita del 25 por ciento de su producción, el valor de la acción se está pulverizando y el gobierno nacional evalúa distintas alternativas para finalmente tomar el control. Mientras tanto, la empresa aparece ante la opinión pública como carente de reacción, casi como esperando un desenlace sobre el que no puede influir. Una actitud llamativa para este tipo de multinacionales que se caracterizan por su fuerte capacidad de lobby.