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VAR Cultural: ley no es sinónimo de justicia, pero sí es el camino para llegar a ella

Por Germán Bermúdez. El reglamento es la porción escrita de la ley, pero su complemento es indispensablemente el espíritu. No se puede llegar a hacer justicia sin entender el contexto que brinda marco a la acción puntual o al suceso preciso.

Parece que fue ayer que el campeonato Mundial de Fútbol Rusia 2018 traía a los ojos del mundo grata noticia de que la tecnología se asocia aceitadamente a la justicia deportiva. El buen empleo del Video Assistant Referee, conocido por todos a través de su sigla VAR, hizo que muchos detalles trascendentales que durante años escapaban de la óptica de los árbitros producto de la propia dinámica del juego tuviesen la posibilidad de ser revisados y, en caso de error manifiesto o evidente omisión, ser sancionados y/o corregidos.

Ley no es sinónimo de justicia, pero sí es el camino para llegar a ella. El reglamento es la porción escrita de la ley, pero su complemento es indispensablemente el espíritu. No se puede llegar a hacer justicia sin entender el contexto que brinda marco a la acción puntual o al suceso preciso.

Llevado esto al deporte que nos incumbe debemos mensurar las sensaciones que generan, al momento de la apreciación de jugadas específicas, factores físicos como la velocidad, la distancia, la fuerza, el sentido o la dirección del juego y la inevitable relación causa-efecto-consecuencia a partir de quienes propongan o no determinadas situaciones de contacto. Y, en otro aspecto, también aquellas acciones en las cuales las manos de los futbolistas parecieran ir predireccionadas en búsqueda de contactar el balón, o bien cuando el caprichoso movimiento de éste hace que se dirija, cual si estuviese imantado, hacia las manos o brazos de los jugadores.

Todo esto que llevó tan sólo un párrafo de presentación se hace harto complejo de juzgar en plena dinámica de partido. Convengamos que el fútbol ha nacido, es y seguirá siendo un juego humano, practicado por humanos y arbitrado/conducido por humanos. Todos absolutamente falibles tal cual nuestra raza. Estaba más que claro que en el amanecer del milenio tecnológico este deporte no podía apartarse de ello y que siempre se ha procurado minimizar el riesgo del error. Previamente a la llegada del VAR la FIFA lo hizo a través de la formación de equipos arbitrales con la jerarquización de los legendarios Jueces de Línea al rango de Árbitros Asistentes para que participen desde su asistencia sobre las líneas en jugadas de posible conflicto que pudiesen presentarse en su zona de influencia o bien fuera del campo visual del árbitro central. Luego se sumó 4to.Árbitro o Árbitro Suplente en campo, que también aportaría dos ojos más a la causa de controlar y velar por el buen proceder de juego.

Ahora bien: la llegada del VAR hizo que la tecnología, puesta en acción y apreciada por ojos humanos, se sume a la asistencia en determinadas y tipificadas acciones según se plasma en la regla escrita. ¿Es esta apreciación humana, a través de una, dos o diez cámaras diferentes, la solución definitiva a las imponderables jugadas de conflicto o discusión?  Decididamente no. Este es un aporte más para que la definición de Ley se acerque y se emparente a la meta que siempre persigue, la de hacer justicia.

En la enorme mayoría de los países del mundo en los cuales se ha implementado el VAR, las maduras han sido muchas más que las verdes; es decir que el grado de acierto en las decisiones arbitrales en las cuales intervino la asistencia de video se potenció en notable proporción respecto a cuándo no se tenía acceso o no se podía apelar a medios tecnológicos.

En Latinoamérica, y especialmente en la Argentina, nuestra idiosincrasia nos lleva al descreimiento generalizado para con la justicia. Y lo que parecía que iba a aportar mucha mayor claridad a las decisiones arbitrales terminó siendo desprestigiado y cuasi despreciado por nuestros propios prejuicios como sociedad. Esos a los que seguramente venimos atados desde nuestros orígenes, creencias o vivencias, pero que indudablemente y a ojos vista de la realidad, muchas veces no nos dejan ver, confiar ni crecer.

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