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Tercera Guerra Mundial: no es un estreno de Netflix, es una posibilidad real

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump decidió atacar al general principal de Irán, Qassem Soleimani. Cómo la decisión de un solo hombre, puede afectar al mundo entero.

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Donald Trump da la orden. El militar con más poder de Irán muere. El mundo habla de una posible Tercera Guerra Mundial, y el tema se vuelve un híbrido entre la realidad y la ficción.

Se habla de una “Guerra Mundial” con la misma liviandad que se debate sobre una serie. Se especulan escenarios y se opina como si fuera una noticia ajena, lejana. Es verdad que nuestro país supo quedar bien parado en ambas guerras mundiales, pero también es verdad que fueron un horror a nivel humano y que hoy con las armas nucleares nadie está demasiado lejos como para considerarse a salvo.

El ser humano vive evadiendo la idea de su propia muerte, ya que esta conciencia de finitud le impediría poder proyectar y, de alguna manera, vivir; ya que muchas veces el sentido del presente lo ponemos en el futuro (se estudia, trabaja, ahorra, planifica,…). En Oriente sí tienen una afinidad superior con el “aquí y ahora” que en Occidente aun nos resuena como frase marketinera, pero poco aplicable.

De esta manera vivimos el día a día, pensando en un futuro que pretendemos controlable. Y si bien habitamos un país que no se caracteriza por su estabilidad, nos creemos lo suficientemente poderosos para tener cierta visibilidad de nuestros destinos. Quizás, y es lo más seguro, sea solo un arma de defensa por el temor interno y latente que nos provoca estar tan a la deriva en un mundo que pide tener respuestas claras y coherentes.

De repente un señor, al que muchos de los propios ciudadanos estadounidenses (porque americanos somos todos en las Ámericas) llaman “mono con navaja”, por tener poco criterio y responsabilidad a la hora de ejercer el poder; decide atacar al principal general iraní en Irak. Y este asesinato desata la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial.

Opiniones, memes, posteos, programas… se habla, se debate y se opina sobre esta posibilidad como si se tratara de una pelea mediática, del estreno de una película o del blooper viral del momento. De nuevo se pueden entender estas reacciones como modos de protegerse del significado real de una guerra global.

“En una guerra no gana nadie”, es una frase tan amable como escuchada. Obviamente es mentira, si bien no gana ningún ciudadano común; quienes ejercen el poder, sí tienen “materia” por la que exponer vidas ajenas, sean de quienes creen que tienen el deber de defender a la Nación como de civiles que están en el lugar y hora equivocados.

Con armas nucleares pueden devastar el planeta. Ya no estamos tan protegidos, porque “estamos lejos, ¿quién va a venir hasta acá?”. Si no lo hacen es porque a nivel económico no debe convenir por el momento. Pero pensemos solo un instante en la idea de que un solo ser humano (¿podemos darle ese mote?) pueda decidir sobre la vida planificada, controlada, proyectada de todos nosotros. Un hombre desde su despacho, su habitación, un restaurant o su auto; da una orden y termina con todos nosotros.

Quizás esa idea la tengamos que tener más presente, porque pasa a diario con muchas decisiones que nos afectan de manera cotidiana en menor o mayor medida. Obviamente una guerra es tan aterradora y extrema que es impensable para quienes solo la estudiaron en historia, las vieron a través de una pantalla o del relato de un abuelo. Será que tenemos que ser un poco más conscientes del poco, poquísimo, poder que tenemos sobre todo lo que nos rodea, y sobre nuestra propia vida. Será que quienes consumen libros y frases de autoayuda para conseguir un empoderamiento sobre sus vidas, tienen que aceptar que son todas mentiras discursivas, porque ese poder es inaccesible. Será que tenemos que estar un poco más en el presente de manera real y consciente. Será que la ilusión de poder individual es funcional a las esferas de poder real, ya que de esa manera logran neutralizar el poder colectivo que podría (quizás) revertir esta situación tan impotente. Al menos, intentemos reflexionar de manera profunda, y nunca jamás banalicemos la guerra.            

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