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Supersticiones y cábalas: el pensamiento mágico en acción

Las creencias supersticiosas existen desde hace milenios, así como las cábalas.

La superstición es una creencia falsa basada en la ignorancia, el miedo a lo desconocido y la confianza en la magia. Contribuyen a las supersticiones aquellas asociaciones erróneas que hacemos en nuestra vida cotidiana, es decir, creemos que el hecho de que se nos cruce un gato negro tiene relación con lo que nos pueda pasar. 

En realidad, el gato negro no es la causa de ninguna desgracia que nos pueda suceder, pero debido a una asociación equivocada, o una creencia no fundada, llegamos a pensar que "algo puede haber de cierto". Ahí es cuando surgen las cábalas, esto es, rituales para defendernos del mal, o de las desgracias que puedan sucedernos. 

También, el papel de la autosugestión es crucial, y juega el rol de "profecía autocumplida", esto es, la persona cree tan fervientemente en que algo malo le va a ocurrir y se obsesiona tanto con esta idea que quizá se distrae al cruzar la calle y la atropella un auto. Se cumple así una autoprofecía, pero no hay ninguna relación entre el gato negro que se le cruzó con el accidente que sufrió.

En todos los ámbitos hay supersticiones, ya que éstas no tienen nada que ver con un nivel educativo determinado, ni con una clase social. En todas las culturas existen las supersticiones, y todas tienen un factor común: son creencias erróneas, que no tienen nada que ver con la realidad. Algunas son nada más que leyendas folclóricas y otras son más sofisticadas, pero a fin de cuentas comparten un origen común, esto es, el pensamiento mágico.

La obsesión del hombre por conquistar las fuerzas naturales y el miedo a la muerte han sido causa de innumerables rituales. El bien y el mal parecen actuar sin ton ni son. Y como sabemos, el ser humano no tolera la incertidumbre. De alguna manera tiene que contrarrestarla y "asegurarse" un buen futuro. Nos imaginamos espíritus o "fuerzas" que causan buena o mala suerte. Y entonces inventamos formas de paliarlos o manejarlos. 

La persona supersticiosa no piensa racionalmente y no está capacitada para hacer una evaluación objetiva de lo que le ocurre. Algunos llevan una cinta roja en la muñeca para defenderse de la envidia o de las "malas ondas", y si alguna vez les fue bien usándola, lo seguirán haciendo debido a una falsa asociación y también a lo que se llama "memoria selectiva", esto es, recordar los hechos que confirman la creencia y olvidar los que no responden a la superstición.


Las profesiones y la superstición

Los deportistas son notablemente supersticiosos, así como los entrenadores. No es nada raro ver a un director técnico usando la misma ropa en cada partido (porque supuestamente le da "suerte") o haciendo con la mano los "cuernitos", o cruzando los dedos cada vez que su equipo enfrenta una situación que puede ser definitoria en un partido. Otros usan cadenas, pulseras o algún talismán para atraer la buena suerte, o protegerse de la mala suerte.

Las personas que se dedican al juego también son muy supersticiosas. Lo podemos ver en el casino: de alguna manera creen que pueden ganar si repiten lo que hicieron cuando ganaron en alguna ocasión. Esto puede significar usar la misma ropa que el día en que tuvieron éxito, llevar amuletos varios (pulseras, cadenas, anillos) y recurrir a diversas cábalas. O elegir siempre la misma máquina tragamonedas con la que alguna vez ganaron. Pero nadie puede vencer al azar. De otro modo, todas las salas de juego del mundo estarían en quiebra.

En el ambiente artístico la superstición también es moneda común. No se sale al escenario con cualquier ropa, los actores o músicos, antes de empezar una función se dicen unos a otros "mucha mierda", lo cual tiene una explicación: antiguamente la gente llegaba a las funciones con carruajes y el hecho de que hubiera bosta de caballo por todos lados indicaba que había concurrido mucha gente, lo cual era un buen indicio. Y hoy se sigue repitiendo el desearle "mierda" a los actores o músicos, a pesar de que los carruajes ya no existen y nadie llega a una función con ellos.


El martes 13, un clásico

Sin duda, el martes 13 (viernes 13 en los países anglosajones) es inevitable a la hora de tratar la mala suerte y las supersticiones. Tiene su origen en que Marte era considerado el dios de la guerra, y 13 era el número de personas que había en la última cena.

Lo singular es que ninguna de las grandes catástrofes de la humanidad sucedió un martes 13. Por nombrar algunos ejemplos, ni el comienzo de la Segunda Guerra Mundial (1º de setiembre), ni el asesinato del presidente Kennedy (22 de noviembre), o el atentado contra las Torres Gemelas en EE.UU. (11 de setiembre), ni el golpe de estado de 1976 (24 de marzo), ni el huracán Katrina, ni la invasión a Irak por parte de varios países, tuvieron lugar un martes 13.

Siguiendo con el 13, varios edificios y hoteles, sobre todo en los Estados Unidos, no tienen un piso 13. Esto es solo una apariencia, ya que le llaman "14" a lo que sería el piso "13". El piso 13, entonces, existe. Lo que cambia es que simplemente se le da otro número. Sin embargo, el 13 es un número que a varias personas, les "trae buena suerte", sobre todo en los juegos de azar como la ruleta o la quiniela.


 

Hay culturas, como la japonesa, para las que el número de la mala suerte es el 4, ya que en cantonés, suena como la palabra "muerte".


La peor de las supersticiones

Luego de la superstición referida a la posesión diabólica, que llevó a la muerte a millones de personas -sobre todo en la Edad Media- hay una que es un martirio para la persona que la padece: se trata del hecho de ser "mufa", una persona que, supuestamente, atrae y causa la mala suerte. Varias personas han sido víctimas de esta crueldad y fueron bien conocidas en los medios. Entre ellos figuran el periodista Roberto Maidana (a quien se le llamaba "Robert Mitchum", para no pronunciar su verdadero apellido), la cantante Tormenta, el cantante Elio Roca, el músico de tango Carlos Di Sarli, el ex presidente Carlos Menem (a quien se lo denominaba "Méndez"), aunque éste último se salvó por su alta exposición y personalidad desenfadada.

Esta modalidad es una de las peores facetas de la superstición. La persona "mufa", no puede defenderse y es apartada y marginada. El "antídoto", es tocarse los genitales cada vez que se pronuncia algún nombre "mufa". No muy razonable que digamos...

Sea como sea, el comportamiento supersticioso es muy "tenaz", por así decirlo. No entiende razones y está basado en asociaciones erróneas que han tenido un impacto emocional sobre la persona supersticiosa. El mundo objetivo nos muestra otra cosa: abrir un paraguas dentro de una casa, pasar por debajo de una escalera, entrar a algún lugar con el pie izquierdo, derramar la sal o que se nos cruce un gato negro, no tiene nada que ver con lo que nos vaya a pasar.

Vale la pena ver el video que sigue. Se trata del programa "Escépticos" de la ETB, España. Está conducido por el periodista Luis Alfonso Gámez y es el capítulo 11, dedicado precisamente a la superstición.