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¿Somos, nos hacemos o enfermamos?

“Pertenecer tiene sus privilegios”.

Hoy en día, la difusión, los medios globales de comunicación, las redes sociales y las posibilidades de viajar, nos ponen en contacto con el mundo en tiempo real, y, como siempre digo, nos permiten interactuar con él, siendo modificados por el entorno y modificando el mismo. Sin embargo, dentro de nuestras fronteras o fuera de ellas, hay algo que siempre nos pertenece y nos acredita como lo que somos: esa libreta azul con nuestro escudo en dorado, la cual damos en llamar pasaporte. Y muchas veces, dentro o fuera de nuestras fronteras, esa acreditación nos da el dudoso orgullo de pertenecer a “la horda” de la cual, dentro de nuestras fronteras renegamos abiertamente, tomando posturas casi absolutistas, pero fuera es la que suaviza en algunos casos el accionar del símil, más de una vez justificando lo injustificable, un corporativismo implícito y tácito con nuestro par de igual ciudadanía, de tanta fuerza como el sindicalismo puertas adentro. Sin dudas, ser argentinos nos hace especiales, pero, realmente nos hace especiales?. En esta nota iremos desgranando ese arduo camino que nos pertenece por derecho propio.


Somos o nos hacemos?

Detrás de estas dos acciones puede ir cualquier calificativo, nunca demasiado positivo, que el lector quiera poner, y lo dejo a libre criterio de la identificación personal. Si somos, nos creemos más allá de las convenciones y normas, y si nos hacemos, más todavía. Vivimos de las glorias del pasado, y como se dice comúnmente, “con el diario del lunes todos tenemos razón” debatimos hasta el cansancio y casi con tanto fundamentalismo como un talibán, temas de razón ya comprobada, porque fueron ayer, el tema es aportar la mirada sorprendente y no dicha, como si se tratase de un truco de magia, que nos haga “ganar” ese debate, al respecto dirían las leyes de Murphy que “la historia es una ciencia exacta”, obviamente cierto si lo miramos a la óptica del fanatismo, pero completamente carente de sustento fáctico si de pensar se trata.


Los íconos culturales.

En su definición más simplificada, para no entrar en terrenos escabrosos, “cultura es todo lo que el Hombre hace, dice y piensa”. Lo cual nos implica que en esta epidemia de “argentinidad”, todo vale, y de lo cual el pensamiento es, si se quiere, la parte más peligrosa, porque es el que continúa en un orden lógico de producción, tanto la mas santa como la más oscura de las intenciones. Sin embargo, y reconociendo (y plantando la queja de nuestros abuelos y padres) de que todo tiempo pasado fue mejor, entramos en una situación de peligroso conformismo porque nos planteamos el momento presente, y sin pensar a futuro, salvo con vocación de presidente, legislador, maestro, director técnico, etc., porque el argentino sabe todo de todo, y, como decimos en Medicina Legal, “se sabe tanto de tantas cosas que al final no sabemos nada de nada”. Pero el argentino opina, total es gratis.

Respecto de nuestros iconos culturales, “el Papa es argentino”: error!. Jorge Bergoglio es argentino nativo y desarrolló su obra en este país, si bien para la Constitución Nacional la ciudadanía es un hecho irrenunciable, no lo es para otros países, Vaticano entre ellos. Desde el momento de asunción de su Pontificado, su ciudadanía es vaticana tal como estado independiente que es la Santa Sede, y renunció a la argentina, dado que es el Príncipe y autoridad máxima de la Iglesia que dirige, con más de 2000 millones de fieles en todo el mundo; por lógica, su ciudadanía es la que debe ser, y no la que nosotros querramos; “nunca vino a la Argentina, se olvidó de donde nació”: como Príncipe, y con el agregado de una asunción de mando por mandato divino en la creencia de los feligreses y en las raíces de la Fe, no sabemos si quiere o puede venir o no. Como todo mandatario, su agenda es eminentemente política, tal cual su figura, y, si vamos a la fuente histórica, Constantino I creó una nueva religión según cuentan las leyendas por principios de Fe allá por el 325 en el Concilio de Nicea, pero, la verdad sea dicha, esta nueva religión fue de raíces netamente políticas por el “problema judío”, cuya población crecía exponencialmente, que no aceptaban el politeísmo romano y que además habían comenzado a desarrollar las bases del cristianismo actual. Algún día, los restos del actual Papa reposarán solo si lo deja legado por escrito, en algún lugar de Argentina, de lo contrario permanecerán en la necrópolis vaticana.

“Maradoooo…”: sin lugar a dudas, uno de los mejores jugadores mundiales de fútbol, sino el mejor. Una figura de culto, literalmente, para muchos de los entusiastas del fútbol. No obstante, su enamoramiento personal y el “vivir la vida en el balcón de su cuerpo” lo situaron en otro lugar muy diferente, donde se cultuó una idolatría a la sombra de lo que fue. Se recuperó (???) en Cuba, y usa insignias o referencias a líderes comunistas, pero vive en Dubai, una excelente combinación entre un comunismo ya perimido y lo mejor del capitalismo salvaje y el consumismo en exceso: y acaso esa vida que cultuamos, no es nuestro propio reflejo de lo que deseamos llegar a ser?. Por lo tanto, en este ejercicio del “vale todo” socialmente aceptado, y como los sueños sueños son, nos queda el culto para que la diferencia no sea tan abismal, léase, adoramos una persona enferma en el contexto de nuestra enfermedad social. Este mismo ejemplo nos permite retomar un punto de la figura anterior, los argentinos jugamos a ser Dios… seguir con ejemplos nos va a devolver en casi todos los casos a los mismos lugares, al decir de mi abuela, “para muestra alcanza un botón”.

“La grieta”: existió? Existe? Quien la generó?. Una sola presidencia no define una grieta, también existió con Perón, que recuperó los principios sociales plasmados por Palacios, Moreau de Justo y otros, y reformó un entramado social casi castista, sin embargo, defendiendo los principios sociales, revalorizando el trabajo y a su productor, planteando el laicismo del Estado, en una Argentina que era una potencia mundial entre los antes ricos, empobrecidos por dos guerras devastadoras, el más social de todos los artículos de la Constitución, inclusive habiéndola reformado, fue redactado y agregado por un gobierno de facto, cuando Onganía propone a la Constituyente de 1957 el texto e inclusión del art. 14 bis, que, por ende y contra el error común, no es de factoría peronista. Por ende, no depende de CFK, NK o Macri, tres gobiernos con lo suyo propio por lo que deberán responder, al menos en la Argentina ideal (ok, NK no cuenta por su fallecimiento, sobre el cual pesan teorías desde conspirativas hasta conspiranoicas, donde no se llevó a cabo según Protocolo y Ceremonial y de las cuales alguien, ante la sola duda, debería levantar el guante e investigar…). La grieta fue entonces un intercambio de gritos de guerra fanáticos entre representantes de facciones opositoras, donde nadie se tomó el trabajo de cruzar la calle…


La educación. Todo un tema pos sí mismo, pero siempre tendiente, como variable de ajuste, a la mediocrización. Si se mantuviese el ideal sarmientino y de sus posteriores, gozaríamos de una educación laica, libre y gratuita. Sin embargo, los colegios privados brotan desde hace ya varias décadas como hongos frente a la humedad. Los mismos salieron a abastecer las falencias y necesidades del sistema estatal, pero como son alcanzados por la normativa educacional, se han mediocrizando a la par, siendo en este momento mas una pertenencia de elite que un espacio de conocimiento. Este sería un tema para varias notas, dejémoslo por ahora


Los argentinos, estamos enfermos?

No es simple de responder, pero, como la el proceso de enfermar, la enfermedad y su definición contemplan la dimensión social, la respuesta es por decantación: SI.

Somos una sociedad exitista, magnificamos nuestros logros exponiéndolos en nuestra vidriera propia, tapamos la mugre con la alfombra, y esto tiene un gran defecto, llega un momento que la montaña de mugre es tal, que tropezamos con ella y, como dicen los jóvenes, “nos la damos en la pera”; no nos alcanza la escala del 1 al 10 para contar nuestro brillo, sustentado (obviamente), por un psicólogo o un psiquiatra y la medicación consecuente, somos fanáticos, y acá hago una pequeña parada para describir la progresión de una idea: una idea normal es aquella sostenida con un juicio de valor, que se puede modificar con la opinión del otro. Una idea obsesiva es aquella que si bien es “normal” como la anterior, se reitera en forma tortuosa movilizada por el miedo, una supuesta culpa y la necesidad de su repetición con un fin ritualístico de que una X cosa pase o no, por ende, se vuelve a la idea previa en forma repetitiva. La idea fanática es aquella que si bien reconoce la demostración por la realidad, considera y sigue considerando al otro como distinto, y, por ende, digno de ser atacado. La idea fundamentalista reconoce sólo los principios propios, perdiendo conexión con la realidad, no obstante la reconoce, que la diferencia de la idea psicótica, que es aquella donde se pierde todo contacto con las demostraciones por lógica, realidad, contexto y situación. Somos devotos católicos, pero no vamos nunca a. misa, y hacemos cuanta trampa esté a nuestro alcance, total, “el día que voy me confieso”. En este punto, otro stop: muchas veces, nuestras conductas ponen en riesgo nuestra situación judicial, acorde a la máxima consagrada de que “todos somos sujetos de Derecho”. Nuestro desprejuicio del “no pasa nada” hace que un día “la vida nos juegue una mala pasada”, en palabras que taladraron nuestros oídos en las últimas semanas, y, ante el Derecho, otra máxima que le pertenece es que “nadie puede alegar su propia torpeza”, por ende, terminamos declinando en favor de “la vida me engañó” antes que asumir la necesaria culpa propia, otra de las facetas de nuestro exitismo. Luego, si podemos, terminamos sacando pecho con el apellido del abogado que contratamos para nuestra defensa, pensando que un eximio abogado (y además de renombre), nos va a liberar de todo: error de nuevo!, es como ir a un médico de renombre y saber que uno está curado, y pongo este ejemplo porque ambas profesiones administran los mejores medios a su alcance, pero no garantizan el final deseado. Y a los argentinos, siempre con la historia sangrando, más o menos según las lecturas, nos faltan fines.

Gozamos de una inigualable posición ante la falta de prejuicios, pero puertas adentro somos casi victorianos en nuestras posturas y en el deber ser y hacer.

Estamos en una eterna lucha con la Real Academia Española por el uso de un “lenguaje inclusivo” como nueva bandera de la lucha feminismo versus machismo, pero hasta ahora no conozco un solo caso de una persona que haya ido a donar su tiempo a una de las entidades específicas para discapacitados y aprender su lenguaje para integrarlos a la sociedad. Pero sí enarbolamos la bandera de la solidaridad y esperamos las cámaras cuando ayudamos a un ciego a cruzar la calle.

A modo de conclusión, porque esta lista es interminable, podría citar que lo que compramos sin necesidad de consumo, alimenta nuestro narcisismo (nuestro ego enamoramiento, permítaseme el neologismo), confiamos más en sofistas (el discurso seudo filosófico y/o retórico por el discurso mismo, sin final e incluso sin contenido, otra forma muy peligrosa de narcisismo e incluso de psicopatía por parte de su emisor) con muchos años de prensa (que no significa calidad), que en el consejo familiar cuando ve que estamos siendo miopes morales, porque copiamos conductas de “gente importante”, y Marco Iacoboni (Milán, 1991) describió las “neuronas espejo”, que están en todo nuestro cerebro, destinadas a copiar toda conducta que se crea adaptativa, al decir del autor (Cap. II: “Lo que el mono ve, el mono imita”). En síntesis, si bien una cuota de narcisismo bien manejado es necesaria, la psicopatía y la falta de frustración que nos aleja del sistema y de nuestro narcisismo no lo son.


  • “Si todo lo que debe ser noticia fuera tal, los diarios saldrían dos veces por semana”. (Ernesto Sábato)
  • “Si el mundo tuviera culo, nosotros somos las hemorroides” (Guillermo Patricio Kelly [NdA: no comparto nada del pensamiento de este sociópata, pero la frase es tristemente real]).
  • Palabras de Machado, en la voz de Joan Manuel Serrat: “… siempre es triste la verdad, lo que no tiene es remedio…”
  • “Señora, Señor: el mundo está lleno de imprescindibles, y todos terminan descansando en el mismo lugar…”.
  • El tango Cambalache, de Enrique Santos Discépolo, compuesto hace casi un siglo, es lo más similar a la profecía autocumplida. Esto me da la idea de tocar este tema (nada más literal!), en la próxima nota.



Hasta cada momento.

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