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Sobre el mundo laboral y sindical penas sobran, urge que no haya más olvidos

La deuda total creció 4,6%, mermó un 1,6% el capítulo bancario hogareño y aumentó 16,1% la que no tiene que ver con entidades de crédito.

A la hora de considerar la gravedad del efecto Covid-19 sobre el trabajo argentino urge reseñar que hoy sólo 50% son asalariados formales. La otra vereda incluye un 25% de empleados en negro y 25% de cuentapropistas, de éstos dos tercios de ellos en negro y el restante en blanco. Casi un “empate técnico” entre registrados y fantasmas rezaría un analista afecto a la estadística.

Va de suyo el recalcar la obviedad de que los sindicatos tutelan  a trabajadores registrados. Y antes de deslizar algún párrafo gremial corresponde apelar a datos sobre la “pandemia después de la pandemia”. Metáfora esta que le expresó semanas atrás el titular de Smata Ricardo Pignanelli a Chiche Gelblung en cuanto a “no olvidar” el estado de economía y empleo a diciembre de 2019, fin de la era Mauricio Macri. 

Asevera el CERX (Centro de Economía Regional y Experimental) que la deuda familiar continuó creciendo en junio impulsada por los atrasos no bancarios. Levísima reducción de las familias endeudadas, empero hay 11.900.000 de hogares que cierra este mes debiendo algo. 

La deuda total creció 4,6%, mermó un 1,6% el capítulo bancario hogareño y aumentó 16,1% la que no tiene que ver con entidades de crédito.

Las deudas "bancarias" entonces sumaron $1.168.217 millones y las "no" $737 mil millones. Para estas últimas sus “motores” fueron impuestos y servicios. 

Y no es todo para el crítico boletín, el temor como dato duro se refleja en la población respecto a quedarse sin ingresos o empleo. Para el 44,9% ese miedo es muy alto y lo mejor no está por venir. Finalizada la cuarentena -y si se recuperan los ingresos- el 61,8% de los hogares destinará ese dinero a pagar deudas, consignó el CERX.  

Pues entonces

Un telegrama o tweet sobre sindicatos resumiría: pactos por suspensiones con acuerdo oficial y marco; salarios en cuotas; ATP estatal para ayudar a abonar sueldos, despidos pese a normas antidespidos; aguinaldo fraccionado para estatales y algunos privados más la inexistencia casi de paritarias sin registro semejante ni comparable a la peor marca cercana que es 2004.

Escenario impensado cuando a fines del año pasado la CGT lustraba cada rincón de su sede en Azopardo e Independencia para recibir al presidente Alberto Fernández. Allí puso sobre la mesa una apuesta que -por tácita- no dejaba de ser fuerte: “ser parte de este Gobierno”. 

Lo dijo a viva voz uno de sus secretarios generales, Héctor Daer, amigo personal también del Jefe de Estado. Fue en un salón colmado por dirigentes incluso no tan afines e incluso otros que supieron empalagarse con las mieles luego rancias de Cambiemos. Mesa de diálogo, consenso social, bonos a privados, emergencia laboral y otros tópicos fueron parte de la nunca definida “luna de miel” para los primeros meses de un nuevo Ejecutivo Nacional.

Y el 20 de marzo sabido es que la cuestión se volvió inédita, vía Covid-19.
A tal punto que la cuarentena ya le empató en tiempo real a los primeros pasos del “gobierno de coalición” como remarcan los que incluso en pandemia pretenden “más peronismo”. 

Se lo dijo sin pudores a BAE Negocios Omar Maturano antes del aislamiento y en pleno Coronavirus cuando los ATP llegaron “para no pocos empleados registrados” incluso a ejecutivos de empresas de sólida posición y presión constante contra toda administración que tenga algo de perfume populista. “Deberían reintegrar la plata que reciben”, sentenció el titular de La Fraternidad en el mismo misil donde reivindicó las paritarias.

Sin embargo el temperamental ferroviario no es la única voz “en on” que manifiesta disgusto para la realidad laboral, económica y social. A partir del despido de 700 trabajadores de la UOCRA en Salta el referente sindical de esa organización Gerardo Martínez elevó el tono.

"Cómo hay un gabinete sanitario especializado en la pandemia, tiene que haber otro que atienda la cuestión económica-productiva", reclamó. "Le pregunté al Gobierno: ¿ustedes nos pueden garantizar 12 mil millones de pesos por mes para los 350 mil trabajadores de la construcción? Nadie puede garantizar eso", dijo Martínez en Radio La Red.

El jefe de la UOCRA no habla solo por su organización, la lista de sindicatos que incluso no se alinearon políticamente complacidos al gobierno de Alberto Fernández, asume las urgencias de despidos, suspensiones, falta de aportes de empleadores a las obras sociales y más.

Más allá de esto y como postdata, corresponde reseñar que las “grietas” sindicales no tuvieron aislamiento social pero sí distancia física enorme. Algo así como un clásico que no se suspende.

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