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¿Robot o humano para aprender inglés? Por qué no es solo una cuestión de tecnología

La irrupción de la inteligencia artificial en el aprendizaje de idiomas aceleró procesos, amplió el acceso y cambió hábitos.

Avatares, chatbots y plataformas automatizadas prometen personalización, práctica constante y resultados rápidos. De hecho, según estimaciones de consultoras globales del sector edtech, más del 60% de los estudiantes de idiomas a nivel mundial ya utiliza alguna herramienta basada en IA como complemento de estudio. Sin embargo, detrás de esa eficiencia aparece una pregunta clave: ¿qué tipo de aprendizaje se está construyendo y con qué impacto real en la vida profesional de las personas?
 
La discusión no es menor si se tiene en cuenta que el inglés sigue siendo una de las principales barreras de acceso a mejores oportunidades laborales. Estudios de empleabilidad en América Latina muestran que los profesionales con dominio efectivo del idioma pueden acceder a salarios entre un 30% y un 50% más altos que quienes solo tienen conocimientos básicos o pasivos.


delfina gallo
 
Desde su experiencia en la formación de alumnos para contextos laborales y de viaje, Delfina Gallo, fundadora de una academia online de inglés y especialista en inglés para empresas y viajes, plantea una mirada crítica y complementaria sobre el rol de la IA y el valor irremplazable del docente humano.
 
Para Gallo, la diferencia no es solo metodológica, sino cognitiva y emocional. “El aprendizaje con docentes humanos activa procesos más profundos: reflexión, toma de decisiones, adaptación al otro y construcción de sentido”, explica. En ese sentido, advierte que aprender un idioma no se limita a incorporar estructuras lingüísticas: “Aprender con una persona no es solo adquirir contenidos, es entrenar la mente para pensar, responder y vincularse en otro idioma”.
 
La IA, reconoce, cumple eficazmente con parte de su promesa. “Funciona muy bien en la personalización técnica: ritmo, repetición, feedback inmediato y disponibilidad constante”, señala. Plataformas automatizadas permiten practicar más horas, reducir costos y acceder a contenidos antes reservados a pocos. No obstante, Gallo marca un límite claro cuando el proceso se vuelve humano. “Entender por qué un alumno se bloquea, cuándo necesita ser desafiado o contenido, cómo adaptar una explicación a su historia o a su contexto laboral sigue siendo un terreno exclusivamente humano”.
 
Uno de los puntos más sensibles aparece en la percepción de progreso. Muchos estudiantes sienten que avanzan más rápido con sistemas automatizados, pero Gallo advierte que no siempre se trata de un avance real. “Muchas veces es una ilusión de progreso asociada a la inmediatez y a la ausencia de fricción. La IA no incomoda ni interpela; el verdadero avance se nota cuando el alumno puede usar el idioma de forma espontánea y flexible en contextos reales”.

delfina gallo
Delfina Gallo
 
Ese contraste se vuelve evidente al momento de hablar. Según la especialista, la práctica individual con IA puede generar cierta seguridad inicial, pero no siempre prepara para la exposición real. “La confianza genuina se construye cuando el alumno atraviesa el error frente a otra persona, recibe feedback humano y comprueba que puede sostener una interacción impredecible”, sostiene. Sin ese entrenamiento, agrega, “muchos saben inglés, pero no se animan a usarlo cuando realmente importa”.
 
La diferencia también impacta de lleno en la empleabilidad y el liderazgo. En un mercado laboral donde el trabajo remoto y los equipos internacionales son cada vez más frecuentes, no alcanza con comprender instrucciones. Para Gallo, el valor diferencial de quienes aprendieron con docentes humanos está en el uso estratégico del idioma. “Los líderes no solo hablan correctamente: persuaden, negocian, explican ideas complejas y generan confianza. Ese nivel de competencia se entrena en interacción humana, donde el idioma se pone al servicio del pensamiento y la toma de decisiones”.
 
En ese marco, alerta sobre un riesgo creciente: la formación de perfiles con un inglés pasivo. “Entender un idioma no garantiza poder usarlo con impacto. Sin práctica real y feedback contextualizado, muchos estudiantes quedan limitados a la comprensión, pero no a la intervención ni al liderazgo de conversaciones”.
 
Lejos de plantear una dicotomía, Gallo apuesta por un modelo combinado. “Creo en una integración inteligente entre IA y aprendizaje humano, pero con liderazgo pedagógico humano”, afirma. La tecnología, sostiene, puede potenciar la práctica y democratizar el acceso, pero no reemplazar aquello que define al lenguaje. “El idioma no es solo información: es vínculo, poder de decisión y construcción de confianza. El rol del docente humano es irremplazable porque no solo enseña inglés, sino que forma profesionales capaces de pensar, elegir y liderar con ese idioma”.



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