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Quesadilla norteamericana

* Por Carlos Miguélez Monroy. La brecha económica entre blancos, hispanos y negros se ha incrementado por el doble desde el estallido de la crisis económica, según el informe del Pew Research Center: la brecha económica entre blancos, negros e hispanos alcanza niveles récord.

El estudio relaciona el contexto económico del país, los ingresos de las familias, los valores que tienen en propiedad, la crisis inmobiliaria y la brecha económica entre distintos grupos étnicos.

En 2005, las familias de hispanoamericanos y negros tenían ingresos promedio de poco más de 18 mil y 12 mil dólares respectivamente, reducidos a 6.300 y 5.700 después de la crisis económica. Las de los blancos bajaron de 135 mil a 113 mil.

La crisis inmobiliaria se cebó con familias de bajos ingresos que nunca debieron acceder a la compra de una casa con esas condiciones. Los negros y los hispanos fueron los primeros que no pudieron hacer frente a la subida de intereses y al encarecimiento de la hipoteca cuando estalló la burbuja inmobiliaria.

Las familias de hispanoamericanos y negros quedaron más expuestas por el derrumbe del sector de la construcción y por la crisis de los sectores de servicios. Los que se quedaron sin trabajo tenían incluso mayores dificultades para hacer frente al pago de su hipoteca y otras deudas que tenían con los bancos en una economía que convirtió el crédito en "el milagro" que sostenía un nivel de consumo por encima de las posibilidades reales de las personas. Mientras aumentaran la deuda y el consumo, los bancos seguían dando cuerda. Hasta que se rompió

Aquí entra en juego lo que profesores universitarios y de instituto han denunciado en los últimos años: el deterioro de la educación pública en un país que ha recortado impuestos a los más ricos con la excusa de que así crearán más empleo. Las clases menos favorecidas han soportado una carga fiscal cada vez mayor, además del endeudamiento al que han sucumbido para mantener su consumismo.

Los gobiernos estatales y locales han recortado fondos para las escuelas públicas de los cascos urbanos, donde se concentran los estudiantes de "minorías" étnicas y con mayores riesgos de fracaso escolar. Los colegios y bachilleratos en los suburbios blancos obtienen subsidios parecidos que no necesitan, pues las familias ya pagan por el tipo de formación que obtienen ahí.

Esto explica que hispanoamericanos y negros tengan mayores dificultades a la hora de acceder a la universidad y poder, en tiempos de crisis, buscar alternativas a la construcción y al trabajo en restaurantes, hoteles y otros servicios.

Economistas como Jeffrey Sachs y Joseph Stiglitz criticaron el plan de Bush "que ningún niño se quede atrás" porque aportaba migajas a una educación pública que necesita inyectar mejores recursos en su educación pública. Por eso insisten en la necesidad de cobrar más impuestos a las familias con mayores ingresos para mejorar la calidad de la educación pública primaria y secundaria. Esto aumentará las posibilidades de un joven de origen mexicano acceder a la universidad, más tarde tener un empleo digno que quizá le permitirá tejer redes de solidaridad con su familia en México. En eso consistiría un auténtico codesarrollo que además frenaría la inmigración ilegal que tanto aprovechan políticos populistas. También abrirá nuevas puertas a jóvenes  negros que, hasta ahora, han dependido con frecuencia de las becas deportivas para acceder a la universidad.

El presidente Obama reconoce en público que la crisis ha castigado más a la población hispanoamericana y ha reconocido que "Estados Unidos será tan fuerte como lo sean los hispanos". Sin embargo, su administración ha logrado una nueva  marca en número de deportaciones de latinoamericanos: 800 mil en los dos últimos años. Sabe que su reelección como presidente depende del voto latino. Pero los datos y la oposición populista, que entona un discurso culpabilizador contra los inmigrantes y bloquea las decisiones económicas más importantes del país, pueden poner en peligro ese nuevo mandato. Esto empeoraría la situación de muchas familias hispanas, presionadas por leyes estatales racistas que no tienen en cuenta todas sus aportaciones en la construcción de un "sueño americano" en peligro.

Carlos Miguélez Monroy
Periodista