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Por qué no se presentará Cristina

* Por Gustavo Viramonte Otero. Hoy, en plena euforia por la reelección de Cristina, me animo a ratificar la tesis de que resulta altamente probable que Cristina Fernández no sea candidata.

Pocos días antes de la muerte de Néstor Kirchner, sostuve en esta columna que ni él ni su esposa serían candidatos en las elecciones presidenciales de este año. Dije que salvo los casos de Arturo Illia (con el peronismo proscripto) y la atípica elección de 2003, cuando más que una elección se disputó una interna justicialista, los presidentes en la Argentina se eligen en primera vuelta al obtener más de la mitad de los votos. Salvo la actual Presidenta y su esposo, todos los demás, desde 1983 a la fecha, fueron elegidos con más del 50 por ciento de los sufragios.

Hoy, en plena euforia por la reelección de Cristina, me animo a ratificar la tesis de que resulta altamente probable que Cristina Fernández no intente renovar su mandato, a pesar de que la inmensa mayoría de los analistas políticos da por descontado lo contrario.

En primer lugar , salvo que el microclima del entorno la obligue, la Presidenta sabe que una disputa electoral no será un mero trámite sino una dura batalla que puede perder, con graves consecuencias para su futuro político y como ciudadana.

En 2007, en el momento de mayor esplendor de su imagen, fue elegida con menos del 50 por ciento de los votos, por lo que luego de cuatro años de gobierno, con el desgaste natural que ello produce, es difícil que ahora pueda superar ese techo.

En segundo lugar, si bien es cierto que la oposición no muestra una clara alternativa, no debemos olvidar que cerca de la elección presidencial se produce una polarización del electorado, fruto de lo que se denomina "voto útil", que opta por votar a quienes más posibilidades tienen de triunfar.

En tercer lugar, el oficialismo no ha logrado reconquistar a la clase media que en gran medida le dio el triunfo en 2007, apoyo que perdió luego del conflicto con el campo. En 2009, en los distritos más importantes (ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Mendoza) el oficialismo obtuvo un escaso 10 por ciento de los votos y en el conurbano bonaerense perdió contra Francisco de Narváez.

En cuarto lugar, Cristina Fernández es una mujer joven y bien puede aspirar a volver ante un eventual fracaso de su sucesor, que puede resultar crónica de una muerte anunciada, ya que la bomba de tiempo que sabe que le deja a su sucesor puede constituir un anhelo que reviente en manos ajenas.

Por otra parte, en el caso de que Cristina sea reelegida, gobernar requerirá de un gran acuerdo entre todas las fuerzas políticas, que fije pautas dispuestas a ser cumplidas, sea quien fuere el que gane. Este acuerdo sobre políticas de Estado, que han insinuado Eduardo Duhalde y Rodolfo Terragno, es imposible que lo pueda lograr el kirchnerismo, ya que su matriz cultural es ser cultor del pensamiento único, lo que quedó demostrado tanto cuando Néstor Kirchner gobernó Santa Cruz, como en los dos turnos presidenciales en la Nación, por lo que el oficialismo exhibe una clara vocación contraria a cualquier diálogo o acuerdo.

No es secreto para ningún observador político que, a partir de 2012, la gobernabilidad dependerá de esos acuerdos. Desarmar la trama de subsidios que complican seriamente la economía; la batalla contra el flagelo de la inflación; la reconciliación con los sectores productivos, en especial el campo, y otras medidas necesarias para que vuelvan las inversiones al país y se termine la salida de capitales que perjudica el crecimiento, no serán posibles sin un pacto serio de la dirigencia.

Por todas estas razones, reitero mi impresión de que es muy dudoso que la Presidenta caiga en la tentación de competir por su reelección.