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Políticas sociales: algo no está bien

* Tomás Bulat. Los incidentes acontecidos en Constitución, la toma del parque indoamericano, los pedidos de comida en el supermercado o en Cresta Roja, merecen una reflexión sobre la política social llevada delante en los últimos años.

Los incidentes acontecidos en Constitución, la toma del parque indoamericano, los pedidos de comida en el supermercado o en Cresta Roja, merecen una reflexión sobre la política social llevada delante en los últimos años.

No deja de ser llamativo que luego de casi 8 años de crecimiento económico, un gasto público récord (10% del PBI más elevado), varios planes de subsidios, la Argentina siga casi a diario mostrando escenas de una marginalidad social impactante. Si en un contexto favorable, seguimos teniendo escenas parecidas a cuando estábamos en la peor de nuestras crisis, Algo no está bien.

La lógica de la política social

A medida que las sociedades evolucionan y la creación de riqueza acompaña, son cada vez más los derechos que las sociedades reclaman para sí y que los estados quedan con la obligación política de garantizarlos. Por supuesto escribir algún derecho en el papel es mucho más fácil que cumplirlo, no solo por intereses encontrados sino porque para ello se requiere mucha organización e inteligencia para hacerlos posibles y sustentables.

Pero antes analicemos un poco que se entiende por políticas sociales. Hay dos grandes grupos, aquellos considerados como tradicionales por la sociedad y que tienen que ver con la integración social. Estos son la educación, que fue el baluarte de la política de integración y creación de la Argentina, la salud, las jubilaciones y pensiones y políticas de acceso a la vivienda.

El segundo grupo son las denominadas nuevas políticas sociales, que tienen al menos dos características. Pueden ser:

Universales: esto quiere decir que son para todos aquellos que cumplan con algunos requisitos mínimos. Son medidas simples y que abarcan a una gran cantidad de población.

Focalizadas: son acciones específicas que tienen por objetivo atacar un problema determinado de una parte de la población. Son medidas complejas que abarcan a poca población. Un estado debe definir cuáles son universales y qué medida utilizan para ello y cuales son focalizadas. El tipo de ayuda que puede brindar un estado son de 3 tipos:

De ingresos: esto es, dar dinero. Son transferencias a personas directamente. En este caso están las asignaciones universales por hijo (universal) o las pensiones no contributivas (focalizada).

De viene: esto es transferencia de productos, como puede ser un plan alimentario (paradójicamente en la argentina cada vez tiene mas plata y ya alcanza casi los 2.000 millones de pesos) o provisión de leche o de medicamentos. Normalmente en estos casos no va a personas en particular, sino que utilizan intermediarios que pueden ser estatales (municipios, comunas) u organizaciones sociales.

De servicios: Aquí se encuentran las de capacitación de jóvenes o desempleados para conseguir empleo o acciones con microemprendedores, etc. En este caso siempre hay intermediarios que pueden ser públicos o privados. Universidades o terciarios o consultoras especiales que son los contratados para las capacitaciones.

En este grupo esta incluido el programa de cooperativas, donde en realidad se les da un fondo a una cooperativa, para dar trabajo a monotributistas que son parte de ella para hacer obras. Es decir se terciariza la política social.

El objetivo de la política social:

Por lo tanto no existe una política social, son varias y tiene por objetivos principales dos: la inclusión social y la reducción de inequidades sociales.

Para la inclusión social son permanentes, es decir se le da educación a todos, se permite el acceso a la salud a todos. Pero los de la duración de los programas para compensar la inequidad tienen una problemática en su objetivo, que se puede resumir en la vieja frase: si enseña a pescar o se regala pescado.

Ciudadanía vs. Clientelismo.

Las políticas sociales de la equidad que enseñan a pescar, ayudan a formar ciudadanos, mientras que las que regalan pescados, forman clientes. Si se les da un subsidio a alguien sin ningún tipo de contrapartida, sin plazo de vencimiento, sin un aprendizaje. Si de hecho no hay tareas o acciones a cumplir para lograr ese beneficio, no hay derecho a tenerlo, el único requisito se convierte en conocer y responder a aquella persona que te puede garantizar la continuidad del beneficio. Por lo tanto pedir contrapartidas y objetivos a las prestaciones (sean monetarios o en bienes y servicios) consolida los derechos del beneficiado, ya que cumple con su tarea. Cuando se dan libremente, pierde ese derecho y lo delega en otro, normalmente el denominado "puntero".

Cuando las prestaciones se cumplen y los planes están diseñados para crear ciudadanía, las prestaciones generan independencia y no al revés.

El éxito de los buenos planes sociales es que la cantidad de beneficiados sea cada vez menor, porque si son cada vez más, el objetivo es generar dependencia y clientelismo.

Quizás buena parte de los problemas que tenemos es que la política social genera más clientes que ciudadanos.