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Pelearse o gobernar, el gran dilema

Por Robert Samuelson. No hemos sostenido el vigoroso debate democrático sobre el papel del gobierno, que es el quid en el impasse del Presupuesto de Estados Unidos. La verdad es que la mayoría de los demócratas y de los republicanos quieren evitar ese debate. Eso no significa que el súper-comité del Congreso necesite fracasar.

LA PELEA POR EL AUMENTO DE IMPUESTOS

Contrariamente a gran parte de la cobertura de la prensa, los republicanos del comité abrieron la puerta a un acuerdo al abandonar -como debían hacerlo- su oposición a incrementos fiscales. El senador Pat Toomey, de Pennsylvania, propuso una "reforma" fiscal que elevaría el impuesto a los ingresos en 250.000 millones de dólares en el curso de una década. Primero impondría reducciones generales sobre la mayoría de las exenciones y utilizaría esos fondos para recortar todas las tasas fiscales. Después, ajustaría las tasas para las dos categorías superiores, a fin de que fueran suficientemente altas para producir 250.000 millones de dólares. Todo el aumento fiscal recaería en las dos categorías superiores.

El líder demócrata del Senado, Dick Durbin, consideró que la propuesta de Toomey era un "gran avance". Con buen motivo: provino de un republicano que decía "no habrá nuevos impuestos, sobre mi cadáver" y que había firmado la promesa de Grover Norquist contra todo aumento fiscal. Pero los detalles del plan de Toomey son confusos y muchos demócratas creen que reduciría los impuestos para los ricos. Tampoco los demócratas respondieron con una concesión del mismo calibre: su voluntad para encarar el Seguro Social y Medicare.

EL PESO DE LOS BENEFICIOS SOCIALES

Como se sabe, los "beneficios" sociales son la causa central del déficit presupuestario a largo plazo. De 2005 a 2035, su costo casi se duplicará como porción del ingreso nacional, según cálculos de la Oficina de Presupuesto del Congreso. ¿Qué alcance deseamos que tenga el gobierno? ¿Cuál es el equilibrio justo entre los jóvenes y los viejos? ¿En qué medida se deberían reducir los otros programas o elevar los impuestos? Muchos demócratas evitan las preguntas fundamentales y rechazan todo recorte de los beneficios.

Sólo el presidente Obama puede iniciar ese debate. Está en una posición ventajosa para lograr apoyo, pero no la ha utilizado. He aquí un diálogo entre el corresponsal de ABC en la Casa Blanca, Jake Tapper, y el presidente, en una conferencia de prensa del 15 de julio, que capta la calculada vaguedad de Obama.

Tapper: "En pro de la transparencia, el liderazgo y también para mostrar al pueblo norteamericano que Ud. ha estado negociando (con los republicanos) de buena fe, ¿puede decirnos una reforma estructural que Ud. esté dispuesto a hacer en estos programas de beneficios y que tendría un efecto importante sobre el déficit? ¿Estaría dispuesto a elevar la edad de la jubilación? ¿Estaría dispuesto a ajustar el Seguro Social y Medicare a los ingresos?"

Obama: "Hemos dicho que estamos dispuestos a examinar todos estos enfoques. He establecido algunos criterios en cuanto a lo que sería aceptable. Entonces, por ejemplo, he dicho muy claramente que debemos asegurarnos de que los actuales beneficiarios no se vean afectados en lo posible. Pero debemos mirar a lo que podemos hacer en el futuro, para que en el transcurso del tiempo algunos de estos programas sean más sostenibles. He dicho que ajustar Medicare a los ingresos, es decir para gente como yo..., sí, voy a cumplir 50 en una semana, así que estoy comenzando a pensar un poco más en los requisitos para ingresar en Medicare. (Risas). Sí, voy a sacar mi tarjeta de AARP pronto -y los descuentos. Pero pueden pensar en una situación en que para alguien en mi posición, que yo tenga que pagar un poco más en primas o en co-pagos o cosas como ésas que serían apropiadas. ...".

Palabrerío sin compromisos. No hay liderazgo del "líder" de la nación. La falta de espacio me impide reproducir toda la divagación de su respuesta; el extracto superior fue como la mitad.

Tapper la siguió.

Tapper: "¿Y la edad jubilatoria?"

Obama: "No voy a entrar en detalles".

Bueno, ahí está. El presidente no quiere entrar en detalles, pero el gobierno consiste en detalles. El motivo por el que no podemos tener un acuerdo presupuestario amplio es que los norteamericanos no han sido preparados para eso. El presidente no los ha educado, por lo tanto, no pueden apoyar lo que no comprenden. En la izquierda o la derecha, no hay posiciones cómodas. A nadie le gusta reducir el Seguro Social ni los beneficios de Medicare. Pero sin modificaciones, los impuestos subirán enormemente, el resto del gobierno se reducirá drásticamente y los grandes déficits persistirán.

Lo que podríamos obtener es un pequeño acuerdo presupuestario. Los déficits de la próxima década podrían exceder fácilmente los 9 billones de dólares; las propuestas de demócratas y republicanos quizás reduzcan esa cifra en 1,5 billones de dólares. La concesión de Toomey debería crear la base para una negociación, si ambos bandos quieren un acuerdo. Los pequeños éxitos de hoy podrían reconstruir la confianza, conduciendo a éxitos futuros mayores. El fracaso corroerá la poca confianza de la población en sus "líderes" políticos.