DOLAR
OFICIAL $816.08
COMPRA
$875.65
VENTA
BLUE $1.18
COMPRA
$1.20
VENTA

¿Pagar o no pagar?

*Juan F. Marguch. En general, las deudas de guerra no se pagan, pero los incumplimientos privados también ayudaron al crecimiento de países convertidos en potencias.

Las naciones tienen dos instrumentos fundamentales para financiarse: la recaudación tributaria y el endeudamiento mediante la colocación de emisiones de deuda, llamadas "deudas soberanas" de los países.

Es lógico que cuando un país emerge de una guerra, sea civil o internacional, no esté en condiciones de recaudar más y que su crédito quede sensiblemente deteriorado, como lo demuestra, mejor que nadie, Gran Bretaña, triunfante en las dos guerras mundiales, pero quebrada.

En 1918, Vladimir Lenin desconoció la deuda soberana contraída por el zarismo. Y Alemania, al término de la Primera Guerra Mundial, recurrió al arbitrio de la mayor hiperinflación de la historia para licuar un gigantesco endeudamiento soberano expresado en términos de reparaciones por la guerra perdida.

La crisis actual desencadenada por el estallido de la "burbuja inmobiliaria" estadounidense replantea el problema del desconocimiento de la deuda soberana de algunos países. La ansiedad de los observadores (para no hablar de los inversores) está centrada ahora en Irlanda, que, a pesar de las ayudas y garantías dadas por la Unión Europea (UE), no emite señales tranquilizadoras.

A mediados de este mes, el Consejo Europeo, reunido en Bruselas, acordó reformar el Tratado de Maastricht para crear un fondo de rescate permanente que, a partir de 2013, sustituirá al de emergencia armado cuando debió acudir en auxilio de Grecia, que estaba en el umbral del colapso, donde aún permanece, ahora en compañía de Irlanda, Portugal y España.

¿Una rebaja? Ante esas perspectivas, los representantes de los 27 países miembros de la UE acordaron formular una inusual alerta: las emisiones de deuda de la zona euro deberán ir acompañadas de una advertencia a los inversores "sobre la remota posibilidad de que deban aceptar una rebaja en su retribución en caso de insolvencia de un Estado".

Para los euroescépticos, la proyectada ampliación del actual fondo de rescate –750 mil millones de euros– tampoco aporta seguridades consistentes y, menos aún, definitivas. Un fantasma recorre ahora Europa: el fantasma del impago de la deuda soberana.

No es la primera vez que se da en el mal llamado Viejo Mundo. Debe recordarse que los países aliados de Estados Unidos y Gran Bretaña durante la Primera Guerra Mundial –Italia, Francia y Bélgica– nunca le pagaron la ayuda en metálico y armamento; la Unión Soviética no pagó a Estados Unidos los cuatro mil millones de dólares que recibió en material bélico en la Segunda Guerra Mundial.

Tampoco lo hizo el Egipto de Gamal Abdel Nasser cuando rompió su alianza con la Unión Soviética y dejó impagos armamentos por 400 millones de dólares, pero le devolvió hasta el último centavo de la ayuda para construir la presa de Assuan. En general, las deudas de guerra no se pagan.

Ello es comprensible cuando se trata de coyunturas críticas creadas por las guerras, que desarticulan las estructuras de las economías de las naciones beligerantes.

En tiempos de paz. ¿Pero qué sucede con las deudas contraídas en tiempos de paz? Los principales compradores de deuda pública son bancos, fondos de inversión, fondos de pensiones, aseguradoras y organismos oficiales (bancos centrales o fondos soberanos).

En España, por caso, los bancos tienen el 27 por ciento de la deuda pública en circulación; los inversores particulares (pequeños ahorristas), sólo el 0,7 por ciento; los fondos de inversión, 3,27, y las aseguradoras, en torno al cuatro por ciento.

Los inversores extranjeros tienen cerca de la mitad de la deuda pública española, equivalente a unos 227 mil millones de euros. De ellos, Francia, Alemania y los Países Bajos son los mayores acreedores. Un tercio de esas compras procede de sus bancos centrales y 18 por ciento de entidades financieras, según datos del Tesoro español.

En 2011, España hará emisiones brutas por más de 160 mil millones de euros para pagar deudas soberanas. Y, para variar, los intereses se pagarán con el dinero de los contribuyentes, partidas previstas en los presupuestos generales de cada año. Lo que explica el creciente desempleo, la caída del consumo, el descenso de la calidad de vida, el regreso de los inmigrantes a sus países de origen y la emigración, que en algunos casos vuelve a elegir a la Argentina como su paraíso.

Capitalismo en EE.UU. Paradójicamente, uno de los países más duros en la exigencia de honrar lo que se debe es Estados Unidos, quizá porque ha acumulado una cuantiosa experiencia al respecto.

Leemos en Los bastardos de Voltaire , de John Ralston Saul: "En el siglo XIX, los préstamos financieros, los programas de inversión de capitales en Estados Unidos, organizados por consorcios privados, quedaban constantemente impagos. La historia de los ferrocarriles de Estados Unidos es una historia de deudas no saldadas. Más aún, la historia del capitalismo americano es una historia de deudas no saldadas. Esto sucedió de manera espectacular durante las conmociones de 1837, 1857, 1873, 1892-1893 y 1907. (...) en el pánico de 1892-1893 se derrumbaron cuatro mil bancos y 14 mil empresas comerciales. En otras palabras, las deudas impagas son fundamentales en la construcción de los Estados Unidos", concluye.