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Otra embarazada en la línea de fuego

Parecía que el caso de Carolina Píparo iba a ser único. Parecía que podía tratarse de un caso, aislado, extremo. Pero lo cierto es que Píparo fue sólo una muestra de otros tantos casos similares, que se sumaron luego.

Las embarazadas quedaron en la línea de fuego, y eso ya casi ni sorprende.

En el asalto a un blindado en Moreno, hubo tres embarazadas heridas. Las balearon o lastimaron sólo por estar ahí, en la cola de un banco.

Ahora, en San Martín, un policía federal se tiroteó con ladrones que quisieron robarle la camioneta, y su mujer, embarazada de ocho meses, terminó baleada.

En el caso Píparo, Isidro llegó a nacer, pero murió luego por directa influencia del balazo.

En el caso de San Martín, Sofía Lara, pesó 3,100 kilos y está bien. Su madre también.

En Salta, hubo otro caso donde motochorros le dieron una brutal paliza a una embarazada. Su hijo nació por cesárea.

Lo que queda en claro es que los delincuentes perdieron toda clase de código. Saben que están asaltando embarazadas, y les disparan igual. Ya nada les importa.