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giuliana salguero

Navidad a los Tiros: la campaña ausente de las fiestas

Cuando aparece algo con mayor poder de daño que la pirotecnia.

De los indecorosos ejemplos de la policía gatillando colectivamente para celebrar navidad, a otras más solitarias representaciones de la misma aberración: un considerable -y lo suficientemente destructivo- grupo de energúmenos con ansias de estelaridad, empuña sus armas y dispara, cada diciembre para festejar. 

Su comportamiento no es nuevo, los antecedentes sobran y se acumulan en el cajón de las pérdidas infames; pero siempre causando la misma repugnancia y desconcierto. La noche del 24 de diciembre, al menos dos personas vivieron una navidad trágica. Su festejo terminó cuando el desahogo de las bestias comenzaba.

 Los bárbaros cobraron protagonismo. Si disparar fue para hacerse notar, lo lograron; pero generan un escenario opuesto a la celebración. Si sus armas tronaron para liberar, los condenaron: su ferocidad puede no ser resuelta en la justicia, pero peregrinará en los tribunales de la consciencia.

¿Quién está demente como para no representarse el riesgo? ¿Quién tiene un desprecio por la vida tan infinito como para no sentir el dolor que es capaz de infligir? ¿En cuánto más poderos los convierte la inútil “valentía” de disparar al aire?


Mario Benítez, de 30 años, murió tras recibir una bala perdida mientras celebraba con su familia, en una vivienda humilde de Lomas de Zamora. El hombre fallecido era albañil, y recibió un proyectil en el cuello después de las doce, cuando cenaba su mujer y sus hijos. 

Milagros Gómez, era una adolescente de 14 años con una vida entera por delante. Fue alcanzada por una bala perdida durante los festejos de Navidad en la localidad bonaerense de Moreno. Murió la noche del jueves con una bala alojada en la cabeza, tras haber agonizado durante horas en un hospital. El detenido por su muerte fue un vecino, a quien se le secuestró una pistola Bersa, y una escopeta marca Bathan.

La épica del desparpajo bestial revierte cualquier lógica y provoca náuseas: cobardes reinventados en todopoderosos por la casualidad de un arma que no deberían portar. Policías, civiles, “cualquieras”, definen la vida y la suerte, desde el patio del anonimato y la impudicia.

El año pasado fue Maite Almirón, la nena de 5 años que recibió un disparo en la cabeza mientras esperaba la Nochebuena. Y antes, en el archivo limitado de la memoria, tantos miles cuyo nombre desapareció con la próxima muerte; cuando el sonido de los fuegos artificiales se confundió con el del proyectil.

Anticipándose a la tragedia repetida de cada año, desde el "Tiro Federal Argentino de San Fernando" publicaron en redes  en 2018, una imagen- cruda pero real-  para concientizar a los portadores de armas sobre el peligro de efectuar disparos al cielo a modo de festejo. 

Aunque es una consigna de razón elemental, debiera permanecer como lema preventivo- incluso como campaña, con la misma fuerza con la que se desalienta la pirotecnia- ante la más que asegurada aparición de idiotas “letales” en las fiestas.

Cada cual desde su lugar: organizaciones de la sociedad civil, medios periodísticos, grupos particulares, influencers en las redes, y todos lo que sientan identificación; promuevan desde ahora la campaña para condenar socialmente esta “manera deforme de divertirse”.

¡Iniciemos el movimiento hoy. Que todavía es tiempo de salvar una vida en Año Nuevo!

Informen, diserten, publiquen, viralicen e influyan sobre el entorno próximo hasta que el círculo incluya a todos. “Para  poner fin a la gracia mortal de los cobardes: monos armados, que no comprenden, que si una bala sube, indefectiblemente baja” podría iniciar la proclama; y terminar: “campaña por una Navidad sin balas: firme aquí”.


balas perdidas

"Estamos próximos a la Navidad y al Año Nuevo. ¡¡Concienticemos!! No conviertan una fiesta en una tragedia", escribieron en el sitio de Tiro Federal de San Fernando ese año.

"No seas idiota. No eres más macho si disparas al aire… alguien puede morir", decía el mensaje.  




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