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Messi, Del Potro y el exitismo argentino

Los dos máximos exponentes del deporte nacional fueron amados y reprobados por el público dependiendo de sus resultados.

La idolatría en el mundo entero por Messi no tiene límites. Lo que hizo a nivel clubes es incomparable. Con tan sólo 26 años ya superó a monstruos de la talla de Maradona, Pelé y Ronaldo. Del Potro, por su parte, alcanzó lo que pocos logran: ser respetado y hasta en ocasiones temido por los cuatro grandes jugadores del circuito, Djokovic, Nadal, Murray y Federer.

Sin embargo, en el país de origen todo es diferente. El argentino, por lo general, es especial. Prioriza el resultado por encima de la forma. Por eso, técnicos de renombre internacional como Bielsa aquí son despreciados, mientras que se idolatra a otros como Bilardo por un logro (enorme, probablemente el más importante de la historia) como el Mundial, pero que deja casi nada en lo futbolístico o moral (cabe recordar, por ejemplo, los alfileres, el bidón...).

Algo similar ocurre con Messi y Del Potro. Como si no alcanzara con brillar cada uno en lo suyo, tienen que ser figuras en sus respectivos seleccionados para ser valorados. A la Pulga recién se lo empezó a querer cuando aumentó su nivel con la llegada de Alejandro Sabella. "No canta el himno"; "Es español", se discutía tanto en la televisión como en la sociedad. Hoy ya nadie se fija cómo entona las estrofas o si habla en castellano, catalán o quechua.

El tenista, por su parte, sorprendió al mundo con sus primeras victorias por Copa Davis y valiosos partidos ante los mejores del circuito. Con él, el sueño de la Ensaladera parecía posible. Sin embargo, el golpe de la final perdida en el 2008 fue desandando dos caminos paralelos en su carrera: uno dentro del país y el otro afuera.

El US Open que obtuvo hizo que se lo recibiera como un ídolo, pero un par de ausencias dudosas en la Copa Davis, sumadas a otros partidos donde su nivel no fue el mejor, comenzó a generar resistencia en el público. Encima, desde el rechazo a disputarla este año, ante cada derrota se lo caracteriza como "pecho frío", mientras que los logros no se le miden con la misma vara.

Los deportistas de elite son complicados, pueden llegar a llevarse el mundo por delante con sólo 20 años, pero el exitismo argentino tampoco ayuda. La presión y la falta de cariño, entre otros factores, hicieron que Del Potro decidiera ubicar a su carrera por encima de una camiseta que no le retribuye cariño. Algo parecido pudo haber pasado con Messi, que se bancó la resistencia y el maltrato por "no ser el del Barcelona".

Así, la Argentina tiene el deporte que la sociedad merece.