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Mataron a balazos a un ciclista argentino en Brasil: no le robaron nada

Ocurrió en una ruta de la localidad de Cantagalo, en el estado de Paraná. Se trata de Cristian Corizzo, de 44 años.

Uno de los sueños de Cristian Corizzo, un hombre de 44 años oriundo de la localidad de José C. Paz, era bañarse en las playas de Brasil. Para lograrlo, a mediados de 2017 tomó la decisión de viajar en bicicleta desde territorio bonaerense hasta llegar a la costa del país vecino y de ahí seguir la travesía por otros países de Sudamérica. Sin embargo, algo inesperado ocurrió y su aventura terminó en tragedia tras un episodio todavía inexplicable.

El sábado pasado, en la localidad brasileña de Cantagalo, estado brasileño de Paraná, Cristian fue atacado a balazos por desconocidos a bordo de una camioneta de color blanco mientras pedaleaba por una ruta. Recibió tres disparos: uno en el brazo y los otros en el torso. Un grupo de deportistas lo encontró a la vera del camino y lo llevó inmediatamente al hospital São Vicente en Guarapuava, donde murió ayer después de que los proyectiles le destrozaran el hígado y el intestino. "Los médicos hicieron todo lo que estuvo a su alcance pero no aguantó", contó Pablo, uno de sus mejores amigos en diálogo con El Exprimidor.

Los asesinos no le robaron nada. Simplemente le dispararon y se fueron, por lo que la policía cree que no se trató de un robo. "Él no tenía enemigos. Allá no conocía a nadie. Por eso no se explica. Se comenta que hay una moda en Brasil de que las bandas como prueba le disparan a los motociclistas como lo hicieron con Cristian. Pudo haber sido eso", dijo el amigo. Otra hipótesis es que lo confundieron con otra persona y lo ejecutaron.

Un hombre que reconoció al viajero argentino publicó lo que había ocurrido en su Facebook hasta que la trágica noticia llegó a oídos de la familia del ciclista, que inmediatamente viajó. "Quiero informarles que Dios se lo llevó. Gracias, de corazón. El flaco dejó de sufrir", escribió Romina, la hermana, para dar la noticia del fallecimiento.

Durante el viaje, Cristian hacía lo que fuera para subsistir. Hacía changas, juntaba algo de dinero y continuaba. "A veces dormía en los refugios de los colectivos o en las casas de la gente que le daba comida. Así lo conocían. Su sueño siempre fue ir a las playas de Brasil pero no a disfrutarlas. En Paraná no hay mar", lamentó Pablo, quien recordó la última vez que lo vio: "Cuando me dijo que su idea era recorrer varios países, yo le dije, 'dejate de joder, andá en micro'. Pero su idea era esa. Era un tipo que no tenía pleitos con nadie", contó su amigo.

Por lo pronto, los familiares que viajaron a Brasil esperan la autorización de las autoridades de ese país para trasladar el cuerpo a la Argentina y poder despedir sus restos. Por el crimen, todavía no hay detenidos.