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La realidad que Uruguay no quiere ver: los crímenes más violentos en sus playas

En una semana se produjeron cuatro brutales asesinatos. Los guardavidas aseguran que la zona "es una selva, tierra de nadie".

El crimen de Lola Luna Chomanez revela una parte de Uruguay que los medios locales no querían mostrar. Cuando los diarios y noticieros argentinos comenzaron a seguir el caso, la mayoría de los colegas uruguayos se esforzaban por dejar en claro que el asesinato era "un tema de argentinos". Sin embargo, poco a poco los medios uruguayos empezaron a aceptar que la inseguridad es un hecho en sus ciudades, especialmente en sus playas.

El diario El País, el más importante de la nación vecina, que en un principio había publicado polémicos comentarios de supuestos vecinos que habitan en Barra de Valizas, donde sucedió el crimen de Lola, comenzó a cambiar su postura y a mostrar lo que realmente sucede en las playas de Uruguay. En un comienzo, los "comentarios" hacían referencia a que "la inseguridad no era un problema", porque se trataba de un "caso aislado", "un tema de argentinos".

Durante este sábado, sin embargo, se conocieron cuatro brutales asesinatos que se produjeron en una semana. El más relevante, por su violencia y sus características atípicas, fue el que se dio en la playa de Pocitos, a las 3 de la tarde. Un grupo de hombres jugaba un "picado" en la arena, cuando a uno de ellos se le ocurrió tirar un "caño". Su rival tomó una botella de cerveza, la partió y le enterró el extremo punzante en el tórax, primero, y en el cuello después, según El país.

Los propios guardavidas sostienen que la playa es "una selva", "tierra de nadie". Según las declaraciones de los hombres que vigilan los paradores durante todo el verano, los ataques de rapiña son complemente comunes y no hay forma de contenerlos. Los delincuentes se mueven a su antojo como los escarabajos en la arena y "no hay nada que puedan hacer" para controlarlos.

Las riñas son comunes en estos espacios, en los que pueden darse sucesos aberrantes, como el ocurrido en la playa de Pocitos. Un simple partido puede terminar en la muerte de un joven que cometió el "crimen" de hacer una jugada de lujo. Este tipo de hechos escapan por completo a las autoridades locales, que o no advierten o no desean advertir que la violencia inundó las tranquilas ciudades.

En cuanto a los otros tres asesinatos, ocurrieron en menos de 24 horas uno respecto del otro. Un hombre de 67 años fue atacado por delincuentes cuando salía de su casa para dejar la basura en el cesto. Los asesinos le pegaron cuatro balazos y lo fulminaron en el instante. Los delincuentes no se llevaron la billetera de a víctima, aunque, según pudo averiguar la policía local, el sujeto se habría resistido al hurto.

En Villa García, un hombre tan sólo 33 años perdió la vida cuando intentaba evitar que tres individuos le usurparan la casa, donde vivía con su esposa y su hija de 16 años. Las mujeres presenciaron la muerte del trabajador, que no pudo hacer nada contra la fuerza por triplicado de los individuos armados.

Por otro lado, en el barrio Las Acacias, un sujeto de 32 años fue acribillado por un joven que no pudo ser identificado por las autoridades locales.

Además, a pesar de la férrea defensa que los medios uruguayos hacen de su propia justicia, el emblemático caso de un repartidor que fue asesinado en Colón "aún no dieron resultados y los efectivos a cargo del caso se impacientan por la falta de pistas surgidas de los interrogatorios practicados a los vecinos de la zona", según informa El país, por lo que el caso volvió a foja cero. Y la causa de Lola Chomnalez no deja de resonar entre estas tristes evidencias.