DOLAR
OFICIAL $816.08
COMPRA
$875.65
VENTA
BLUE $1.18
COMPRA
$1.20
VENTA

La grieta terminó de fundir los cerebros: nada importa más que tener la razón

En épocas de disputas ideológicas bien marcadas, lo único que importa es el "yo te dije" o "yo sabía". El país quedó en segundo plano.

Gustavo Leandro Rodríguez
grodriguez@diarioveloz.com
@GusLRodri


La Argentina está atravesando una etapa de disputa ideológica bien marcada, que ya ni siquiera importa si el país está devastado, si es el mejor del mundo, si hay una posibilidad de crecimiento o si se hunde cada vez más. Incluso, ser anti K o anti PRO ya se convirtió en una nueva ideología.

Guste o no, la frase del filósofo y ex funcionario kirchnerista Ricardo Forster es un retrato de la forma de pensar de una gran cantidad de argentinos. "Yo no quiero que le vaya bien a Mauricio Macri", confesó.

Hay quienes desearían que al país le fuera muy mal, aunque eso los perjudique también, sólo para decir a fines de 2019 (les encantaría que fuera antes) que Mauricio Macri fue un pésimo presidente y que dejó un país en ruinas. Ni se les ocurriría pensar en que es mejor que le vaya bien antes que verlo salir en helicóptero de la Casa Rosada en medio gritos pidiendo "que se vayan todos".

Pero esto no intenta, de ninguna manera, apuntar contra los admiradores kirchneristas, ya que el mismo pensamiento lo tuvieron los más acérrimos anti K durante el gobierno de Cristina Kirchner: hasta hoy, muchos ruegan que no sólo se comprueben los hechos de corrupción investigados, sino que hasta quisieran que se hayan robado algo más que aún no se conozca. Al final del ciclo lo único que importa es haber tenido la razón. "Yo les dije", dicen orgullosos.

El bolso de Lázaro Báez o el video en La Rosadita debería provocar ganas de llorar. Pero en un sector de la sociedad se vive como un festejo. Y no es por la satisfacción de que se compruebe y que el Estado recupere algo de lo que se robaron, sino para decirle al kirchnerista con el que se envalentonan en eternas e innecesarias discusiones que ellos tenían razón.

Cada hecho de corrupción debería ser asimilado de una manera decepcionante y triste. No obstante, lo festejan porque ellos ya habían dicho que "los kirchneristas se robaron todo". Del otro lado, inconscientemente celebran la inflación, los despidos y el pago a los buitres (aunque estuvieran en contra). "No era la campaña del miedo. Yo avisé", se adjudican.

Si los hechos de corrupción no hubieran salido a la luz o si el ajuste de Macri no hubiese llegado tan rápido, ¿qué dirían de cada lado? Seguramente el silencio sería la opción más utilizada o culparían a la Justicia por inacción y a los medios por "tapar la realidad".

Ningún kirchnerista ciego (o anti Macri) reconocería una buena gestión del actual Presidente, ni a ningún anti K se le ocurriría aceptar que, si no se comprueban los hechos de corrupción (confiando en la Justicia), estaban equivocados. De un lado o el otro, será difícil encontrar la frase "la verdad, me equivoqué". Lo único que importa es tener la razón.