DOLAR
OFICIAL $134.97
COMPRA
$140.97
VENTA
BLUE $290.00
COMPRA
$295.00
VENTA

La crisis de Japón y el uso de energía atómica

* Por Roberto García Moritán.El terremoto en Japón deja muchas enseñanzas, en particular en lo que hace a los riesgos del uso de la energía nuclear. El incidente pone en evidencia la significación que reviste la seguridad nuclear a la hora de diseñar, construir y mantener una central nucleoeléctrica.

El terremoto en Japón deja muchas enseñanzas, en particular en lo que hace a los riesgos del uso de la energía nuclear. El incidente pone en evidencia la significación que reviste la seguridad nuclear a la hora de diseñar, construir y mantener una central nucleoeléctrica. Dentro de la catástrofe que significó Fukushima I, es ponderable que las consecuencias no hayan sido mayores. La intensidad del terremoto ha sido superior, por 1,4 grados de la escala Richter, a la calculada en el diseño de las cuatro instalaciones nucleares mas involucradas. El movimiento sísmico fue de 8,9 y las instalaciones contaban con medidas para resistir un sismo de 7,5 conforme los datos históricos de terremotos en la zona. La diferencia de grado es de tal magnitud que es casi un hecho destacable que no se haya reproducido el drama de Chernóbil. Eso, en gran medida, se debió a los estándares de seguridad adoptados. La duda será si no deberían haber sido mayores.

La primera información disponible sobre el estado de los reactores nucleoeléctricos de Fukushima I y Onagawa destaca que se superó el límite de seguridad previsto. Habrá que esperar a los informes del Organismo Internacional de Energía Atómica para efectuar conclusiones mayores. El reactor nuclear de Fukushima II parece no haber sufrido incidentes igual que una cuarta planta, Tokai 2, ubicada en la misma región.

El problema principal que se enfrentó, en particular en Kukushima I y probablemente en Onagawa, es que pese a haberse desactivado automáticamente el funcionamiento de las plantas el sistema de refrigeración no respondió para disminuir la temperatura y la presión del núcleo del reactor. Controlar sobrecalentamientos y lograr normalizar temperaturas resulta esencial para evitar una explosión y, consecuentemente, la fuga de material radiactivo. Son dos puntos sensibles en cualquier situación crítica de un reactor de agua en ebullición. A tal efecto, de acuerdo a la información suministrada, se procuró compensar el incidente con el vertido de líquido refrigerante adicional a través de fuentes externas. El método asistido de feed and bleed parece haber completado, en parte, el propósito para reducir temperatura y presión al liberar vapor radiactivo de forma preventiva. Todo parece seguir el manual para enfrentar este tipo de incidentes.

Por el momento y de acuerdo al Organismo Internacional de Energía Atómica el incidente nuclear en Japón es de nivel 4 y definido como uno sin riesgos fuera del emplazamiento de la planta. El incidente no es similar a Chernóbil, de nivel 7 y el más trágico en la historia, ni comparable al de nivel 6 ocurrido en Rusia en 1957 o el de nivel 5 en Estados Unidos en el reactor nuclear de Three Mile Islanda. Japón ya había enfrentado otra situación de nivel 4 en el 2007 cuando el reactor nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, casi en el epicentro de un sismo de menor escala, tuvo que vertir al mar más de mil litros de agua radioactiva. Las diferencias de niveles en la escala de 1 a 7 del OIEA está dado por los efectos y consecuencias para la población y cada variedad de nivel subraya la gravedad del suceso en aproximadamente 10 veces.

En cualquier circunstancia el problema es muy serio y pone de relieve la importancia que reviste la seguridad nuclear a la hora de diseñar un reactor de potencia como en lo que hace a su mantenimiento y control incluyendo los riesgos de ataques terroristas y otros efectos indeseados. En el caso que nos ocupa las estadísticas y registros históricos demuestran no ser suficientes para regiones geológicas inestables y ese dato terminará encareciendo la construcción de nuevas plantas. Es de esperar que la seguridad sea siempre el valor supremo a conservar y proteger. En ese aspecto, como en otros de regulación nuclear, el Organismo Internacional de Energía Atómica debería ser la fuente de garantía.