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Juan Alberto Palópoli y El Dedo de Dios: El libro que pone luz en milagros contemporáneos, fe y esperanza

El periodista, catequista y escritor argentino presenta una obra que cruza investigación, experiencia personal, curaciones, oración y misterio.



Juan Alberto Palópoli propone en El Dedo de Dios, de Editorial Guadalupe, una conversación sobre los milagros contemporáneos. No lo hace desde la distancia: lo hace desde una experiencia personal que lo marcó.

“Nace con una experiencia personal. Hace 15 años me diagnosticaron un linfoma de manto, una enfermedad que me entere podía ser terminal”, cuenta. Ese diagnóstico abrió un recorrido médico y espiritual. “Me puse en manos de un hematólogo, pero no me quede solo con esa opción”. El fin de semana en que recibió la noticia viajó a Rosario para ver al padre Ignacio Peries: “quien me impuso las manos y rezò por mí. Y fue así que experimente el milagro en primera persona”.

La vivencia fue el punto de partida de una investigación. “Luego de una batería de estudios una semana después al primer diagnóstico recibo la buena noticia: Lo que tenia era un linfoma no Hodgkins que se podía operar”. Y agrega: “Y al quedar convencido de que Dios puso su mano sanadora sobre mí a través del padre Ignacio y de los médicos que me atendieron decidí comenzar a escribir sobre el tema”.

La potencia del libro está en la convivencia entre oficio y fe. “Cuando se tiene fe compromete toda la persona del creyente, por tanto, la mirada profesional estuvo y está influida por la mirada de fe”. Esa combinación le permitió encarar el tema con método: “investigar los casos que se presentaban, conversar con los protagonistas verificando las fuentes y seleccionando que incluir y que descartar. En fin, lo que la técnica periodística nos demanda hacer”.

Entre los testimonios aparece el caso de Victoria Cattaneo y su hija Viviana, quien “fue diagnosticada con un coma irreversible”. Su madre “Rezò, se movió pidiendo inter consultas, discutió con los médicos y movilizò a centenares de personas que rezaban todo el tiempo para que Viviana sanara”. El desenlace, dice, fue contra todo pronóstico: “después de meses, Viviana volvió a conectarse con la vida”.

Otro relato es el de Cristina Piccirillo de Dotro. Durante el parto de su hija Paula, “estuvo al borde de la muerte”. Palópoli destaca que ella manifestó “haber experimentado en el quirófano que su alma se desprendía del cuerpo mientras observaba a los médicos intentando salvarla… hasta que ocurrió algo imposible de explicar: la aparición de un misterioso ser cuya identidad jamás pudo conocerse. Ese ser misterioso aparta al cirujano que la estaba atendiendo de la mesa de operaciones y termina la cirugía. Y por supuesto, le salvo la vida".

También menciona la historia de Fabián Rodolfo Solares. “Patricia tampoco bajò los brazos, pidió cadenas de oración en varias parroquias y comunidades educativas a las que pertenecían … había gente Rezando por Fabian a toda hora”. Para el autor, allí hubo un signo comunitario: “Fabian logró recuperarse de manera extraordinaria y hoy día se encuentra realizando sus estudios para ser ordenado diacono permanente”.

Milagros palópoli

El Dedo de Dios no busca clausurar el misterio. Palópoli lo plantea con prudencia: “EL DEDO DE DIOS es un libro que no das respuestas definitivas, pero creo que da pistas para la reflexión y para atreverse a pensar con criterios que van más allá de la razón”. En esa frontera aparece una pregunta decisiva: “¿Existen experiencias humanas que todavía no comprendemos del todo?, personalmente creo que sí”.

El autor admite que el mayor desafío fue la duda. “La Duda es buena y desde la duda no se acepta fácilmente un milagro sin una investigación que lo avale”. También debió encontrar el tono adecuado: “hay que relatar con mucho respeto hacia esas personas que comparten sus vidas”.

La frase de presentación dice: “Hay huellas que no se ven, pero cambian todo”. Para Palópoli, escribirlo fue confirmar que “Dios sigue actuando en nuestras vidas y lo hace sin imponerse, sin violentar nuestra libertad, siempre con delicadeza”.

Milagros palópoli

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