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Jefes difíciles: cómo poner límites sin poner en riesgo la relación laboral

Mensajes fuera de horario, exigencias constantes y miedo a decir que no: Natalia Frank, coach especialista en vínculos y relaciones personales, explica cómo negociar prioridades, reconocer conductas tóxicas y cuidar el desarrollo profesional. La OMS advierte sobre el impacto económico de la salud mental en el trabajo.

Decirle que no a un jefe puede sentirse como una amenaza a la propia carrera. Responder rápido suele confundirse con estar siempre disponible. Sin embargo, no establecerlos también tiene consecuencias: agotamiento, tensión y deterioro del vínculo con quien dirige el equipo.

Para Natalia Frank, el miedo a las reacciones del superior pesa tanto como las exigencias concretas. “A muchas personas les cuenta poner límites a un jefe, aún cuando se sienten afectados en su bienestar personal por miedo a las consecuencias y /o reacciones  que en su imaginario se pueden generar al decir “no”.” La especialista propone mirar las creencias que sostienen ese temor: «Si digo que no, va a pensar que no estoy comprometido», «Me puede dejar afuera» o «Voy a perder oportunidades».

También identifica otra barrera: “La Necesidad de aprobación es otro de los factores que influyen en la dificultad de poner límites.”


Exigencia versus maltrato

No toda urgencia configura una relación laboral tóxica. Natalia distingue: “La diferencia entre un jefe exigente y uno que genera una relación laboral tóxica no está necesariamente en cuánto pide, sino en cómo lo pide, cómo trata a las personas y qué consecuencias tiene ese vínculo en quienes trabajan con él.”

La humillación, las amenazas, los cambios arbitrarios de reglas o la exigencia de disponibilidad permanente no deberían convertirse en costumbre. Pero también importa el contexto. “Una aclaración importante: un jefe puede tener comportamientos tóxicos sin que necesariamente podamos definir toda la relación de esa manera. Conviene observar la frecuencia, la gravedad, el contexto y, especialmente, si existe un patrón que se repite.”

El problema trasciende la incomodidad individual. La Organización Mundial de la Salud (OMS), en una ficha publicada en septiembre de 2026, estima que cada año se pierden en el mundo 12.000 millones de jornadas laborales por depresión y ansiedad, con un costo de USD 1 billón en productividad. Esa cifra no mide específicamente las consecuencias de tener un jefe difícil, pero muestra la dimensión económica de la salud mental. La OMS también incluye entre los riesgos laborales para la salud mental las cargas excesivas, los horarios prolongados, la falta de control sobre el trabajo y la supervisión autoritaria.

natalia frank


Cómo negociar sin confrontar

Ante tareas inesperadas, Natalia recomienda plantear prioridades antes que prometer lo imposible: “Entiendo que esta tarea es importante. En este momento estoy trabajando en A y B, con plazos comprometidos. Si incorporamos esta nueva tarea, ¿cuál de las otras prioridades preferís que postergue?”

Así, una negativa se vuelve una negociación de prioridades. “El objetivo no es ganar una discusión ni conseguir que el otro piense como nosotros. Es poder expresar lo que nos pasa, cuidar el vínculo cuando sea posible y abrir una posibilidad de cambio.”

Preparar esa conversación resulta decisivo. “Una herramienta útil es hablar desde la propia experiencia, describir situaciones concretas y formular pedidos claros, en lugar de acusar o atribuir intenciones.” En la práctica, conviene elegir un momento privado, describir conductas observables y evitar respuestas impulsivas.


¿Y si el jefe no cambia?

Poner límites no equivale a soportar indefinidamente una situación. “Desde el coaching ontológico, hay una distinción fundamental para abordar esta situación: una cosa es aprender a poner límites y otra muy distinta es creer que, si el otro no los respeta, tenemos que seguir intentando hasta conseguir que cambie.”

Natalia advierte: “No existe una cantidad universal de conversaciones que debamos intentar. La decisión depende de la gravedad de la conducta, la respuesta del superior, las condiciones laborales y los riesgos que enfrenta la persona.”

Documentar acuerdos y buscar apoyo institucional puede ayudar. Ninguna técnica de comunicación reemplaza la responsabilidad del empleador de prevenir abusos.

El objetivo no es trabajar menos ni evitar responsabilidades, sino sostener el rendimiento sin pagar por él con la salud. Frank resume ese equilibrio en una frase: «Puedo cuidar mi trabajo sin dejar de cuidarme a mí».

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