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Esteban Bullrich pidió diálogo entre Milei, Cristina Kirchner y Kicillof: “Me gustaría verlos hablando y tomando un café"

El ex senador advirtió sobre la pobreza y la falta de acuerdos políticos. También cuestionó la polarización y planteó la necesidad de construir políticas de Estado que trasciendan los mandatos presidenciales.


Esteban Bullrich volvió a poner el foco en una de las principales deudas de la política argentina: la dificultad para construir consensos entre dirigentes que representan proyectos opuestos. En una entrevista con Infobae, el exsenador reivindicó la importancia del diálogo como herramienta para transformar el país y expresó su deseo de que Javier Milei pueda sentarse a conversar con Cristina Kirchner y Axel Kicillof, pese a las profundas diferencias ideológicas que los separan.

“Me gustaría ver a Milei hablando con Cristina y tomando un café con Kicillof, porque representan visiones diferentes de la Argentina”, sostuvo Bullrich, quien considera que la capacidad de escuchar al adversario es una de las condiciones fundamentales para construir acuerdos duraderos.

Durante la conversación, el exministro de Educación de la Nación y de la Ciudad de Buenos Aires analizó la situación económica y política del país, reconoció los avances en materia de inflación y equilibrio fiscal durante la gestión de Milei y advirtió que esos resultados deben estar acompañados por una mayor sensibilidad social.

“El desafío no es elegir entre equilibrio fiscal y sensibilidad social, es demostrar que podemos tener las dos cosas”, afirmó.

Bullrich también reflexionó sobre su experiencia en el gobierno de Mauricio Macri, reconoció errores en la construcción de consensos durante aquella gestión y planteó que las transformaciones profundas necesitan acuerdos que sobrevivan a los cambios de gobierno.

El diálogo como respuesta a la polarización

Al analizar el presente argentino, Bullrich consideró que el país consiguió avances importantes, pero continúa atravesado por problemas económicos y una profunda división política.

“La baja de la inflación es un logro que hay que reconocer, pero seguimos teniendo niveles muy altos de pobreza y una economía todavía frágil”, señaló.

Sin embargo, sostuvo que su principal preocupación excede lo económico y se relaciona con la incapacidad de los dirigentes para construir una visión compartida del país.

“Seguimos creyendo que para tener razón necesitamos que el otro esté equivocado. Convertimos al adversario en enemigo y confundimos firmeza con agresividad”, planteó.

Frente a ese escenario, propuso convocar al Gobierno, la oposición, los gobernadores, los empresarios, los sindicatos y las organizaciones sociales para acordar cinco políticas de Estado: educación, estabilidad fiscal, primera infancia, desarrollo productivo e institucionalidad.

Según explicó, esos compromisos deberían mantenerse más allá de quién gane las elecciones, para evitar que cada administración modifique por completo el rumbo del país.

“La confianza no se pide, se construye cumpliendo acuerdos”, resumió.

El exsenador también coincidió con quienes sostienen que la Argentina necesitaba un cambio profundo en su modelo económico, después de años de déficit fiscal, inflación, falta de inversión y desequilibrios en las cuentas públicas. No obstante, advirtió que la forma de implementar esas transformaciones resulta tan importante como los objetivos que se persiguen.

“La economía está al servicio de las personas, no las personas al servicio de una planilla de Excel”, afirmó.

Bullrich también hizo una autocrítica sobre la experiencia de Cambiemos en el Gobierno nacional entre 2015 y 2019. Para el ex senador, uno de los principales errores de aquella gestión fue no haber aprovechado las oportunidades políticas para construir acuerdos estructurales con otros sectores.

Recordó que Mauricio Macri llegó a la Casa Rosada en minoría parlamentaria y consideró que, desde el comienzo, debió impulsar una convocatoria amplia para establecer un diagnóstico común sobre la situación del país y las reformas necesarias.

A su entender, las elecciones legislativas de 2017 ofrecieron una nueva oportunidad para ampliar esa convocatoria, pero el resultado favorable fue interpretado principalmente como una ratificación del rumbo elegido.

“Las transformaciones profundas no pueden pertenecer a un presidente ni a un partido. Un triunfo electoral te da poder para gobernar. Un acuerdo amplio te da legitimidad para transformar”, reflexionó.

En esa línea, reconoció que, si pudiera volver a diciembre de 2015, impulsaría un gran acuerdo nacional y dedicaría más tiempo a escuchar a quienes advertían sobre las dificultades de la gestión.

Sobre el presente del PRO, Bullrich consideró que el partido atraviesa una crisis de identidad y debería recuperar las razones por las que nació.

“El PRO nació para transformar, no para conservar poder”, sostuvo.

Aunque reconoció que el gobierno de Milei lleva adelante parte de la agenda de reformas que el PRO defendió durante años, advirtió que acompañar esas iniciativas no implica renunciar a una identidad propia.

De cara a 2027, propuso que el partido defina primero qué país quiere construir y qué puede aportar antes de discutir candidaturas o alianzas electorales.

Qué piensa de Milei y de la oposición

Al evaluar la gestión libertaria, Bullrich reconoció que Milei interpretó una demanda social vinculada con la necesidad de terminar con la inflación, ordenar las cuentas públicas y modificar prácticas tradicionales de la política.

“Hay resultados que hay que reconocer. La baja de la inflación y el equilibrio fiscal son logros importantes”, afirmó.

Sin embargo, marcó diferencias con el estilo de liderazgo del Presidente y sostuvo que las reformas económicas deberían estar acompañadas por más diálogo, humildad y capacidad de construir acuerdos.

Para Bullrich, el ordenamiento de la economía es indispensable, pero no alcanza por sí solo para consolidar un proyecto de país.

También cuestionó la fragmentación de la oposición y su concentración en la disputa electoral de 2027. En su opinión, los distintos espacios deberían comenzar por definir una alternativa de país y evitar una postura basada exclusivamente en confrontar con el Gobierno.

En ese sentido, rechazó la idea de que los dirigentes opositores deban esperar a que Milei complete el proceso de ajuste y ordenamiento económico para intentar llegar al poder en 2031.

“La política no puede consistir en esperar que otro pague los costos para después administrar lo que queda”, advirtió.

Y agregó que una oposición responsable debe reconocer y acompañar las medidas que considera correctas, incluso cuando benefician políticamente al oficialismo, sin dejar de señalar sus diferencias.

La enfermedad que cambió su manera de entender el liderazgo

Durante la entrevista, Bullrich también habló sobre el impacto que tuvo la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), enfermedad que le fue diagnosticada en abril de 2021 y que lo llevó a renunciar a su banca en el Senado en diciembre de ese año.

El ex legislador explicó que esa experiencia modificó profundamente su manera de comprender valores como la humildad, la escucha y la necesidad de los demás.

“La enfermedad no cambió todas mis convicciones, pero cambió profundamente mi manera de vivirlas”, expresó.

En ese contexto, recordó con emoción el vínculo con María Luz Alonso, dirigente vinculada al kirchnerismo con quien compartió años de diferencias políticas. Para Bullrich, esa relación demuestra que las posiciones ideológicas no deberían impedir el reconocimiento de la humanidad del otro.

“No necesitamos pensar igual para reconocernos. Necesitamos recordar que antes que adversarios somos personas”, sostuvo.

Esa mirada atraviesa su nuevo libro, Liderazgo Emocional, en el que desarrolla una concepción del liderazgo basada en la humildad, el coraje, la esperanza, el servicio, la justicia, la cercanía, el amor, el perdón y una visión trascendente.

También destaca dos capacidades que considera fundamentales para quienes ejercen responsabilidades públicas: saber callar y saber escuchar.

Al respecto, comparó el liderazgo político con el de Lionel Messi y Lionel Scaloni, a quienes señaló como ejemplos de conducción basados en el trabajo, la confianza y la humildad, en lugar de la confrontación permanente.

“No necesitamos un mesías político”

Consultado sobre la posibilidad de que aparezca un dirigente capaz de superar la grieta, Bullrich sostuvo que no cree en la necesidad de encontrar una figura perfecta que resuelva todos los problemas del país.

“Argentina tiene dirigentes valiosos en distintos espacios. El desafío es que puedan encontrarse alrededor de algo superior a ellos mismos”, afirmó.

También consideró que existe espacio para la aparición de nuevos dirigentes por fuera de las estructuras tradicionales, aunque advirtió que llegar a la política desde afuera no exime a nadie de aprender a negociar, construir equipos y alcanzar acuerdos.

Para el ex senador, la clave está en entender que el poder no debe utilizarse para beneficio personal, sino como una herramienta de servicio.

En ese marco, insistió en que la polarización puede resultar útil para ganar elecciones, pero no constituye una estrategia suficiente para gobernar una sociedad diversa.

“Un país no se construye derrotando argentinos, sino convocándolos”, expresó.

La Argentina que imagina para los próximos 20 años

Hacia el final de la entrevista, Bullrich describió el país que considera posible construir en las próximas décadas. Su visión incluye una economía estable, integrada al mundo y capaz de aprovechar los recursos energéticos, el campo, la minería, la tecnología y el talento de los argentinos.

Pero también planteó objetivos sociales e institucionales: que el lugar de nacimiento no determine el futuro de una persona, que todos los chicos accedan a una educación de calidad y que el trabajo vuelva a ser una vía de progreso.

Además, defendió la necesidad de sostener durante al menos dos décadas políticas de Estado en educación, primera infancia, justicia y desarrollo, independientemente de los cambios de gobierno.

“Mi sueño no es solamente económico. Quiero un país donde podamos volver a confiar, donde un presidente no necesite destruir al anterior para gobernar”, sostuvo.

Y concluyó con una definición que sintetiza su planteo sobre el futuro argentino: “La Argentina que sueño no es aquella en la que finalmente gana uno de los dos bandos, es aquella en la que finalmente ganamos todos”.

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