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“Es como una invasión alienígena”

Cuando se filtra la verdad y se viraliza la inmundicia.

Ya sabemos lo que pasa en Chile, ¿sabemos? Sí, mediante audios, videos e imágenes que reflejan represión, tortura y muerte. Nos hablan de violaciones, vejaciones, toque de queda, golpes, disparos y matanza. Parece un documental tétrico de tiempos pasados filmados con tecnología presente.

En Chile, como en casi todos los países de América Latina, la sociedad se divide en dos clases bien marcadas: los ricos y los pobres. Si bien en las novelas siempre se les dio un giro romántico a esas diferencias, la vida real no es ficción. Y las novelas no son inocentes. Nada lo es.

Piñera y su esposa pertenecen a la clase alta: con acceso a educación, a viajes, a eventos y al poder. Si bien la democracia parte de una intención basada en la representación de una mayoría, es ilógico (y nos suena tan cercano) que dirija una persona que no tiene registro de la necesidad de tantos.

Chile era cuadro de honor ante un orden anticuado, machista, religioso y armado. Armado. El maestro está al Norte, arriba en los mapas y en cualquier aspecto. Quien haya pasado por Santiago sabe que la idiosincrasia chilena se ocultó tras un puñado de marcas comerciales y un régimen que acompaña.

Hay una represión sangrienta e inadmisible en Chile, hay muertes, hay terror. Un terror impuesto desde el Estado. En esta situación, se filtra un audio. La esposa del primer mandatario hablando con una amiga, “estamos absolutamente sobrepasados, es como una invasión extranjera, alienígena, no sé cómo se dice, y no tenemos las herramientas para combatirlas”. Sus palabras son gravísimas, pero entendamos el contexto.

La señora Morel Montes se casó como Dios manda a los diecinueve años y viajó a Estados Unidos para acompañar a su esposo en sus estudios de economía. Luego se recibió como orientadora familiar y juvenil, y trabajó con familias en situación de vulnerabilidad. También es madre, obviamente, de cuatro hijos. Su esposo, no solo es el presidente de Chile, sino (según revista Forbes) el dueño de una de las mayores fortunas de su país. Una vida pintoresca.

¿Cómo se ve desde su mansión a un grupo de personas que salen a la calle a reclamar por sus derechos? ¿Cómo se entiende que no alcance el salario? ¿Se puede transmitir el hambre? ¿Se puede empatizar estando tan lejos aunque estén en la misma cuadra? Se puede, pero requiere un esfuerzo, un corrimiento. Hay que entender que el ventanal no es una pantalla.

“Es como una invasión extranjera”, menuda manera de no asumir responsabilidad sobre la situación. Son de afuera, son extraños, siniestros. “Alienígena”, una suerte de ficción, por lo tanto no real. Esta miserable metáfora refleja no solo la falta de registro de la Primera Dama sobre la situación social que agobia a su país, sino que remite a los “muertos vivos”. Sin embargo, la sociedad chilena despertó, y está tan viva, que quieren matarla. El viernes se gestó la marcha más masiva de la historia de Chile en democracia. ¡Fuerza (no armada) Chile!

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