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Entre la carambola de Schiaretti y la bolsa de Milei

LA TRAGICOMEDIA DE PATRICIA, MAURICIO Y HORACIO (II): Asoma el sol sombrío de la ruptura que anuncia una nueva configuración.

 


La saludable ideología

El doble conflicto es saludablemente ideológico. Altera las coaliciones que se encuentran, en realidad, fracturadas. Diferenciadas por el rigor del dramatismo.
El desordenado oficialismo del Frente de Todos confronta con la desesperante oposición de Juntos por el Cambio (un conjunto perforado por la banda disruptiva de Avanza Libertad).
El Tercer Gobierno Radical -que presidió Mauricio Macri, El Ángel Exterminador- desperdició su turno para estrellarse y facilitar el fracaso del gobierno de La Doctora (que preside Alberto Fernández, El Poeta Impopular).
La centro-derecha liberal de PRO conformó la alianza contranatural con los radicales territoriales de centro.
(Los liberales suelen llevarse mejor con los peronistas que con los radicales. Lo certifica el menemismo. Ampliaremos).
Y se les anexó el insumo transparente de la estancada Coalición Cívica, entonces de centro-izquierda.

Consta que los radicales se suponen progresistas y participaron como figuras secundarias del socialismo europeo.
El elemento unificador de JxC fue la pasión del antikirchnerismo. La representación maléfica del «populismo».
Pero de pronto JxC estalla como aquel espejo al que se le arrojó un ladrillo.
Dos fracciones disienten ideológicamente en la metodología para superar al maldito kirchnerismo.
Con el riesgo de disolverse en la discusión. Y fortalecer al adversario que pretenden aniquilar.

Aquí brota la influencia de Javier Milei, El C-Boy (el León vencedor de la manada de leones).
Es el derechista libertario que abre su bolsa mientras pontifica positivamente sobre los años 90 de Carlos Menem y Domingo Cavallo.
Impulsores del único -y último- proyecto capitalista. En la Argentina donde todo termina -invariablemente- mal.
Años que Mauricio supo admirar con énfasis y disfrutar. Aunque durante el desperdicio de la presidencia prefirió ignorar.
Para no irritar, acaso, a la influyente señora Elisa Carrió, La Bien Pagá.

El subestimado «Maire» del Maxikiosco

Principales dirigentes de PRO fueron taladrados por Milei. Al colonizarlos, Milei les brindó orientación. Generosa iluminación. Hasta rediseñarlos.
Mauricio encontró en las teatrales propuestas de Milei las claves rotundas del colapso personal que le costaba asumir.
Por haber optado por las concesiones del gradualismo. Por dejar pendientes las benditas «reformas estructurales».
¡Ah, pero en el hipotético Segundo Tiempo debían ejecutarse (las reformas) con celeridad.

Inspirado en Milei, entonces El Ángel Exterminador encontró a la intérprete superior para aplicar el pensamiento renovado.
La impulsiva habilidad de la señora Patricia Bullrich, La Montonera del Bien. Encargada de raspar la osadía de Horacio Rodríguez Larreta, Geniol.
Larreta fue el colaborador servicial de Mauricio que paulatinamente abandonó la condición de «empleado del mes». De subordinado confiable.
Para explayarse como el adversario interno de perfil bajo, pero desafiante de su poder. Postulado naturalmente para sucederlo.
El subestimado Geniol supo acompañar al patrón desde la artesanía vecinal de Compromiso para el Cambio.
Fue el aplicado Premier que trabajó, desde 2007 a 2015, mientras el Ángel se lucía como «Le Maire» del Maxikiosco. Artificio Autónomo.
En 2015 Mauricio se consagró como presidente para estrellarse en 2019. Pero Larreta lo sucedió como Maire del Maxikiosco desde 2015 a 2023.
Durante los cuatro años de llano blanco de Mauricio -entre 2019 y 2023- es donde Horacio le comió la mayor parte de las aceitunas.
Y es, precisamente después de las legislativas de 2021, cuando Horacio -el Subestimado- intentó desplazar al Ángel. Prematuramente y sin vaselina.

De estadista a armador

El conflicto ideológico-psicológico se enriquece por el crecimiento intelectual de Mauricio, que contrastaba con la acumulación de poder de Larreta.
Mientras Geniol se fortalecía en el Maxikiosco, El Ángel aprendía el monumental oficio de ser jefe, desde la Celebridad.
Daba cátedras insólitas de liderazgo. Proyectado como estadista internacional, aunque atormentado por la frivolidad negativa que le marcaban las encuestas.
En la Provincia Inviable su imagen traspasaba el límite del desastre irrecuperable.

Para raspar la ambición de Horacio, El Ángel le cedió aire espiritual a la astucia de Patricia, quien lícitamente mostraba su objetivo propio de poder.
Con su construcción de Celebrity impune, Mauricio insinuaba la candidatura presidencial. Le brindó suspenso narrativo al verano de 2023.
Tal como descontaban, tanto Patricia como Horacio, finalmente Mauricio iba a arrugar.
El error de haber arrugado lo llevó a radicalizarse más. A identificarse con los desvaríos mediáticos que planteaba Milei mientras le abría la bolsa.
El diseño de estadista se desfiguraba para mostrarse como mero «armador» de Patricia (que resistía la comparación peyorativa con Alberto).

Igual Patricia, como el Ángel, se disponía a recitar -en el Canal Uganda- aquel eslogan movilizador que conmovía.
“O somos el cambio o no somos nada”.
El riesgo consistía exactamente en la segunda hipótesis.
Que fueran, en efecto, “nada”.
Con el destino de ingresar, después de la ruptura que se huele, en la bolsa del inapelable animador de las «elecciones tóxicas».
Competidor original que distribuye la misma mercadería.

El antikirchnerismo que unifica

Las trivialidades ultraderechistas -que comparte Mauricio con Patricia- aceleraron la emancipación de Horacio.
Con apresurada firmeza, los “halcones” prefieren encarar los cambios que Mauricio no supo realizar cuando desperdiciaba su gobierno gradualmente tibio.
Culpa, en principio, de los radicales (a los que en general desprecia).
O de la inutilidad negociadora de Emilio Monzó, El Diseñador.
O de la generosidad con las provincias de Rogelio Frigerio, El Tapirito.
O sobre todo de los jeroglíficos tergiversados que Marcos Peña, El Pibe de Oro, le servía con el desayuno.
Junto a los crucigramas que le presentaba Jaime Durán Barbas, El Equeco.

Estampado como “paloma”, con el carisma de la cicatriz y la estremecedora simpleza conceptual, Larreta profundizó su «alianza de centro». El neodesarrollismo hereditario.
Con los radicales territoriales de Emiliano Jacobitti, El Caudillo Universitario, y con los transparentes de La Bien Pagá. 
Para proponer la utopía romántica del consenso y “sumar” la base de sustentación que represente al 70% de la sociedad.
Para las “reformas estructurales” reiteradas -hasta el aburrimiento- en discursos sin trascendencia. Y ordenar la política desde la “ideología de la acción”.

El folklórico antikirchnerismo que unifica es lo único que el neo-desarrollismo de Larreta comparte con los categóricos de la derecha (con tendencia hacia la derecha extrema).
Tesitura complementada por los peronistas del mercado del usado que acompañan a Miguel Pichetto, El Lepenito. Resistentes también del folklore del kirchnerismo.

“Soy antikirchnerista”.
Lo confirmó con frontalidad, Juan Schiaretti, El Gringo Juan. El catalizador del cataclismo que precipita la ruptura que tal vez no pueda evitarse.
La lujosa carambola a tres bandas de Schiaretti resultó admirable.
Se proyectó de manera fulminante en el ámbito nacional. Encerró al «amigo Mauricio» en la situación límite. Y en simultáneo blindó en Córdoba lo que más le interesa.
La deslegitimación de las críticas de los radicales provinciales. Los que responden a De Loredo, El Formado, o a Mario Negri, Contratito.
La permanencia del peronismo con Martín Llaryora para embocar -otra vez- a Luis Juez, Hábito Ecuatoriano.

Con el Frente de Frentes, inventado en Santa Fe, Schiaretti -un político más sólido que todo JxC- se permite seducir por el raciocinio de Larreta.
Desubica, con la carambola, a los radicales cordobeses que protestan. Seduce a los peronistas del centro, excluidos por el kirchnerismo, predispuestos a mojar la medialuna en otra ventanilla.
Y en simultáneo con la carambola Schiaretti espanta a la derecha extrema que enceguece al “amigo Mauricio”, el compañero de ruta de Sevel.
Por la carambola de Schiaretti, la peripecia ideológica de Patricia puede culminar en la bolsa de Milei.

Continuará.

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