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El perfil criminal

¿Qué investiga un perfilador para dar con el criminal? ¿Cuáles son las claves? Los casos históricos donde la colaboración de un perito en criminalística fue fundamental para la resolución del caso.

Ha sido aceptado que hay que conocer los cambios, no solo legislativos y culturales sino también tecnológicos para aplicarlos a la moderna investigación criminal. Por esto, los diferentes operadores deben reconocer su incapacidad para responder a todas las contingencias sin el apoyo de especialistas provenientes de las áreas técnico-científicas. El investigador judicial se ve impulsado a solicitar cada vez con más frecuencia la intervención de expertos cuya competencia y experiencia puedan aportar una valiosa ayuda a la investigación.

La elaboración de los perfiles criminales es una metodología todavía incipiente, que tiende a ser un recurso bastante común en la investigación de diversos delitos, cuya técnica ha ido evolucionado progresivamente. 

Los medios de comunicación, especialmente la televisión, han creado un cierto misticismo en torno a este tema y, concretamente, sobre la figura del perfilador, porque lo presentan como alguien con un sexto sentido y un instinto especial para poner en claro casos que están a cargo de investigadores policiales calificados, reemplazándolos y desplazándolos.

En la realidad el trabajo del perito responsable en la elaboración el perfil criminal  ha adquirido un carácter eminentemente científico. El éxito depende fundamentalmente de la competencia profesional del experto, de su experiencia y del escenario que se presente a su reflexión.

En un estudio practicado en Europa se ha descubierto, de forma preocupante, que el contenido de un cierto número de casos mostraba que el perfilador obtenía conclusiones yendo más allá de los límites de su ciencia y experiencia. Por esta razón se concluye que los perfiladores criminales tienen que permanecer en su área específica de conocimientos y trabajar con metodologías contrastadas. 

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Hay que identificar, pues, los límites de los conocimientos de un perfilador, quien se valdrá de los aportes de la Medicina Legal, la Criminalística y la Criminología. En definitiva, todo girará en torno a una figura ideal de cuatro extremos, que se interrelacionan entre sí: la escena del crimen, la víctima, el sospechoso y la evidencia física. El objetivo: llegar a saber quién fue y poder colaborar en su aprehensión.  

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A modo de ejemplo, en los crímenes relacionados con el sexo para definir la estructura del agresor se tienen en cuenta: la falta de ropas, la exposición de genitales o mamas de la víctima, la postura de ésta, la evidencia de actividad sexual sobre, dentro o cerca del cuerpo y la evidencia de actividad sexual sustitutiva o fantasía sádica, que son claros indicios de un homicidio con esas connotaciones.

Si las escenas de los crímenes presentan características mixtas (organizada y desorganizada), puede constituir una indicación de la participación de dos o más agresores, o una modificación de la conducta por situaciones imprevistas por el delincuente. Si el rostro de la víctima es irreconocible por golpes o mutilaciones intencionales que persiguen su despersonalización, ello indica conocimiento previo entre la víctima y el victimario.

Una prolija limpieza de la escena del crimen (sobre todo de rastros y fluidos orgánicos) sugiere un nivel intelectual que le ha permitido tener conocimientos para procurar impedir el hallazgo de evidencia forense.

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Los expertos en perfiles que tienen una eficiencia recurrente, probada a lo largo de los procesos penales son policías experimentados que se han ido especializando, o miembros de las oficinas periciales que aportan sus conocimientos a los investigadores y al poder judicial.

Hace ya unos años, a causa del brutal homicidio de una niña de doce años, la policía de un pequeño pueblo del sur de los Estados Unidos pidió el apoyo de la Unidad de Ciencias de la Conducta del Centro Nacional para Análisis de Crímenes Violentos del FBI. El agente designado John Douglas en sus conclusiones indicó que el asesino de la niña era un hombre blanco, divorciado, que manejaba un automóvil negro o azul, trabajaba de obrero, había sido dado de baja deshonrosa del ejército, conocía a la víctima y tenía antecedentes por delitos sexuales.

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Sobre la base de ese retrato, los policías identificaron y arrestaron al criminal: un hombre blanco, divorciado, que manejaba un Ford azul y había trabajado en la casa de la víctima podando árboles. El homicida había sido expulsado del ejército por haber estado implicado en un caso de violación.

Trabajando con métodos similares, el psicografólogo italiano Francesco Pesce, determinó durante el cautiverio que los captores de Aldo Moro, el presidente de la Democracia Cristiana secuestrado por las Brigadas Rojas, eran orales puros. A los orales puros les atrae el agua por sobre todas las cosas; por eso, era lógico buscar el sitio donde  lo mantenían en cautiverio en un lugar cercano al mar y peinar los bares de la costa. Si la policía italiana hubiera tomado en serio el método de Pesce, habría existido la posibilidad cierta de dar con el paradero de Aldo Moro.

El primer retrato acerca de la conducta de un criminal serial lo realizó James Brussel en 1957, cuando Nueva York fue asolada por un psicópata a quien la prensa bautizó como "El bombardero loco", porque había colocado más de treinta artefactos explosivos  caseros en un período de quince años. Como la investigación no avanzaba, la policía pidió la colaboración del doctor Brussel. Después de estudiar los escenarios de los atentados y las cartas que el terrorista enviaba a los diarios, Brussel recomendó a la policía que buscara a un hombre de mediana edad, católico practicante, soltero, descendiente de inmigrantes europeos orientales, residente en Connecticut y que viviera con un hermano o una hermana. "Cuando lo encuentren, es posible que vista un traje de color azul, cruzado", dijo el doctor Brussel.

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Cuando los policías detuvieron a George Metesky, un solterón de cuarenta y cinco años, hijo de inmigrantes polacos, que vivía en Connecticut y asistía a la iglesia, comprobaron que en lo único en que Brussel se había equivocado era en decir que vivía con un hermano o una hermana, porque habitaba con dos hermanas solteras. Cuando Metesky fue arrestado, vestía un traje cruzado de color azul. El asombroso diagnóstico de Brussel se reconoce, universalmente, a modo de paradigma de la técnica que hoy en día se utiliza como una de las armas más potentes en la cacería de los criminales seriales.