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El PASO menos pensado

* Por Fernando Cibeira. La oposición transcurrió las últimas semanas penando por la obligación de tener que concurrir a unas primarias abiertas que habían perdido su sentido original.

Advertía también que en cualquier momento el Gobierno las iba a suspender invocando su consabida falta de respeto a las normas, que luego no pudo verificarse en los hechos. No sólo las PASO se hicieron, sino que el interés que demostró la gente en participar fue muy superior al de los pesimistas cálculos previos.

Puede que las principales fuerzas opositoras no hayan estado preparadas para afrontar semejante debut de las primarias que, en verdad, les ofreció una estupenda posibilidad que dejaron pasar de largo. Porque las internas simultáneas les dieron la chance de hacerse fuertes donde eran débiles: la proliferación de candidatos presidenciales. La oposición tenía varios por partido, el oficialismo sólo tenía una postulante.

¿Qué hubiera sucedido si Ricardo Alfonsín hubiera competido el domingo contra Julio Cobos, Ernesto Sanz o Elisa Carrió y los hubiera derrotado? Lo mismo podría preguntarse sobre Eduardo Duhalde con Alberto Rodríguez Saá, Felipe Solá, Mario Das Neves o algún otro peronista opositor, o incluso un macrista, que se hubiera sumado a la lista. ¿Y Hermes Binner contra Pino Solanas o Alcira Argumedo? ¿Hoy no se estaría hablando también de los tres ganadores de unas internas masivas en vez de andar analizando la escasa diferencia que hubo entre uno y otro y la sideral distancia que les sacó Cristina Kirchner?

El radicalismo y el peronismo opositor perdieron meses hablando de preinternas que terminaron en papelones cuando el propio sistema tenía establecido la manera de dirimir candidato. Podrían haber hecho uso de la posibilidad de interesar a los electores independientes en una competencia de estilos y proyectos de la que el oficialismo iba a carecer. Es una hipótesis, pero es probable que varios de los que el domingo apoyaron al kirchnerismo se hubieran sentido atraídos por tener voz en una compulsa, pongamos, entre Alfonsín y Cobos –uno representando a un ala de centroizquierda, otro a la centroderecha radical– antes que votar a la Presidenta compitiendo consigo misma.

Azuzados por los grupos mediáticos que presionaban por una opción ganadora, en vez de respetar la lógica que propone la nueva norma, la oposición aventuró alianzas audaces como la de Alfonsín con Francisco de Narváez que resultaron poco creíbles. Tanto que en la provincia la propia gente cortó boleta por la más lógica opción de Duhalde y el empresario.

Los partidos chicos acusan al nuevo sistema de atentar contra las fuerzas emergentes. Puede que así esté pensado, de la misma manera que busca fortalecer a las fuerzas tradicionales justamente por su capacidad de generar nuevas figuras y movilizar detrás de ellos a las estructuras partidarias. Casi que ocurrió lo contrario. Jorge Altamira aprovechó los espacios publicitarios gratuitos para convocar a un voto ajeno que lo habilite para octubre, lo que le permitió a la izquierda hacer una elección record.

En tanto, los grandes bloques de la oposición más que sumar se restaron, atomizados e incapaces de generar una propuesta atractiva. No hicieron un uso eficaz del nuevo sistema y especularon hasta último momento con que no se cumpliría. Perdieron una buena oportunidad y ahora tienen poco tiempo para revertir la situación. Para la próxima ya están avisados que, como predicaba Mostaza, conviene más ir PASO a PASO.