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El lenguaje inclusivo en boca de ¿todos o todes?

Por Milagros Senders. Una lucha simbólica que gana adeptos, pero también conserva enemigos.

¿Estás a favor del uso del lenguaje inclusivo?




Cada vez más nos encontramos con palabras tales como “todes”, “amigues” o “compañeres”. El lenguaje inclusivo empezó sigilosamente desde un sector y va penetrando en toda la sociedad.

La lucha tiene sus argumentos y el campo simbólico, en este caso el lenguaje, replica y retroalimenta las relaciones de poder existentes. Esto no deja solo en evidencia temas de género, sino también diferencias de clase, económicas y territoriales entre otras. Las palabras lo reflejan todo, pero también pueden construir activamente. 

Que al dirigirse a un grupo de personas mixto, se utilice el “todos” hace que las mujeres y los no binarios queden invisibilizados y ocultos detrás de este masculino generalizador. La lucha por la no binarización de género y por la igualdad exige también un lenguaje no sexista. Si bien es un tema que nos interpela en el presente, el lenguaje no sexista cumple más de cuarenta años generando resistencia. Si la diversidad sexual es aceptada en el campo real, esto debiera resonar en los términos y las bases gramaticales de una cultura. Pero quizás habría que repensar el lenguaje de una manera más profunda y estructural.

Por un lado, están quienes defienden estas expresiones; generalmente en ámbitos de estudios relacionados con las artes, con las humanidades y con las militancias políticas. Son personas del ámbito artístico e intelectual, en su mayoría pertenecientes al sector público. Esto se debe a la ideología que pregonan estas formas. Obviamente las nuevas generaciones, los “sub 25” están más habituados y utilizan este lenguaje como propio.

Hago esta descripción para que se erradique del imaginario colectivo la idea “quienes hablan así, hablan mal” o “quienes escriben de esa manera, no saben escribir”. Generalmente son personas muy formadas y con herramientas, pero eligen esta forma como bandera de un pensamiento, como expresión identitaria. 

Por otro lado, están quienes no adhieren y critican cada vez que leen o escuchan “todes”. Este grupo en un principio podría ser dividido en dos subgrupos: quienes están a favor de la lucha, pero pretenden se traduzca de una manera más “legitimada” en el lenguaje y quienes carecen de argumentos, pero defienden la reproducción de lo dado como lo válido.

Como cualquier campo de conocimiento y de poder, necesita un ente de control que indique qué es lo correcto. Pero entendiendo esta ola como una lucha y una rebelión sería contradictorio pedir permiso. El pueblo se apropia de sus símbolos y de su lenguaje. Cuando hablamos de “legítimo” pensamos en la RAE (Real Academia Española), que estaba en desacuerdo con estas expresiones inclusivas, pero su director Santiago Muñoz Machado declaró “constataremos cómo evoluciona esto y si fuera el caso de que se consolida, se estabiliza, el uso se hace habitual, se hace general, la RAE estará muy contenta de incorporarlo”.   

Para poder entender cómo se manifiesta esta modalidad, solicité la opinión de ciertos referentes de peso en diferentes ámbitos atravesados por el leguaje como pivote profesional.  

Ámbito académico

Por el momento no es oficial, el leguaje inclusivo aun no forma parte de los contenidos académicos y para que eso suceda (que sería lo esperable) falta un tiempo considerable. Sin embargo, vale la pena escuchar a docentes de diferentes niveles para saber si lo incorporaron en el discurso oral y si lo aceptan como válido en los escritos.

Gonzalo es profesor de historia en un secundario privado de Belgrano, y opina “el lenguaje inclusivo me parece correcto, es una disputa que se está dando y que no sabemos en qué va terminar.  Acuerdo con todo aquello que busque incluir a nuevos actores sociales en el lenguaje y que los visibilice, aunque a mí me cuesta utilizarlo, pero entiendo que es una construcción colectiva”. Respecto a la demanda por parte del alumnado, cuenta que no tuvo ningún/a alumno/a que lo utilizara,  pero aclara: “sé que en general es visible y que en algunas escuelas existe una demanda por parte del alumnado aunque la RAE no lo acepte, ya que no se puede tapar el  Sol con un dedo”. Se le consultó qué haría en caso de recibir alguna prueba escrita con este lenguaje, y respondió: “no se debe corregir como error, sí charlar para abrir el debate con el alumnado”.

Verónica, profesora de nivel terciario en comunicación, declara “me siento partícipe de un cambio sin semejanzas; y obviamente me genera preguntas y dudas”. Para ilustrar su posición comparte una anécdota. “cuando era chica me cargaban, porque "Vero" termina en “O” y una nena decía que entonces yo tenía nombre de varón; pero lo que yo ya tenía claro era que una vocal no representaba a un género”. Cuando le consulté cómo lo tomaba en su rol docente, contó que si bien por el momento nadie demandó el uso del lenguaje inclusivo, ella permitiría que cualquiera en clase lo utilizara. Y finalizó: “si el fin es comunicarnos, ¡bienvenido sea!”.

María es profesora en la carrera de Sociología de la Universidad de Buenos Aires, y posee una mirada elaborada al respecto: “el lenguaje inclusivo es un modo de poner en escena la problemática de la diversidad y el respeto hacia la misma. Son actos de empoderamiento de sectores no escuchados. Forma parte de un momento histórico que aún está en la búsqueda del equilibrio”. 

Ámbito publicitario

Las campañas publicitarias y de comunicación, tienen peso a la hora de elegir ciertos modismos o gramáticas, ya que toman e imponen tendencias. Por razones obvias (comerciales) no necesitan legitimar su tono con un ente oficial, ya que lo que buscan es interpelar al público objetivo. Federico es socio fundador de una agencia de marketing y publicidad de trayectoria. Cuando le consulté sobre el lenguaje inclusivo, respondió que si bien no lo usa, entiende el significado simbólico que tiene y le parece interesante la discusión que plantea. Dice que los clientes no están pidiendo este leguaje en los mensajes publicitarios, pero aclara: “la publicidad tiene la necesidad de ir a velocidad cultural y si esto implica usar un lenguaje o recursos de un lenguaje que no estén aprobados por la RAE, pero que interpelan y son relevantes para la audiencia objetivo, se usa y punto.”

Ámbito literario

Los escritores y las escritoras contemporáneos tienen una ardua tarea, ya que el rubro les exige cierto nivel en su prosa, y la sociedad presiona para que la literatura refleje el contexto en todo su entramado. Aquí no hay un único fin comercial como en el ámbito publicitario, ni tampoco se trata de un terreno que debe tener un aval legitimador como en el caso de la educación. Inés es escritora y traductora; cuenta con prestigio y reconocimiento en varios países; sus cuentos y novelas fueron premiados tanto en Argentina como en el exterior. A Inés le parece bien que se ponga el foco sobre las desigualdades de género, ya que la discusión ayuda a repensar actitudes naturalizadas, pero aclara “está de sobra demostrado que (este camino) no es muy efectivo. Hay culturas matriarcales que usan géneros masculinos y culturas ultra machistas que usan género neutro. Y no estoy de acuerdo en los cambios que vienen impuestos de afuera hacia adentro. Cada uno tiene que estar atento y pescarse en sus pensamientos y actitudes violentas hacia cualquier otra persona. Una imposición en el lenguaje no me parece la manera de revertir posiciones muy arraigadas. Por otro lado, las posturas extremas de los que no soportan a los que no se unen al movimiento de hablar con lenguaje inclusivo solo conducen a la persistencia de los pensamientos de los que se sienten amenazados por el fanatismo. El fanatismo no conduce a nada.”  Si bien no apareció esta temática en sus talleres, cuenta: “tengo colegas que se plegaron a hablar con lenguaje inclusivo y colegas que no. Y no diría que los que no quieren hacerlo son retrógrados o machistas. Hay de todo en los dos bandos. Hay gente que habla en inclusivo y tiene comportamientos nada inclusivos.  No es tan simple.” Para cerrar dice: “los sentimientos de exclusión son muy dolorosos, pero no sé si se resuelven con el lenguaje inclusivo. Veremos si esto es un buen paso a integrarnos o una moda pasajera y un slogan vacío de verdadero contenido.

Más allá de estar a favor o en contra del lenguaje inclusivo, lo importante es poder visibilizar, abrir el debate, no dar ninguna estructura dada como la única posible y trabajar por una cultura, sociedad y vida más inclusiva, que nos contenga y represente a todos y todas, o a todes.      

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