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El enigma de las "casas embrujadas", parte III

Durante siglos se informó sobre fenómenos extraños en torno a un lugar o a una casa. ¿Lugares encantados o mentes encantadas?

No existe tópico en la parapsicología en el que la posibilidad del fraude haya estado ausente. En gran medida este estigma ha colaborado para que la comunidad científica se muestre escéptica ante las afirmaciones de lo paranormal. Una buena dosis de creencia, ingenuidad y desconocimiento de ciertas técnicas de engaño, son el cóctel necesario para que una travesura, a veces ocasional y otras no, hagan caer en la trampa al más académico investigador de lo paranormal.

La casuística poltergeist desborda en casos históricos fraudulentos y del más variado orden que ilustran este estigma y justifican el escepticismo reinante. El joven historiador español Juan José Sánchez-Oro Rosa, en un programa televisivo que no se caracteriza precisamente por el escepticismo, esboza una serie de casos recogidos de la crónica local del siglo pasado que son más que reveladores y donde sobran los comentarios.

El  fraude es más  que  moneda  corriente

Si consideramos que los parapsicólogos han sido víctimas del engaño en sus propios laboratorios, donde se supone que las condiciones de control deberían ser óptimas para esta variable, ¿qué podemos esperar cuando están en una investigación de campo donde prima la incapacidad de controlar y manejar distintas variables concomitantes que exceden la capacidad de observación de cualquier persona, y aún más de quien está menos entrenado en técnicas de engaño y con una actitud expectante teñida de credulidad?

Así y todo, nadie puede dejar de reconocer que gracias a la infructuosa búsqueda de evidencia de lo paranormal, muchos parapsicólogos nos han legado un invalorable conocimiento de la ilimitada capacidad e ingenio del hombre para engañar a sus semejantes.

Aún cuando el fraude es sinónimo de engaño, no siempre la impostura persigue el mismo fin para el tema que nos ocupa. Veremos entonces que muchos casos pueden incluirse en una triple clasificación -que me permitiré para un mejor entendimiento- de las diferentes situaciones subyacentes que determinan la pseudo-paranormalidad de los poltergeists.

A) Fraude accidental: es aquel que surge espontáneamente sin intención definida o con presunción de paranormalidad, y su ocultamiento habilita la libertad de interpretaciones paranormales.

B) Fraude premeditado: es aquel que se ejecuta en forma organizada, con fines claros y previendo las consecuencias.

C) Fraude ocasional: es el oportunismo que transforma un fraude accidental en premeditado.

Si bien no siempre es posible determinar el origen o las motivaciones que llevan al engaño, existen ejemplos que justifican esta clasificación. Incluso considerando la teoría parapsicológica que focaliza a los niños y adolescentes como epicentro de los fenómenos, no es aventurado señalar que la categoría "C" pueda ser la más plausible en estos casos.

 

Los  pecados  pescados

Si uno se viera tentado a arriesgar fechas sobre el caso fraudulento más antiguo y con las características más similares a los modernos poltergeists, tendría que optar por el que relata el jesuita mejicano Carlos María de Heredia (1887-1951), que aconteció en Francia durante el reinado de Luis IX.

El sacrílego fraude fue obra de un monje cartujo y sus dos sobrinos, quienes no tuvieron empacho en engañar al superior de los monjes y al propio rey, convenciéndolos de que el palacio de Vauvert estaba habitado por fuerzas malignas, con el objeto de que -como al fin sucedió en 1259- les fuera cedido en calidad de donación para ser transformado en monasterio (Heredia, C. M. de  Los Fraudes espiritistas y los Fenómenos Metapsíquicos.  Ed. Difusión, Buenos Aires, 1946, pp. 89-90).


Menos fortuna que el cartujo tuvo un sacerdote franciscano, quien en 1534 sostenía que un espíritu golpeador infestaba su dormitorio y respondía preguntas por código.

Una comisión investigó el caso y como primera medida invitó al sacerdote a gozar de sus dulces sueños en otro lugar. Los fenómenos cesaron de inmediato. Como en esa época no había parapsicólogos que pudieran señalarlo como un agente poltergeist, pronto el religioso confesó el fraude y lo expulsaron [Wier, J. Histoires, disputes, etc.  (Biblioteque Diabolique), t.II, pp. 140, París, 1885. Citado por R. Amadou, en La Parapsychologie, Ed. Denoël, París, 1954. (Versión en castellano La Parapsicología, p. 70, Ed. Paidós, Bs.As., 1976)].

Así podría enumerar decenas de casos en los que se ha descubierto fraude o todas las sospechas lo señalan como la hipótesis más probable. Los hay también aquellos que hubo que esperar un tiempo para que fueran expuestos a pleno. Un claro ejemplo fue el caso Bremen (Alemania, 1965), muy mencionado en la literatura parapsicológica y que fuera "investigado" por Hans Bender (1907-1991), el parapsicólogo más importante de Alemania y con amplia trayectoria como "traga sapos". "En el curso de una investigación que sobre un caso de Bremen se seguía en el Instituto de Freiburg (1965), el mismo equipo de este centro fue testigo de fenómenos psicocinéticos", insistía el 'prestigioso' cazafantasmas alemán. (Bender, H. Parapsicología. Resultados y problemática. Soc. Hispanoamericana de Edic. y Distrib. S.A., Madrid 1976, p. 133). Después de varios años, el protagonista Heiner Scholz confesó cómo gestó los fenómenos "psicocinéticos".

La falsa teoría

La casuística ha llevado a los parapsicólogos a formular una teoría que, precisamente, pone en evidencia su ingenuidad. Se trata -a grandes rasgos- de responsabilizar de los supuestos fenómenos paranormales en los casos poltergeist a niños o adolescentes y, muy especialmente, a aquellos que se encuentran en el tránsito de impúberes a púberes. Los cambios psico-fisiológicos de esta etapa facilitarían tal ocurrencia para que una "fuerza psicokinética" o "energía telekinética" emane -inconsciente o involuntariamente- de sus mentes o cuerpos y provoquen los disturbios señalados.

Semejante creencia transformada en uno de los postulados básicos, los ha hecho menospreciar la picardía de los jóvenes o sobrestimar su inocencia. Ya he señalado en una nota anterior como un caso histórico similar terminó en un gran negocio, pero ellos porfían como si fuera una lección nunca aprendida.

Veamos un caso más actual en el que una niña de 10 años es filmada sin saberlo mientras ejecuta sus picardías.

Travesuras argentinas

A mediados de abril de 1993 se conmocionó el periodismo argentino por un presunto caso poltergeist en Gral. Madariaga (Provincia de Buenos Aires). Prácticamente no hubo medio que se abstuviera de ocuparse del tema y, casi todos, divagaron de forma monumental y se deliraron en especulaciones de la mano de parapsicólogos, religiosos y videntes.

En una casa muy humilde de la calle Urrutia 563 de dicha localidad, por entonces vivía una familia compuesta por María Ferreyra (68), sus dos hijos Ramón Horacio (35) y Julia Ramona (36), y Julio Nazareno Nahuel (10), hijo de Julia. El sábado 17 de abril comenzó una serie de disturbios (ruidos extraños, objetos que se caían y volaban, desplazamiento de muebles, velas que se apagaban, zapatos y zapatillas que caminaban solas, etc.). Todos estos fantásticos relatos provenían de Julia y María Ferreyra, hasta que intervino el comisario del pueblo, Claudio Mejías, cuyas declaraciones a la prensa terminaron por completar el cuadro de delirio existente.


En aquella oportunidad viajé al lugar de los hechos invitado por el periodista Luis Pazos, de Clarín, quien me había entrevistado previamente sobre el asunto en calidad de Director del Centro Argentino para la Investigación y Refutación de la Pseudociencia (CAIRP). En dicha entrevista [Clarín, 23-04-1993] le anticipé que antes de hablar de casas embrujadas había que establecer que no se trataba de un fraude psicopatológico y daba los motivos de mis sospechas.


El regreso, después de muchas horas de indagar sobre los hechos, fue totalmente desalentador en materia de fenómenos paranormales y mis primeras sospechas quedaron parcialmente confirmadas. Digo "parcialmente" porque no obtuvimos una confesión del fraude ni testigo que lo acreditara. Pero la información obtenida fue más que suficiente para poder establecer -sin lugar a dudas- que no existían pruebas de la intervención del demonio, espíritus o fenómenos parapsicológicos [Clarín, 25-04-1993].

"Hora Clavo"

A pesar de la falta de pruebas, no faltó el que quiso seguir con el tema y tendenciosamente mantener viva la llama de un verdadero poltergeist. Fue el caso de Mariano Grondona quien, en su programa televisivo "Hora Clave", dedicó espacio al caso concluyendo con acusaciones de soberbia a la Ciencia y muy convencido de que lo ocurrido en Gral. Madariaga fue real. Y eso que minutos antes se lo había advertido.

 Pero claro, su "objetividad" periodística se desmoronó unos pocos días después cuando el periodista Luis Pazos publicaba el revelador testimonio de Marcelo Carolio (comerciante vecino de la 'casa embrujada') dando detalles sobre como vio al niño Nazareno cuando "arrojaba cosas sobre el techo para que cayeran en el frente de la casa, justo donde estaba la familia y la Policía. Lo primero que hice fue decírselo a los oficiales". El propio Carolio, para demostrarles a los niños del vecindario que todo era una mentira, colaboró con algunas papas a los 'fenómenos paranormales': "Los pibes estaban asustados porque creían que estaba el diablo. Así que decidí demostrarles que era todo mentira. Una noche nos escondimos detrás de un Citröen que estaba estacionado enfrente, y comencé a tirar papas al terreno de la casa embrujada. La gente enseguida empezó a decir que un espíritu hacía volar las cosas"(Clarín, 03-05-93).


 

Una vez más el fraude metió la pata. Por su parte los parapsicólogos seguirán buscando el eslabón perdido, en lo que a los escépticos respecta ya hace tiempo lo encontraron.