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El enigma de las "casas embrujadas" (I)

Durante siglos se informó sobre fenómenos extraños en torno a un lugar o a una casa. ¿Lugares encantados o mentes encantadas?

Existe una larga tradición en materia de relatos y observaciones incidentales que apuntan a una serie de acciones perturbadoras del orden auditivo, visual y/o mecánico-motor, asociados a un lugar y/o grupo familiar. La naturaleza interpretativa siempre estuvo ligada a cuestiones de supervivencia del espíritu después de la muerte, explicaciones sobrenaturales, entes desencarnados, espíritus maliciosos, demoníacos, almas en pena, gnomos, duendes  y -más contemporáneamente- a energías sutiles o fuerzas psíquicas no detectables y de igual origen desconocido.

A la variedad de interpretaciones se sumó igual diversidad de denominaciones: casas embrujadas, encantamientos, apariciones fantasmales, infestaciones, poltergeists, etc. De acuerdo a los testigos, básicamente las manifestaciones se caracterizan por:

- Movimiento (desplazamiento y/o levitación) de objetos pequeños y grandes.

- Rotura de objetos.

- Alteraciones eléctricas.

- Combustiones espontáneas.

- Lluvia de piedras, arenillas, etc.

- Aparición y desaparición espontánea de objetos.

- Ruidos, pasos y golpeteos.

- Apariciones fantasmales.

- Variaciones térmicas.


No menos previsible fue la eterna división de opiniones entre los que consideraban todo como un mero producto de la fantasía, la superstición o que los hechos obedecían a causas naturales, y aquellos convencidos que defendían la realidad del fenómeno sugiriendo explicaciones espiritistas, sobrenaturales o paranormales. Entre estos últimos, y sin desatender las dos primeras opciones, estaban los parapsicólogos.


Instalan una nueva creencia

La parapsicóloga Louisa Rhine, esposa de Joseph Banks Rhine (considerado el "padre de la parapsicología moderna"), era una convencida de la existencia de la psicokinesis (PK - influencia directa que ejerce un sujeto sobre un sistema físico sin que intervenga instrumento o energía física conocidos o concebibles) y efectuó una clasificación de estos casos en función de su creencia: efectos de PK No Recurrente (asociados con moribundos, muertos y/o vivos) y PK Espontánea Recurrente (PKER, encantamientos y poltergeists).

Con cierta cautela y ambivalencia, así se manifestaba al respecto:

"El tipo de sucesos que caen bajo este encabezamiento, fenómenos de encantamientos y 'poltergeists', son una muestra más de pretendidos acontecimientos que aunque nunca convalidados satisfactoriamente, prácticamente han venido divulgándose en todo tiempo y cultura. Generalmente, los científicos se han desentendido por considerarlos patrañas supersticiosas, incluso las Sociedades de Investigación Psíquica encontraron, en anteriores épocas, pruebas tan frecuentes de fraude, sugestión, o imaginación desbordada, que se les concedió muy escasa validez.

Pero, con el descubrimiento de la PK, se puede adoptar una actitud distinta. Ahora se puede ver que hay un probable meollo de verdad en todos esos relatos." [Rhine, L. E., Mind over Matter.  Macmillan, New York, 1970. (Versión en castellano El Poder de la Mente sobre la Materia, Ed. Saltés S.A., Madrid, 1980, p. 260)].

 

Si bien su clasificación no difería mayormente de la de autores anteriores, al fin dejó dividida a la PKER en encantamientos y poltergeists. Los primeros se caracterizarían por estar asociados estrictamente a un lugar determinado y las experiencias serían preferentemente visuales y auditivas, de difícil delimitación entre lo real y lo alucinatorio, y con una duración que a veces se prolonga por años.

En cambio los poltergeists (del alemán polter [n]: alborotar, y geist: espíritu) o "espíritus traviesos", se identificarían -por su corta duración- con manifestaciones motoras cuyo epicentro sería una persona, y, según la pauta general de los casos, un adolescente o preadolescente.

Es menester aclarar que toda la elaboración teórica de Louisa Rhine era pura inferencia basada en datos totalmente cuestionables y sin reconocimiento científico hasta la fecha. Es más: los experimentos que ella entendía probatorios de PK actualmente son prácticamente ignorados por los propios parapsicólogos a la hora de intentar presentar pruebas irrefutables de PK. Así y todo, la palabra poltergeist se popularizó, fue fuente de inspiración para la industria cinematográfica, y sus características terminaron imponiéndose como modelo desde una óptica paranormal.

 

El  modelo

El trampolín para la incorporación definitiva de la PKER como fenómeno de investigación de campo en la parapsicología moderna, posiblemente fue el informe de dos parapsicólogos del Laboratorio de Parapsicología de Duke: J. Gaither. Pratt (1910-1979) y  William G. Roll (1926-2012).


Este informe, conocido en la literatura parapsicológica como el "caso Seaford" (ciudad de Long Island, EE.UU.), revestía una doble importancia: por un lado, la investigación incluía a dos parapsicólogos profesionales y de especial renombre; por otro lado, se trataba del primer informe sobre el tema publicado en la revista más prestigiosa del ámbito parapsicológico, The Journal of Parapsychology [Pratt, J.G. & Roll, W.G. (1958) The Seaford Disturbances.  Journal of Parapsychology, 22, 79-124]

A esa doble importancia yo agregaría otro factor de peso en pugna, que es, precisamente, el modo en que el informe de Pratt & Roll marcó el prototipo de resolución de casos de poltergeists hasta la fecha. En otras palabras: quedó signada una constante en la secuencia de hechos destacables con sólo algunas leves variantes, que en lo formal (inicio, desarrollo, conclusión e interpretación) sería característica de los mismos.

 

Veamos esquemáticamente el "caso Seaford":

  • Familia compuesta por el matrimonio Herrmann y una hija e hijo de 13 y 12 años respectivamente.
  • Comienzan los disturbios físicos (movimiento y rotura de objetos, ruidos, destape de frascos y botellas) y a los pocos días se da parte a la policía.
  • Los presuntos fenómenos se reducen casi hasta extinguirse, quedando para la policía como único elemento de "prueba" el testimonio de los habitantes de la casa o algún incidente aislado, incontrolado y sin observación directa.
  • El caso toma publicidad a través del periodismo, predominando las notas sensacionalistas y alguna excepción de opinión opuesta.
  • Conmoción popular.
  • Intervienen los parapsicólogos. Prácticamente desaparecen los fenómenos y su búsqueda se funda principalmente en el testimonio de otras personas antes que en observaciones directas realizadas en condiciones bien controladas.
  • Se descubren discrepancias entre los testimonios.
  • Cuando hay algún disturbio en presencia de los parapsicólogos no hay observación directa y/o control de la situación.
  • Siempre que se ha informado un disturbio estaba presente el niño de 12 años y las incidencias casi siempre se producían en su cercanía.
  • Se baraja la hipótesis del fraude pero rápidamente se desestima.
  • Se buscan causas físicas pero no convencen.
  • Se registran connotaciones religiosas con creencias en espíritus y/o fuerzas demoníacas.
  • Conjeturas sobre perturbaciones psicológicas en uno o varios integrantes de la familia.
  • No se resuelve el caso en forma concluyente pero se le da peso a la hipótesis parapsicológica sin presentar evidencias satisfactorias que apoyen esa inferencia.
 

A propósito de esto, hay un comentario muy ilustrativo que se desprende de una entrevista realizada al gran ilusionista e historiador de la magia, Milbourne Christopher. Relata que durante el transcurso de este célebre caso, precisamente recibió la visita del parapsicólogo Pratt y su esposa. Christopher, que ya estaba al tanto de los sucesos de Seaford, preparó especialmente para la ocasión los mismos efectos y algunos más espectaculares que los que se informaron en la casa de la familia Herrmann. Obviamente, Pratt sabía que estaba frente a un mago profesional y crítico de lo paranormal; por lo tanto, en ningún momento pensó que ahí estaba aconteciendo algún fenómeno poltergeist. Pero tampoco supo explicar -a pesar de haber revisado el departamento- cómo ocurrían estas maravillas. Y como bien reflexiona Christopher, "si él no pudo explicar lo sucedido aquí, que en esencia fue lo que sucedió en la casa en Seaford, ¿por qué pretendía explicar lo que ocurrió allá?" [Dennett, M. R. (1984-85) A Final Interview with Milbourne Christopher. The Skeptical Inquirer, 9, pp. 159-165].

En síntesis, estas serían las características básicas del "modelo poltergeist" que durante tantos años y aún hoy se siguen reportando. Por razones que veremos más adelante (segunda parte), el carácter de "inconcluso" que esgrimen los parapsicólogos "más cautelosos", no necesariamente debe suponer una interpretación paranormal. Además, aquellos casos que han sido resueltos en forma satisfactoria por encontrarse explicaciones naturales resultantes de factores físicos o psicológicos, son justamente los que hacen aún menos convincente la posibilidad parapsicológica de los llamados poltergeists.