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giuliana salguero

El Coronavirus y la Argentina “flow”

“Total, estamos lejos", la excusa para no ocuparnos.

El Ministerio de Salud de China elevó ayer a 724 los muertos por el brote del nuevo coronavirus y a 34.546 los afectados en ese país. En total 6.101 pacientes permanecen en estado "grave”, y 27.657 personas son sospechosas de estar infectadas con la enfermedad. 

Fuera de China continental, hay casos confirmados en otros 27 países, incluida España.

En este escenario, el Coronavirus se ha vuelto un espinoso asunto de emergencia de salud pública global. Sin embargo, la Argentina ha optado por desoír la alerta mundial y pervive en una zona de preocupación liviana y sin previsiones. Un estilo indiferente y dilatorio -clásico de nuestra idiosincrasia- que nos augura siempre enfrentar las tormentas sin paraguas.

Incluso a nivel ministerial, las autoridades han salido a bajarle el tono a la “suspicacia mediática” y a reducir la epidemia a un distrito único - Wuhan, la extensa capital de la provincia Hubei, en China- tornando casi nula la posibilidad de importar casos de contagio.

“No hay ninguna circunstancia importante, lo que hay es mucho bombardeo mediático” señaló el viernes el Ministro de Salud nacional Ginés González García. Y agregó: “La situación de la Argentina es mejor a la de otros países porque estamos muy lejos, no hay vuelos directos y estamos en verano, que es cuando este tipo de virus funciona menos”.

La misma intención desinflada ocurre en los aeropuertos internacionales del país, donde la laxitud en los controles es total. No hay protocolo médico para establecer los parámetros de salud de los pasajeros, ni tampoco un mísero cuestionario -de dos o tres preguntas- para determinar con quiénes establecieron contacto los viajantes durante su recorrido. Desestiman incluso a los pasajeros venidos de China, dejándolos librados a su propia incertidumbre.

Los más reputados infectólogos argentinos consultados desalientan incluso el uso de barbijos, cuando en otros países es casi una imposición. Su virtual obligatoriedad en otras latitudes ha multiplicado la venta en farmacias de kits preventivos, y ha hecho escalar los precios diez veces sobre su valor.

“¿Qué prevención estamos promoviendo si no tenemos la enfermedad en el país? El día que exista un caso concreto, se dispondrán las medidas necesarias, pero con el barbijo no estamos tomando una medida de prevención, estamos malgastando un recurso valioso”, enfatizó RicardoTejeiro, médico infectólogo miembro de la Sociedad Argentina de Infectología.

Como ejemplo insólito, la recomendación de un especialista (de cuyo nombre haremos reserva) que descartó de plano un posible brote epidémico en el país, y aconsejó a quienes tengan planificados viajes en cruceros que “no los suspendan” porque la situación está contenida. El comentario adquiere mayor resonancia después de que se conociera la noticia del primer caso argentino de Coronavirus a bordo del transoceánico “Diamond Princess”.

Si bien es real la lejanía con el foco de la epidemia, no menos riesgo supone la interconectividad global; con personas en permanente intercambio en todos los rincones del mundo. 

Semejante política “flow” no hace más que darle continuidad, a un modo peligroso de abordar todos los temas: llegar tarde o a destiempo. Una característica que nos define como pueblo y que probablemente esté fundada en la creencia de que sabemos más y somos mejores.

La nueva cepa de este peligroso virus que está causando estragos, preocupa a medio mundo ante la posibilidad de que se propague descontroladamente: nosotros, somos de la mitad que se ríe de las pandemias.

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