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Dueños de pymes agotados: por qué trabajar más de 50 horas pone en riesgo la gestión

En la Argentina, la pyme es el corazón del empleo privado, pero también uno de los ámbitos donde más se tensiona la figura del dueño. A abril de 2025 había 515.599 pymes registradas, el 98% de las firmas empleadoras del país, y generan el 50% del empleo asalariado registrado.


El último Informe Calidad de Vida 2026 de Vistage Argentina, elaborado sobre 508 empresarios, mostró que el 46% trabaja entre 40 y 49 horas semanales, el 20% entre 50 y 59, y el 6% 60 horas o más. Es decir: el 26% trabaja al menos 50 horas por semana. Además, el 61% responde temas laborales fuera de horario, el 60% se siente medianamente estresado y solo el 16% duerme ocho horas diarias.

Para Martín Quirós, socio de Zendera y especialista en profesionalización pyme, el dato revela una frontera sensible entre compromiso y dependencia. “Muchas veces, el principal capital de una pyme es la pasión, el talento y las horas que el dueño le dedica al negocio. Eso no es un problema en sí mismo; el peligro aparece cuando esa entrega genera una dependencia total y absoluta de su figura. Una cosa es que el empresario elija trabajar muchísimo porque le apasiona y quiere seguir creciendo, y otra muy distinta es que tenga que vivir dentro de la empresa porque es la única manera de sostener el negocio.”

gacetilla pymes

La diferencia, explica, no siempre está en trabajar menos, sino en liderar distinto. Cuando un dueño no logra desconectarse, Quirós advierte: “Estamos frente a un problema de apego. Pensemos que para ese dueño la empresa es como un hijo, le genera una pasión y una energía que parecen ser infinitas.” Y agrega: “Hay que encontrar la manera de delegar.”

La delegación aparece como el gran cuello de botella. En muchas pymes, el fundador conserva la decisión estratégica, pero también la operación diaria. Para Quirós, ahí se pierde rentabilidad: “El tema es cuando el dueño está todavía en la operación. Cada vez que el dueño hace eso, pierde dinero. Cuando el dueño se ocupa de tareas que no le corresponden, que podría haber hecho un empleado, se convierte en el empleado más caro de su propia empresa.”

El contexto aumenta la presión: según la difusión del relevamiento de CAME, las ventas minoristas pyme cayeron 1,2% interanual en mayo y acumularon una baja de 3,1% en los primeros cinco meses de 2026. Con menos margen para equivocarse, una conducción absorbida por la operación puede volver más lenta la respuesta comercial.

Quirós lo resume con una frase que escuchó de una empresaria: “El problema es que la empresa creció más que nosotros”. Para el consultor, la salida exige que el empresario también crezca como líder. “Cuando la empresa crece, nosotros también tenemos que crecer como líderes.”

Ese salto implica profesionalizar sin perder control. “A muchos les cuesta profesionalizar pero no es que no quieren delegar, en muchas ocasiones sucede que esos empresarios no encuentran la manera o las personas adecuadas para hacerlo.” Según Quirós, el dueño decide con una complejidad particular: “Cuando el dueño de una PyME toma una decisión, la está tomando con 3 sombreros en su cabeza: el de accionista, el de director y el de hacedor.”

La recomendación no es delegar todo de golpe, sino construir método: “El miedo a delegar no es un problema, lo que es un problema es no ir probando.”

El riesgo excede la agenda laboral. “No nos sirve de nada tener empresas exitosas si tenemos dueños enfermos o que corran riesgos en su calidad de vida, porque correr este riesgo es que peligre la conducción y por ende que no tengamos más empresa.”

Para Quirós, la pregunta de fondo es estratégica: “El primer paso debería ser preguntarnos, y hablo como empresario, si quiero que mi empresa siga dependiendo totalmente de mí o si quiero crecer; y esto último se alcanza aprendiendo a delegar, y eso es un desafío.” Y cierra: “De alguna manera, el éxito del fundador no se mide solamente por lo que logró e hizo, se mide también por todo lo que la empresa es capaz de hacer cuando él ya no esté.”

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