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Diversificación o dependencia

*Por Marcelo Zlotogwiazda. La preocupación tiene más de cien años de historia. Aunque ahora el desafío no es solamente la industrialización sino también poder exportar diversificadamente.

Es muy raro que dos premios Nobel de física, medicina o química polemicen sobre alguna teoría específica de su área. En cambio, los laureados en una ciencia social como la economía disienten con bastante frecuencia y con discrepancias considerables. El ejemplo más reciente sucedió en la cumbre que la semana pasada reunió a diecisiete de ellos en el sur de Alemania. Mientras Joseph Stiglitz reiteró una vez más elogios al kirchnerismo señalando que tuvo "muy buenas políticas macroeconómicas", su colega Edmund Phelps afirmó que "antes que buenas políticas económicas, lo que tuvo la Argentina fue suerte".

No es la idea dirimir aquí quién de los dos tiene razón. Pero para no eludir la cuestión, digo que, en términos generales, así como es indiscutible que en los últimos años el país tuvo en suerte un contexto internacional muy favorable, tampoco hay duda de que la política macroeconómica aportó lo suyo. En todo caso, el debate que queda abierto es sobre cuánto más pudo haber aprovechado las condiciones externas excepcionales y sobre medidas o aspectos puntuales de la gestión.

Precisamente, la idea aquí es evaluar un aspecto puntual de la política económica, y a partir –vaya curiosidad– de otro señalamiento que hizo Stiglitz sobre la Argentina, que no tuvo la repercusión merecida, ni entre sus fervientes admiradores oficialistas ni por parte de los críticos al modelo de matriz diversificada con inclusión social. En ese mismo encuentro en Alemania recomendó que el país "debe diversificar más su economía e invertir en sectores de alta tecnología, porque hoy todavía es un país dependiente". Explicó que "una disminución del crecimiento chino presionaría a la baja el precio de las commodities y eso golpearía a la Argentina, porque es muy dependiente de esos precios".

Aunque el relato oficial insiste con que el país ha mejorado considerablemente su perfil exportador con una mayor incidencia de productos industrializados, los datos duros prueban que eso no es así. El último informe de la consultora Finsoport muestra que la composición de las exportaciones casi no se ha alterado. Comparando 2010 con 1998, se observa que los productos primarios (PP) redujeron su participación en apenas 3 puntos porcentuales (25 a 22 por ciento), las manufacturas de origen industrial (MOI) aumentaron nada más que 2 puntos (33 a 35), combustible y energía subió 1 punto (9 a 10) y las manufacturas de origen agropecuario se mantuvieron en el 33 por ciento. Y la comparación de los primeros siete meses de 2011 con igual período del año pasado tampoco muestra un cambio significativo.

Es decir que, si bien el total exportado registró un apreciable cambio cuantitativo (subió más de dos veces y media de 2003 hasta ahora), no ha habido casi nada de evolución cualitativa.

Peor aún, no sólo no hubo diversificación a favor de manufacturas industriales, sino que dentro de cada una de las cuatro grandes divisiones del conjunto total hay hoy más concentración y dependencia que hace unos años. En los PP, las exportaciones de oleaginosas (principalmente soja) aumentaron entre 1998 y 2010 un 408 por ciento y ya representan un 35 por ciento de ese grupo. En las MOA, las colocaciones de pellets de soja subieron en ese lapso 338 por ciento y representan el 39 por ciento de esa división, a lo que se agrega un crecimiento del 90 por ciento en aceites y grasas que explican el 23 por ciento. Vale reiterarlo: el complejo sojero-oleaginoso aporta más de un tercio de la exportación de materias primas y cerca de dos tercios de las de manufacturas de origen agropecuario. ¡Lo que equivale a decir que explica el 28 por ciento de todo lo que exporta el país!

Tampoco se diversificaron las exportaciones industriales. Autos, camiones y material de transporte terrestre en general, incrementó su participación hasta el 34 por ciento. También subieron mucho las ventas externas de productos químicos (231 por ciento), que representan un 19 por ciento de las MOI. Dos rubros explican más de la mitad.

Pero, por lejos, lo que más subió dentro de las MOI fue el rubro piedras y metales preciosos, cuya exportación pasó de apenas 30 millones de dólares en 1998 a 2.300 millones el año pasado. La tendencia se mantuvo en lo que va del 2011: con un alza del 24 por ciento respecto de igual período de 2010, estos productos ya representan el 9,4 por ciento de todas las exportaciones MOI.

El rubro piedras y metales preciosos está conformado en su casi totalidad por el oro que se extrae y se exporta, por lo que considerarlo como una MOI es aceptar acríticamente un incorrección de la clasificación estadística. Tal como se lo produce en la Argentina, el oro es mucho más una materia prima que una manufactura.

Si así se lo considera, y se corrige la comparación de más arriba, se advierte que la composición de las exportaciones de 2010 tiene el mismo peso de PP (25 por ciento) que en 1998 y que la incidencia de las MOI cae de 33 a 31,7 por ciento.

La conclusión de la consultora dirigida por el ex viceministro Jorge Todesca es la siguiente: "En las dos gestiones K no se modificó sustancialmente la composición de las exportaciones. El saldo es pobre. No ha habido un proceso de diversificación de exportaciones. No nos hemos convertido en una potencia exportadora agroindustrial (una meta posible) ni mucho menos se han fortalecido estructuralmente nuestras exportaciones industriales".

El viernes pasado en Lincoln, además de inaugurar un ramal ferroviario y homenajear al lugareño Arturo Jauretche, Cristina dijo que "en un mundo que demanda alimentos uno de mis sueños para la Argentina del Tercer Centenario es industrializar la ruralidad". Similar a lo que a fines del siglo XIX sostenía Carlos Pellegrini en su discusión con los librecambistas: "La agricultura y la ganadería son dos grandes industrias fundamentales; pero ninguna nación de la tierra ha alcanzado la cumbre de su desarrollo económico con sólo estas industrias".

Como se ve, la preocupación tiene más de cien años de historia. Aunque ahora el desafío no es solamente la industrialización sino también poder exportar diversificadamente. El lincoleño Jauretche quizás hubiera transformado la observación de Stiglitz en la consigna "diversificación o dependencia".