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De extrañar la Argentina a convertir sus símbolos en un emprendimiento de diseño artesanal

Andrea Pereyra creó La Tote Argentina después de vivir tres años en Australia, donde la distancia le reveló el valor de las raíces, las costumbres y los símbolos que nos hacen sentir en casa. Hoy, junto con su mamá, costurera de toda la vida, y su esposo Agustín, lleva adelante un emprendimiento artesanal que apuesta al diseño nacional, la identidad y el trabajo hecho a mano.

Hay distancias que permiten descubrir aquello que siempre estuvo cerca. Andrea Pereyra vivió tres años en Australia y fue durante esa experiencia, lejos de su país, cuando comenzó a reconocer con mayor intensidad el valor de las costumbres, los afectos y los símbolos que forman parte de la identidad argentina.

La nostalgia por lo propio se convirtió en una idea y esa idea, con el tiempo, tomó forma de emprendimiento. Así nació La Tote Argentina, una marca rosarina que encuentra en el diseño artesanal una manera de expresar el sentido de pertenencia y de transformar la memoria en objetos cotidianos: mates, agendas y bolsos de tela.

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El regreso a Rosario, la ciudad donde nació, significó también volver a sus orígenes con un proyecto propio. Andrea está al frente de la creación de la marca, el diseño de los productos y la gestión de las redes sociales.

Su mamá, costurera de toda la vida, es quien convierte cada idea en una pieza concreta, a través de la confección de los modelos. Agustín, su esposo, se ocupa de la administración económica. La estructura familiar es parte de la identidad del emprendimiento y de una forma de trabajo en la que cada integrante aporta un saber específico.

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“La marca se desarrolla dentro del mercado artesanal, con venta minorista a través de Instagram y su página web. Su propuesta se apoya en el diseño original, la producción manual y la elaboración local. Cada producto se realiza desde cero en Rosario, con una lógica que prioriza el trabajo de confección y la singularidad de cada pieza frente a la circulación acelerada de las tendencias masivas”, cuenta Pereyra.

Y agrega: “Decimos apostar al mercado artesanal porque creemos en lo que es único y no se repite”, explica Andrea.

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En esa definición conviven una elección estética y una posición frente al consumo. La marca busca diferenciarse de la producción estandarizada mediante diseños que expresen una identidad reconocible y una historia detrás de cada objeto.

La confección artesanal, en ese sentido, no funciona como un simple atributo comercial, sino como una manera de organizar el trabajo y de construir valor a partir del saber hacer.

El proyecto comenzó como una idea que Andrea llevaba en la cabeza. El respaldo de su mamá, con su experiencia en la costura, y la confianza de Agustín en el potencial de la propuesta fueron decisivos para pasar de la imaginación a la acción.

Pero también había una inquietud que acompañaba los primeros pasos. “Mi principal miedo era pensar que las personas no pudieran ver el amor de cada pieza armada. Quería transmitir la argentinidad de cada diseño, pero tenía miedo de que fallara ese mensaje”, recuerda.

La búsqueda creativa comienza, muchas veces, frente a una computadora, con un mate al alcance de la mano. Andrea combina colores, imágenes y elementos gráficos hasta encontrar una composición que la convenza y que, al mismo tiempo, pueda conectar con otras personas.

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En ese proceso, el diseño aparece como un ejercicio de exploración, una actividad que conserva algo del juego y de la libertad de imaginar sin condicionamientos. Cada pieza reúne esa búsqueda personal y el trabajo de quien después la lleva a la tela.

La identidad nacional es el eje conceptual de la marca. No se trata solamente de incorporar referencias reconocibles a la Argentina, sino de construir una propuesta que permita establecer un vínculo entre los objetos y la experiencia de quienes los eligen.

La Tote Argentina busca que sus productos evoquen las costumbres, los valores y los afectos que forman parte de la vida cotidiana, y que esa identificación se prolongue en el uso de cada pieza.

Andrea observa que el interés por lo artesanal también expresa una búsqueda de singularidad en un mercado atravesado por la producción masiva y la renovación constante de las tendencias. “Muchas veces, lo que tienen todos no nos identifica. Por eso elegimos lo artesanal, porque queremos ser parte de historias, sentirnos únicos con lo que usamos y conectar con nuestra propia esencia”, sostiene.

Desde esa perspectiva, el consumo adquiere una dimensión personal y cultural, vinculada con la posibilidad de elegir objetos que representen algo más que su utilidad.

La producción local es otro de los pilares del emprendimiento. Para Andrea, fabricar cada pieza en Rosario implica reconocer el trabajo de quienes proveen los insumos y forman parte de la cadena productiva.

“Nos llena de orgullo saber que cada producto se realiza a mano, desde cero, en nuestra ciudad. Queremos abrir puertas de trabajo y que el sol salga para todos”, afirma.

En esa idea aparece una concepción del trabajo artesanal que excede el resultado final y contempla también a las personas que intervienen en el proceso.

El recorrido de La Tote Argentina modificó, además, la manera en que su creadora entiende el desarrollo de un proyecto propio. Andrea reconoce que se trata de un aprendizaje permanente, pero identifica una certeza que ganó fuerza con el tiempo. “Lo principal es confiar en lo que uno puede aportar al mundo. Todos tenemos una historia que contar o algo que ofrecer, aunque a veces nos encontremos con situaciones o contextos limitantes y cambiantes. Lo primero que tenemos que aprender es a darle luz a nuestras ideas”.

La experiencia de vivir en Australia también le permitió mirar desde otra perspectiva algunas características de la cultura argentina. En el trato cotidiano, en los vínculos familiares y en la capacidad de encontrar soluciones, Andrea reconoce rasgos que, a su entender, acompañan a quienes emprenden.

“El argentino es gauchito, amistoso y familiero, y transmite eso en cualquier proyecto que haga. Está en nuestra esencia y lo he visto”, señala.

En La Tote Argentina, esa mirada se traduce en una propuesta que reúne diseño, confección artesanal e identidad nacional. Lo que comenzó como una forma de acercarse a las raíces desde otro país encontró en Rosario el espacio para convertirse en un trabajo compartido.

Cada pieza lleva consigo una parte de esa historia, desde la primera idea de Andrea hasta las manos de su mamá, que transforman el diseño en un objeto concreto. Una manera de volver a casa y, al mismo tiempo, de llevar un pedazo de la Argentina a donde sea que uno vaya.

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