Murió Chiche Gelblung, el inventor del periodismo que nadie se había animado a hacer
Chiche Gelblung murió a los 82 años después de una vida dedicada al periodismo. Fue gráfico, radial, televisivo y digital, pero nunca dejó de ser, antes que nada, periodista. Una despedida personal, con el recuerdo de lo que significó conocer al periodista que convirtió la curiosidad, la provocación y la búsqueda de historias en una manera inconfundible de hacer periodismo.
Arranco esta nota sin un género periodístico definido, porque despedir a Chiche Gelblung me lleva inevitablemente por distintos lugares. Hay una enorme admiración por un periodista que hizo de la curiosidad una forma de trabajar y que durante décadas encontró historias donde otros todavía no las habían visto.
Chiche perteneció a una generación de periodistas que aprendió el oficio en las redacciones, pero tuvo algo que le permitió atravesar todos los cambios que vinieron después. Pasó por la gráfica, la radio, la televisión y finalmente por los medios digitales sin quedar atado a ningún formato. Su herramienta siempre fue la pregunta y repregunta, la búsqueda del dato en la calle y, sobre todo, no perder nunca la curiosidad.
Su historia profesional comenzó muy temprano. Se fue de su casa siendo adolescente, trabajó de lo que pudo, vendió enciclopedias y hasta viajó por Europa cuando todavía era muy joven. Llegó al periodismo y rápidamente entendió que ese era su lugar. En Editorial Atlántida empezó a construir una carrera que después lo llevaría por algunas de las publicaciones, radios y canales más importantes del país.
También tuvo esa capacidad poco frecuente de convertirse en una figura reconocible sin dejar de ser periodista. Chiche podía conducir, entrevistar, investigar, opinar y provocar. Podía hablar de política, de un crimen, de un personaje del espectáculo o de una historia extraña y conseguir que el tema tuviera interés. No porque todos los temas fueran iguales, sino porque él sabía encontrar la pregunta que los volvía interesantes.
A mí me tocó comprobarlo personalmente en 2017, cuando fui a Crónica TV a presentar mi libro Leyendas de ladrillos y adoquines. Yo había ido a hablar de Buenos Aires, de sus edificios, de sus historias y de su patrimonio. Pero Chiche empezó a preguntarme por el Palacio de los Bichos, por los fantasmas del Maipo y por distintas historias vinculadas con lo misterioso.
Mi libro no era un tratado sobre fantasmas. Pero Chiche había abierto esa puerta y había que entrar. Entonces hice lo que hacemos los periodistas cuando estamos en vivo y la conversación toma un rumbo inesperado. Improvisé. Conté lo que sabía, recordé anécdotas, aporté datos y seguí el juego. Lo que iba a ser una presentación de un libro terminó convirtiéndose en una conversación sobre fantasmas, leyendas y misterios de Buenos Aires.
Después ocurrió algo bastante más curioso. Empezó a circular la versión de que yo era una especialista en fantasmas. Una especie de "diplomatura" que me había otorgado la Universidad de la Televisión sin que yo hubiera presentado siquiera la inscripción.
Tuve que hacer, entonces, un aprendizaje forzoso sobre fantasmas, apariciones, ectoplasmas, leyendas y otras yerbas.
Hoy miro esa escena como una pequeña muestra de lo que hacía Chiche. Tenía la capacidad de llevar una entrevista hacia un lugar inesperado y conseguir que allí apareciera una historia. No se conformaba con lo que estaba previsto. Quería saber qué había un poco más allá.
Y esa pregunta suya terminó teniendo consecuencias en mi propia carrera. Chiche fue importante para mí, mucho más de lo que probablemente haya sabido. Aquel encuentro fue uno de esos momentos que después, con el paso de los años, uno vuelve a mirar y entiende de otra manera. Tiempo después terminé escribiendo en InfoVeloz, el diario digital que Chiche había creado, y allí nació y creció Costumbres Argentinas, la sección desde la que hoy me toca despedirlo.
Chiche trabajó hasta sus últimos días. Esa decisión de seguir haciendo periodismo hasta el final dice mucho de él. Después de tantas décadas, de tantos medios, de tantas entrevistas y de tantas historias, seguía haciendo aquello que había elegido cuando era muy joven.
No fue solamente un conductor de televisión ni solamente una figura de la radio. Fue un periodista que atravesó distintas épocas y supo adaptarse sin perder su identidad. Tuvo una voz reconocible, una manera de preguntar reconocible y una forma de entender la noticia que también lo fue.
Por eso esta nota no puede ser solamente una despedida profesional. Hay una parte de la historia del periodismo argentino que se va con Chiche Gelblung y hay también muchas historias personales, como la mía, que quedaron atravesadas por su trabajo, por una entrevista, por una oportunidad o por una pregunta.
En mi caso fue una pregunta sobre fantasmas. Podría haber sido cualquier otra cosa. Lo importante fue que, detrás de aquella pregunta, estaba Chiche haciendo lo que mejor sabía hacer: buscar una historia.
Costumbres Argentinas, mi sección en su diario, lo despide con esta nota triste. Hasta siempre, Chiche.
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