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De cómo “burrolandia” pasó a ser “hambrelandia”

Por "Chiche" Gelblung. Hoy tenemos casi exactamente la misma cantidad de chicos y jóvenes pobres que el porcentaje de semi analfabetos.

El término “burrolandia” lo usé a comienzos de la década del 90´ en una serie de notas que escribí en Ámbito Financiero. Esas notas tuvieron alto impacto y desataron la polémica porque, entre otras cosas, denunciaba que casi la mitad de la población argentina era semi analfabeta.  

¿Qué es semi analfabeta? Es una población que posee rudimentarios recursos culturales. Tienen dificultad en la comprensión de textos y quedaron descolgados del sistema educativo porque no pudieron superar el nivel medio de la enseñanza. No terminaron la secundaria. Y, en algunos casos, ni siquiera llegaron a cursar el primer año.

En esas notas decíamos que en “burrolandia” iba a ser muy difícil insertarse en tareas laborales porque para trabajos relativamente simples como repositores de góndolas o cadetería se requería como mínimo, el ciclo básico cumplido. También hacia un pronóstico ominoso: los chicos de “burrolandia” iban a formar una legión de jóvenes y adultos pobres. La polémica duro meses, despertó alarmas pero nada cambio. Y el peor pronóstico se cumplió: hoy tenemos casi exactamente la misma cantidad de chicos y jóvenes pobres que el porcentaje de semi analfabetos. El 50% de esos chicos están en esa condición.

Era inevitable que la falta de recursos elementales de educación se tradujera en una catástrofe social. Hambre y semi analfabetismo son dos consecuencias inevitables.

“Hambrelandia” no saldrá de esa condición mientras no se encare en simultaneo una dramática lucha contra el flagelo de la catástrofe educativa que vivimos. Cuando uno habla con los responsables de empresas (escasas por supuesto) que demandan personal, la respuesta es la misma: más de la mitad de los aspirantes no pueden llenar correctamente una elemental fórmula de aspirante a un empleo.

“Hambrelandia” ha lanzado una emergencia alimentaria, necesaria pero insuficiente. Sin una emergencia educativa en paralelo va a ser difícil que tenga éxito. Sin comida, no hay educación posible. Pero sin educación, el hambre no tendrá solución.

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