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Daniel Scioli está a tiempo

* Por Víctor Ego Ducrot. El gobernador de la provincia de Buenos Aires tiene todas las posibilidades de ser una pieza clave para la continuidad y profundización del modelo de país

que encabeza la presidente Cristina Fernández de Kirchner.

Claro que debería revisar algunos tópicos de su gestión; ciertas listas de amigos y supuestos enemigos; rendirle tributo a la prudencia; y diagnosticar con precisión el escenario abierto tras los primeros intentos de alcanzar una reforma tributaria que, a todas luces, es equitativa y oportuna, tanto que el mascarón de proa del proyecto oligárquico restaurador y antidemocrático le salió, como dicen en la jerga omnipresente del fútbol, con los tapones de punta.

Primero revisemos esto último, el entramado del derecho y del revés que llevó al nuevo barrabrava, al conocido de siempre Hugo Biolcati, a recurrir a piñas, patotas y gritos callejeros como complemento fallido de sus operaciones para "convencer" a legisladores de las supuestas bondades que le acarrea al conjunto de la sociedad que los terratenientes no paguen impuestos, o lo hagan en forma ridícula.

Mientras los medios concentrados machacan con la "resistencia del campo" a la reforma tributaria que impulsa Scioli, hay voces de la producción agrícola que recuerdan: "La Sociedad Rural, Carbap y Coninagro no tienen la representación que se les atribuye, ni velan por los intereses de todos los productores agropecuarios de la provincia de Buenos Aires. Yo, como productor, pago el mismo impuesto inmobiliario que pagaba cuando una vaca valía 250 pesos. Hoy una vaca vale 3.000 y sigo pagando lo mismo. Biolcati y el resto de los dirigentes de las patronales se han opuesto al revalúo y a todo lo que los afecte en lo más mínimo porque no les interesa el pueblo, ni el proyecto nacional, ni nada", dijo el fin de semana pasado, en La Plata, el tesorero del Consejo Argentino de Productores (CAP), Hugo Bacci.

"A ellos sólo les interesa un país agroexportador, donde se produzcan alimentos en forma de ‘commodities’, porque con eso se han enriquecido toda la vida a expensas de un pueblo en la miseria... pero las patronales agropecuarias no tienen oportunidad de encarar una lucha similar a la de 2008, cuando paralizaron el país en rechazo a las retenciones móviles", añadió el mismo dirigente en declaraciones recogidas por la agencia pública de noticias de la provincia de Buenos Aires <www.agepeba.org>.

Escribí que entre las tareas que tiene por delante el gobernador se encuentra la de "diagnosticar con precisión el escenario": los párrafos anteriores dicen con claridad de personajes e intereses que le son objetivamente adversos; lo que podría facilitarle otra de las recomendaciones que no me pertenecen sino que surgen del manual del buen político: revisar las listas de amigos y de supuestos enemigos.

El gobernador había decidido con buen criterio impulsar el tratamiento legislativo de su proyecto de reforma impositiva a través del Senado provincial. Allí el vicegobernador Gabriel Mariotto jugó un rol clave: pese a las agresiones, bravatas y desmadejes comandados por Biolcati, logró la media sanción de la Cámara alta y su pase inmediato a Diputados. En ese recinto Scioli se encontró con problemas.

Las patronales del agro "convencieron" a elementos de los bloque opositores para no dar el quórum necesario, con la intención de introducir reformas al texto original, de forma tal que la iniciativa se diluyese o quedase para "más tarde o nunca"; y en ámbitos del Senado se sospechó con firmeza que en la Cámara baja no habría primado la política sobre las viejas prácticas de los "incentivos".

Pero eso no fue lo peor. Después del fragor, en las cercanías del gobernador llegó a oírse acerca del desencanto provocado por algunas figuras políticas y funcionarios autoproclamados como encendidos "sciolistas", porque se dedicaron más a lanzar críticas contra Mariotto que a tejer las tramas que las prácticas parlamentarias democráticas requieren cuando faltan el quórum o los votos necesarios para darle luz verde a un proyecto que se entiende estratégico.
Entre los más perdidos en esa jugada tan cara a los afectos de las corporaciones mediáticas dominantes y a los "convencimientos" o "incentivos" con gusto a Biolcati, se encontraron el hermano del gobernador y ladero del colombiano Francisco de Narváez, Pepe Scioli, el titular del Bapro, Gustavo Marangoni, y la ministra de Gobierno, Cristina Álvarez Rodríguez; los tres se solazaron con dislates como "los palos en la rueda, las deslealtades o las acciones peligrosas para la gobernabilidad" que, según las antojadizas interpretaciones de las tres espadas "sciolistas", habrían sido responsabilidad del vicegobernador.

Ayer, en medio del compás de espera legislativo sobre el tema, que se extendería hasta la semana próxima, muy cerca del gobernador se oyeron frases como "lo criticaron (a Mariotto), pero lo hubiésemos necesitado en Diputados". Y más están reconociendo el carácter dislocado de las andanadas contra el vice, cuando comprueban que él pasó a ser el mejor orfebre de una jugada que tiene por objetivo no sólo lograr la reforma tributaria, sino que la misma luzca con todos los créditos de la institucionalidad y la legitimidad: el vicegobernador impulsa la idea de que la nueva norma sobre impuestos cuente con el poder constitucional de un decreto del Ejecutivo y de una ley de la Legislatura.

Aún queda pendiente lo afirmado en el primer párrafo de este texto, acerca de la prudencia y de la necesidad de revisar algunos tópicos de la gestión, como modestas sugerencias al gobernador; repito no de mi parte, sino del manual del buen político.

Cuando Daniel Scioli se descolgó con aquello de que estaría encantado de ser candidato a la presidencia en 2015, la mayoría de la voces, tanto de propios como ajenos, tendieron a calificar sus dichos, al menos, de desafortunados. Pero transcurridos los días y verificado el nudo que se le formó a la hora de poder identificar amigos de los no tanto como él creía, quizá lo más prudente sea que proceda a revisar su entorno y saber dónde efectivamente está parado, que no les haga el juego a quienes buscan como agujas en el pajar por donde entorpecer al proyecto de país que encarna Cristina, que son los mismos que apuntan a su fracaso en la provincia, aunque él no lo crea.

Por último, lo de los tópicos de gestión a revisar. Si su vice es la mejor espada que tiene para hacer que los ricos paguen impuestos, ¿por qué no le presta más atención en la agenda de seguridad? Mariotto no sólo trabajó para ampliar los consensos sociales en torno del proyecto de Policía Judicial que plantea el Ejecutivo desde los foros populares que cerraron ayer en La Plata, sino que puso al servicio de la gestión una herramienta parlamentaria –la Comisión Investigadora del Senado sobre el "caso Candela"–, tendiente a borrar para siempre el círculo perverso de complicidades políticas e institucionales con el crimen organizado; llave que permitirá cumplir con una agenda de seguridad democrática tal cual lo demanda la inmensa mayoría de la población bonaerense.
Sí, Daniel Scioli está a tiempo.