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¿Cuánto tardará Argentina en superar la recesión?

El campo y el turismo tendrán una salida rápida, pero el consumo masivo demorará en recuperarse.

Por la brusca devaluación y la suba de tasas, la economía en su conjunto afronta pronósticos sombríos. Desde el Gobierno anticipan "meses difíciles", al aludir a este nuevo período recesivo, con un final distinto según el rubro y sector y sus perspectivas. De este modo, surgen tres alternativas definidas por su tiempo de reacción frente a la crisis. La del tipo "V", con una reactivación rápida; la "U", si la recuperación es gradual; y la "L", cuando la recesión se prolonga.

¿Cuánto dura la crisis? es una pregunta con múltiples respuestas. En principio, la mejora del tipo de cambio favorece a los sectores ligados a la exportación: campo, economías regionales, energía, pesca y minería. Pero también el turismo (prevén un "gran verano en la Costa" y la llegada de viajeros de países limítrofes).

En el otro extremo, los sectores que tienen peores perspectivas son el consumo masivo (alimentos, bebidas, artículos de tocador y limpieza), electrónica, motos y la venta de propiedades. "Hemos pasado tantas crisis. El sector se frena de golpe sin avisar. Y cuando arranca, tampoco avisa", ironizó Armando Pepe, presidente del Colegio de Corredores Inmobiliarios. Días atrás, el CEO de Unilever, Miguel Koszusok, anticipaba que superar la recesión llevará algún tiempo. "Lo más probable es que la recuperación llegue en el segundo semestre del año próximo", remarcó.

En muchos segmentos se observan realidades complejas y hasta contrapuestas, como es el caso de la industria automotriz. El último informe de ADEFA (la cámara de los fabricantes) revela que en septiembre la producción de autos 0km cayó 20,6% (37.267 unidades) con respecto al mismo mes del año anterior, pero las exportaciones aumentaron 13,5%.

El destino número 1 de los autos "nacionales" es Brasil, principal socio comercial de la Argentina. El cambio abrupto de las reglas contrajo la demanda interna pero también mejora la balanza comercial. En este sentido, un informe de la Cámara Argentina de Comercio indica que el intercambio bilateral entre ambos países "arrojó en septiembre un superávit para la Argentina de US$6 millones", lo que contrasta con el déficit de US$369 millones de agosto.

Marcelo Elizondo, titular de la consultora DNI, señala que la suba del dólar mejoró la rentabilidad para otros sectores exportadores, como la pesca (el 90% de la producción local se despacha al exterior), la minería y productos regionales (pera y manzana). También la energía, con el eje de Vaca Muerta. "Las exportaciones de gas y petróleo son las que mas crecieron en el año. En los primeros 8 meses, el sector exportó US$ 2.468 millones. Y el mejor tipo de cambio incentiva las inversiones", explicó.

La contracara son las motos y los electrodomésticos, golpeados por la suba del dólar y también por el encarecimiento del crédito. "El escenario es complejo por la suba de tasas (las cuotas se están complicando) y la pérdida del poder adquisitivo de los sueldos", graficó Gustavo Bassi, presidente de la división Motos de la ACARA, la cámara de los concesionarios.

La soja y el turismo, con viento a favor

El campo, minería y turismo se perfilan como los grandes ganadores dentro de este nuevo contexto económico atravesado por la recesión. Tras la sequía del año pasado (con una pérdida estimada en US$ 8.000 millones), la agroindustria recupera su potencial y "será sin duda el motor para el rebote económico en 2019", explica Guillermo Barbero, socio de la consultora First Capital. Y añade que "esta expectativa favorable tiene justificación en las primeras previsiones para la campaña que acaba de comenzar".

Sin embargo, Marcelo Elizondo, titular de la consultora DNI, distingue varias velocidades entre los sectores exportadores, entre ellos el complejo sojero. "Los granos oleaginosos y aceites en general es el principal componente de la oferta de agroalimentos argentinos al mundo", introduce. La devaluación, sin embargo, implicará para los productores un rápido beneficio económico pero sin mayores incrementos de las exportaciones". Algo parecido ocurre con los cereales, la pesca, el sector automotor y la minería.

"La sumatoria de las exportaciones de trigo y harina de trigo se encuentran en este momento, aun antes del efecto de la devaluación, en un valor ampliamente mayor al promedio de las últimas campañas", señaló el economista. Según datos del Indec, entre diciembre de 2017 y mayo de 2018, la Argentina exportó 9,2 millones de toneladas, esto es "un 4,8% más que el año pasado y más del doble del promedio de los últimos 5", añadió.

Por otro lado está la industria pesquera. La Argentina exporta el 90% de su producción, principalmente calamar, merluza y langostinos. "Las exportaciones pesqueras generan más de US$ 1.500 millones anuales, una cifra equiparable a las ventas de carne vacuna al exterior", subraya Elizondo. La minería, por su parte, exportó más de US$ 4.100 millones en 2017, provenientes sobre todo de la venta de oro y plata (el 65% del total).

El mismo panorama afrontan varias economías regionales, muy dependientes del tipo de cambio y que hasta la devaluación venían muy postergadas, entre ellas peras, manzanas, ajo, cítricos y maní. "La Argentina exportó en los últimos años unas 900.000 toneladas de frutas anuales", dice Elizondo y aclara que la suba del dólar podría impulsar las ventas al exterior de esos productos.

En el caso del sector energético, petróleo y derivados, la devaluación implica incentivos a la producción y la llegada de nuevas inversiones. "El sector lleva exportados casi US$ 2.500 millones en los primeros 8 meses del año", comentó el analista. Elizondo, por último, pronostica vientos de cola para otros productos exportables, entre ellos lácteos, vinos, miel, pollos y legumbres. "Lo mismo para algunas pymes industriales enfocadas en químicos, plásticos, máquina, aparatos eléctricos y mecánicos", añadió.

La devaluación implica un cambio drástico para el sector turístico. "El año pasado, con retraso cambiario, la Argentina superó a Brasil como principal destino en la región para los turistas extranjeros", dice el secretario de Turismo, Gustavo Santos. En lo que va del año y a la espera del impacto devaluatorio, Santos resume que "estamos alcanzando los 7 millones de turistas extranjeros", lo que representa un crecimiento del 5% si se lo compara con el mismo período de 2017.

Con un dólar rozando los $40, se presume que habrá menos argentinos viajando al extranjero y un aluvión de visitas desde el exterior. Pero Santos aclara que el impacto no es inmediato. "La mejora del tipo de cambio repercute primero en los países limítrofes y posteriormente, en los más lejanos, siempre y cuando estas condiciones se mantengan".

"El efecto dólar -insiste- va a llegar con el tiempo, por el boca en boca". De todos modos, ya se observan síntomas de los nuevos tiempos. Por caso, las largas colas de chilenos tratando de ingresar a la Argentina para efectuar compras, casi un espejo invertido de lo que ocurría el año pasado. El funcionario, sin embargo, destacó que la cantidad de viajeros argentinos por vía terrestre, entre julio y agosto cayó 50%.

"Si esto se consolida (paridad cambiaria muy competitiva), el turismo será uno de los grandes ganadores", se entusiasmó. De todos modos, el panorama ayudará a equilibrar la balanza de divisas por turismo,entre los ingresos (US$5.400 millones) y los egresos (US$12.000 millones).

Ladrillos y autos: una ruta incierta

Para la construcción, la venta de propiedades y la industria automotriz, los pronósticos son reservados. Precisamente son los sectores que crecieron en 2017 a una tasa de doble dígito, favorecidos principalmente por el retraso cambiario y el acceso al crédito al consumo y la fórmula UVA.

Los créditos hipotecarios impulsaron un boom de compraventas, motivado por una demanda reprimida. El mercado inmobiliario, sin embargo, está dolarizado y el impacto de la devaluación modificó sustancialmente la relación cuota/ ingreso. A principios de año, para acceder a un departamento de dos ambientes, la cuota promedio rondaba los $7.000. "Hoy está en $26.000", compara Germán Gómez Picasso, director de la consultora Reporte Inmobiliario.

Las hipotecas implican una pesificación parcial del valor de las propiedades, ya que el tomador de crédito recibe pesos y paga en dólares. La suba del tipo de cambio impacta directamente en las operaciones. "Un departamento que en enero costaba $2,2 millones hoy vale casi $4,7 millones", subrayó este especialista, que prevé "un parate muy fuerte de la actividad hasta fin de año".

La recuperación, coinciden en el sector, dependerá de la estabilización del valor del dólar y, sobre todo, de la evolución del precio de las propiedades. "Si bajan, el mercado reacciona", dice Gómez Picasso, en un nivel cercano al 15%. ¿Existe la posibilidad de que eso ocurra? El experto explica que "en la Argentina hubo muchas devaluaciones y los precios no bajaron", pero aclara que "en este país nunca se sabe, no me animo a ser tan tajante en el pronóstico".

Armando Pepe, titular del Colegio de Corredores Inmobiliarios, sostiene que el mercado trabaja a media máquina. "El que tiene los dólares, el que ingresó al blanqueo o el que vendió una propiedad, sigue operando. Pero el que necesita un crédito, quedó afuera y no sé cuándo podría reaccionar", dijo. Su balance del año es que "el mercado venía bien hasta mediados de abril, pero el año termina complicado. Igual, sostiene que 2018 es un año bueno, "tras un 2017 que fue el mejor en décadas".

Los entendidos remarcan que si bien hay resistencia de los propietarios a bajar el precio de los inmuebles, son más propensos a escuchar contraofertas. "Los porcentajes oscilan entre 5 y 15%, según la necesidad", dice Pepe, que prevé una lenta recuperación del mercado siempre y cuando reaparezca el crédito.

Dentro de tanta incertidumbre, Guillermo Barbero, socio de la consultora First Capital, remarca un aspecto positivo de la devaluación. "Medido en dólares, la caída del costo de mano de obra y los insumos gruesos que son de origen nacional impulsarán pequeñas obras, refacciones y ampliaciones". Y añade que para el caso de obras de mayor envergadura, (más de 1.000 m2), en la medida que puedan sortear las dificultades del financiamiento, existen posibilidades para aprovechar la baja del costo de reposición. Esta actividad podría tener un rebote más rápido de aquí en adelante", pronosticó. Gómez Picasso coincide en que es un buen momento para refaccionar, ampliar o remodelar propiedades. "Los costos de la construcción cayeron 40% con respecto al año pasado", grafica.

Entre luces y sombras está la industria automotriz. "El sector, hoy, tiene la doble ventaja para exportar: el tipo de cambio y la recuperación de Brasil", introduce Marcelo Elizondo, de la consultora DNI. Sin embargo, se prevé una contracción del mercado interno, algo todavía difícil de vislumbrar en las estadísticas. En el acumulado del año, entre enero y septiembre, se llevan patentados 686.000 unidades, lo que representa una caída de 2,2% con respecto al mismo lapso del año anterior.

A inicios de 2018, desde el sector proyectaban alcanzar el millón de 0 km vendidos, un récord. Pero la suba del dólar y las tasas complicó el panorama. Las terminales compensarán la contracción con exportaciones, pero los concesionarios dudan. La mayoría estima que este año despacharán alrededor de 800.000 unidades, un volumen considerado bueno. "Estamos apostando a 700.000 unidades para el año que viene", dijo una fuente de Volkswagen, pero aclaró que la clave está "en lo que ocurra durante el primer trimestre".

"La primera parte del año arranca lento, con una mejora en el segundo semestre", arriesgaron desde otra marca internacional.

Consumo masivo, motos y electrónica, sin reacción

Desde hace dos años y en contraste con muchos bienes durables, la venta de artículos masivos (alimentos, bebidas, tocador y limpieza) cayeron fuerte. En el escenario actual, con contracciones generalizadas por la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, el segmento no cae tanto, coinciden analistas sectoriales.

"Durante el primer trimestre del año y hasta mayo veníamos registrando crecimiento en volumen. A partir de junio comenzó a registrarse una desaceleración del consumo. Y la estimación gruesa es que el año cerrará en línea con 2017, sin crecimiento", explican desde Coca-Cola.

"Hasta septiembre registramos una caída acumulada de 0,4% y nuestra proyección es cerrar el año con una baja del 1,3%", señaló al Económico Osvaldo del Río, director de la consultora Scentia. Con respecto a 2019, este experto pronostica un año similar. "Los primeros 5 meses, el consumo masivo no va reaccionar. Pero podría repuntar a partir de junio, porque la cuestión electoral impactará positivamente", arriesgó.

El dólar apunta hacia abajo y vienen los premios por pagar con tarjeta de débito
Sobre las bajas pronunciadas en los primeros dos años de la era Macri, Del Río explica que registraron caídas significativas (4,5% en 2016 y 3,2%, en 2017), ya que "2013 y 2015 fueron los de mayor consumo de los últimos 22 años". Los analistas sostienen que el consumo de esos años venía con anabólicos, como las tarifas de servicios subsidiadas y el cepo cambiario. "Con la desaceleración de la inflación y el surgimiento del crédito, los excedentes de los ingresos beneficiaron a los bienes durables", explican los expertos.

Hay otros mercados con pronóstico de estancamiento: electrodomésticos y motos. Doblemente impactados por la suba del dólar (impacto directo en los precios) y la suba de tasas (cuotas más caras y lapsos más cortos), los dos sectores afrontan un panorama difícil. "Antes de la devaluación proyectábamos quebrar el récord de ventas, con más de 719.000 unidades patentadas. Hasta marzo veníamos con ese ritmo, pero el bajón terminó licuando el crecimiento", se lamenta Gustavo Bassi, presidente de la división Motos de la ACARA, la cámara de los concesionarios.

Las estadísticas marcan que las ventas cayeron fuerte en septiembre, aunque Bassi estima que cerrarán el año con una caída acumulada de entre 7 y 8% con respecto a 2017. En el sector estiman un volumen de entre 600.000 y 650.000 unidades. "¿Para el próximo? Vamos a ver si llegamos a las 600.000", pronostica Bassi.

Para adelante, este directivo prevé "una recesión prolongada por la suba de tasas (la mayoría de las motos se venden en cuotas) y la pérdida del poder adquisitivo". Igual, Bassi asegura que están tratando de encontrarle la vuelta. "Estamos negociando con bancos y tarjetas para lanzar planes a tasas diferenciales", sostuvo, sin dar más precisiones.

Walter Steiner, presidente de Zanella, remarca que las ventas de motos "depende mucho de la financiación, y si las tasas siguen subiendo, la venta cae más". De todos modos, subraya que recibieron algún respaldo oficial con la prolongación de los planes Ahora 12 y Ahora 18 y "que también ampliaron el mínimo".

Con respecto a 2019, Steiner pronostica un mercado con un piso de 400.000 y un techo de 600.000 unidades. "Uno trata de orientarse, pero no hay muchas señales promisorias. Ahora, si el Gobierno tiene éxito con la estabilización del dólar, si no se imprimen billetes y con el pronóstico de cosecha récord del campo, eso podría ayudar", señaló.

Casi como un calco, la electrónica de consumo y los electrodomésticos ajustan sus proyecciones a la baja por el doble impacto de la devaluación y el encarecimiento del crédito. Enrique Echevarría, analista de la consultora GfK, reconoce que a principios de año "teníamos proyectado un crecimiento del 10%, y ahora creemos que el año cerrará con una caída de entre 15 y 16%, medido en unidades". Esa caída, aclara el experto, computa "la suba registrada en el primer trimestre".

Sobre pronósticos, Echevarría sostiene que no prevé reactivación alguna para el mercado, "al menos hasta junio del año que viene. Recién a partir de mediados de año podría haber algún rebote de la actividad, cuando se acomoden los salarios y si las tasas bajan. De todos modos, aclara que "este es el mejor escenario que podemos imaginar".

La línea blanca (heladeras, lavarropas y cocinas) es una categoría procíclica, muy dependiente del valor del dólar y el acceso al crédito. "Hoy, financiarse a 12 cuotas tiene un costo financiero total del 80%", sostuvo Echevarría.

Enrique Laffue, un alto ejecutivo de LG, explica que la electrónica es altamente sensible a los cambios económicos. "Es una categoría muy elástica. Cuando el consumo general cae 2%, la nuestra cae el 20%", dijo. Por otro lado, añade que es lo primero que se deja de vender en épocas de crisis, "pero también es la que más rápido reacciona cuando la economía repunta".

El único segmento que resiste, parcialmente, son los celulares. "La gente los compra igual, sin importar el presupuesto. Si no le alcanza para la alta gama, se pasa a la media pero se lleva algo, seguro", explican desde el sector.

(Fuente: Clarín)