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Crisis en Reino Unido: renunció la primera ministra Liz Truss luego de 45 días en el cargo

La primera ministra ya se lo anunció al rey. Se quedará en el poder hasta que se elija a su sucesor.

La primera ministra británica Liz Truss renunció este jueves tras quedar al borde del abismo. Había sido convocada por el Comité en 1922, la máxima autoridad del partido. 

Truss anunció su renuncia al rey Carlos III. Dijo que se quedará en el cargo hasta la elección de su sucesor. Y que no habrá elecciones anticipadas.

Frente a este escenario de la renuncia hay dos opciones: o los conservadores consiguen “un candidato común”, que puede ser el ex Chancellor Rishi Sunak o el secretario de defensa Ben Wallace o hay elecciones generales. Este último escenario parece descartado. 

De haber elecciones, créase o no, podría ser Boris Johnson el candidato conservador porque los Tories no tienen otro para enfrentar una campaña que el laborismo puede ganar ampliamente, como Tony Blair en 1997. Boris es muy popular en las bases militantes, que no fueron los que votaron a Liz Truss en la campaña por el liderazgo, y el 66 por ciento de ellos quieren que Truss se vaya ya.

La crisis se tornó insostenible este jueves luego de que catorce diputados pidieran este jueves que la primera ministra se vaya inmediatamente tras las caóticas y vergonzantes escenas en la cámara de los Comunes, cuando los Whips (líderes del bloque) forzaban físicamente y a los empujones a los legisladores conservadores a votar a favor de la ley Fracking.

"Un caos absoluto, total, abyecto”, como describió el periodista británico Tom Bradby en la apertura del noticiero más importante del reino.

El laborista Chris Bryant denunció el bullying y maltrato de los whips a sus pares conservadores para que votaran a favor de la ley del gobierno. Al menos 14 Tories se negaron a votar.

El Comité 1922 llegó a recibir más de 100 cartas para que echen a Liz Truss, de 84 legisladores, ex primeros ministros, ex Chancellor y otros funcionarios.

 

Un caos jamás visto

El Parlamento de Westminster, templo de la democracia y de las más antiguas tradiciones británicas , fue escenario de escenas absolutamente asombrosas en la noche del miércoles. Los ministros conservadores, incluidos Jacob Rees-Mogg y Therese Coffey, insultaron y empujaron violentamente a los parlamentarios conservadores a votar lo que el gobierno les ordenaba votar.

Se votó una enmienda de la oposición laborista, que pedía la prohibición absoluta de la explotación de gas de fracking, mientras que el gobierno de Liz Truss se había manifestado a autorizarla.

Muchos parlamentarios conservadores habían dicho que tenían la intención de votar a favor de esta enmienda, mientras que en algunos de sus distritos electorales, la oposición a cualquier intento de fractura hidráulica es fuerte.

Pero el gobierno no lo entendió así y amenazó a los parlamentarios conservadores con represalias. En la Cámara de los Comunes, en el momento de la votación, los diputados se separan físicamente en dos lobbies, según voten "aye" (sí) o "no". Fue al entrar en estos pasillos que se produjeron los empujones y agresiones.

El jefe de los whip y su adjunto, encargado de la disciplina electoral dentro del partido, fueron vistos saliendo del local enfurecidos, uno de ellos gritando: “Ya no me importa un carajo, renuncio”. Lis Truss había perdido completamente el control del partido.

 

 

La pelea con la ministra del Interior

La ministra del Interior, Suella Braverman, anunció su salida del gobierno luego de haber enviado, “de buena fe”, en un “desafortunado error”, información clasificada desde su teléfono móvil personal.

Pero la ministra habría sido expulsada tras una monumental discusión en la víspera con Liz Truss, "gritando" durante más de noventa minutos, según el Daily Mail, en torno a la elección de la política migratoria del país.

Suella Braverman, de origen indio y Mauriciano, se inclina por una política muy restrictiva, sueña con enviar a todos los inmigrantes a los valles de Ruanda, mientras que Liz Truss sería más flexible.Ella tiene ambiciones de reemplazar a Truss.

En medio de todo esto, se ha despedido a un asesor especial del número 10 de Downing Street y se ha abierto una investigación sobre su comportamiento, pero, llegado al punto de no retorno al que parece haber llegado, es solo un detalle. Y Liz Truss anunció que había vuelto a cambiar de opinión sobre el aumento de las pensiones, contradiciendo a Jeremy Hunt, su nuevo y segundo Ministro de Hacienda, en cuarenta y cuatro días en Calle Downing.

El parlamentario conservador Charles Walker, mesurado y serio, apareció lívido, a veces al borde de las lágrimas: "Ya tuve suficiente, tiene que parar. Estoy cansado de estos incompetentes que no piensan en el interés de su país, sino en su progreso personal”.

 

¿Quién será el sucesor de Truss?

Es el gran interrogante. El Brexit y sobre todo su principal artífice, Boris Johnson –a quien se lo vio el miércoles en una playa de la República Dominicana con su dos hijos– lograron vaciar al Partido Conservador de su sustancia y su competencia, que hoy nadie puede identificar con certeza una alternativa creíble para reemplazarla .

Es un día de gran crisis en Westminster. “¿Qué crees que pasará?”, se preguntaban los periodista y los diputados entre ellos en la mañana de este jueves.

Peter West, un prestigioso economista británico, dijo a esta corresponsal: “Mi país me da vergüenza. No es diferente al suyo en estos días”.

Isabel Hilton, periodista reconocida británica y CEO de China Dialogue, tiene una esperanza: ”Con suerte esto será el final de 40 años de esta loca y destructiva economía de mercado en mi pais”.

(Fuente: Clarín)

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