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Córdoba, más isla que nunca

* Por Sergio Suppo. El famoso impacto nacional en el proceso cordobés, lejos de acercarse, parece cada día alejarse más, hasta perderse en la tierra de las hipótesis tiradas al voleo.

Los cordobeses que no aman a Cristina Fernández y su autoelogiado modelo de transformación pueden estar tranquilos. Los tres dirigentes que se proponen gobernar Córdoba hasta 2015 prometen ponernos a salvo de las políticas y de los ejecutores que conducen a la reelección de la Presidenta.

Promesas, dijimos. La vigencia y duradera dependencia de Córdoba como de otras provincias, más la creciente acentuación del sistema unitario de gobierno, molerán esas palabras. Sea quien fuere, el gobernador que viene se proclamará cercano al próximo presidente, en nombre de sus perentorias necesidades de caja.

Nada nuevo, nueva escena.

Borratina. El camino de Cristina parece cada vez más despejado por el raro fenómeno de que cada semana que pasa le van desapareciendo competidores. Su agenda, en cambio, está cargada de problemas en el interior del esquema de poder que la sostiene. Es otro tema, tal vez el asunto que ponga en crisis al kirchnerismo y a sus aliados.

Pero, en Córdoba, eso interesa menos. Acá, la gobernación se definirá entre candidatos más al centro que a la centroizquierda kirchnerista y mirando más a la derecha que a las causas transgresoras que defiende la viuda presidencial.

Los cambios en el escenario nacional parecen todos guiños orientados a consolidar la pretensión eternizante y hegemónica del fanatismo K.

Dicho de otra forma, hay cada vez menos ofertas y la variedad de posibilidades se concentra sólo en Ricardo Alfonsín, hijo de Raúl Alfonsín, ganador del papel de candidato opositor más por la fuga del resto que por mérito propio.

Mauricio Macri, la última gran esperanza blanca del peronismo disidente (la primera fue Carlos Reutemann), se guardó en la ciudad de Buenos Aires; una decisión que le podría costar muy cara, al extremo de poner en riesgo el control político de su propio territorio en las elecciones anticipadas de jefe del Gobierno porteño. Esa maniobra dejó descolocado en Córdoba a Eduardo Mondino y los partidos conservadores que querían acompañar al ex presidente de Boca.

Otro que se quedó sin candidato presidencial fue Luis Juez. Fernando "Pino" Solanas eligió la más módica competencia porteña, con lo que ahora sus seguidores del interior sueñan con un frente de centroizquierda que podría comenzar el indeciso socialista santafesino Hermes Binner. A Juez lo nombran en esa coalición, pero el cordobés está metido de lleno en intentar ganarle a José Manuel de la Sota y, además, porque en verdad el ex intendente puede ser muchas cosas menos un progre centroizquierdista. En el fondo, tiene los genes de los peronistas, que acomodan el cuerpo según la moda ideológica del momento.

En ese punto, se parece bastante a su enemigo De la Sota. Ambos fueron menemistas con Carlos Menem y kirchneristas con Néstor Kirchner, sin resignar nunca ser algo encabezado por ellos mismos.

Oscar Aguad se ilusionó con dos candidatos presidenciales del radicalismo que le darían contexto nacional a su esperanza de ser gobernador. Los mendocinos Julio Cobos y Ernesto Sanz ya se guardaron y quedó en pie el menos simpático para la moderada conducción del radicalismo cordobés, que desconfía de la capacidad de Ricardo Alfonsín para hacerse cargo de ser el único postulante en pie frente a Cristina.

El famoso impacto nacional en el proceso cordobés, lejos de acercarse, parece cada día alejarse, hasta perderse en la tierra de las hipótesis tiradas al voleo.

Pasaron al archivo supuestas conveniencias y desventajas.

José Manuel de la Sota tendría que llevar adelante el peso de un Gobierno nacional impopular entre los cordobeses. Eso comenzó a terminarse en la exposición del Bicentenario y se consolidó con el fallecimiento de Néstor Kirchner. Desde entonces, la clase política de todos los colores tomó nota de que Cristina se había convertido en una candidata muy difícil de vencer.

Pero la vida tiene mil vueltas. Y ahora son Cristina y su gente los que dudan en pegarse a De la Sota, lo que por otra parte no perturba tanto al ex gobernador, interesado en relanzar para el turno 2015 una ambición presidencial que para entonces tendrá más de un cuarto de siglo.

De la Sota, que vuelve a Brasil por estos días, tiene por delante resolver un acuerdo con el gobernador Juan Schiaretti, su aliado-rival. Los kirchneristas que pugnan por recibir algo en el reparto de cargos que tiene por delante el peronismo sospechan, con razón, que cuando ambos terminen quedara poco y nada para ellos.

Los kirchneristas han amagado y seguirán amagando con armar una lista propia para competir por la gobernación, ansiosos como están de ser reconocidos por el supuesto socio De la Sota. No parece que vaya a darles el cuero.

Mientras la gente de Schiaretti hace ver que notan en De la Sota a un candidato con menos ganas y reflejos que en otros tiempos, los muchachos del ex gobernador deslizan sospechas ingratas sobre "el Gringo": "Quiere que De la Sota pierda y que gane Juez para borrarlo del mapa del peronismo", dicen, sin medir que pronto estarán abrazados por un acuerdo.

Problema capital. El problema no es sólo la pelea entre ellos, sino el interminable conflicto que debilita las chances de De la Sota: el peronismo capitalino. Esa interna sin final, lejos de aquietarse con los comicios que consagraron nuevas autoridades partidarias, se agitó todavía más.

De la Sota y Schiaretti tironean por los cargos y espacios de poder para el hipotético ciclo que viene, pero también por la forma de resolver un problema que incluye la posibilidad de que una parte de esa estructura en crisis termine en manos de Juez.

En algún momento creerán haber encontrado una solución y allí se sabrá a cuántos conforma y para qué sirve. Es tan grande el conflicto en el peronismo capitalino como grande la distancia de aspirar seriamente a recuperar la Municipalidad. Otro tanto puede decirse del juecismo, que no tiene ni puede mostrar todavía un candidato a intendente serio. La supuesta postulación de Daniel Juez, hermano del candidato a gobernador, es un signo de esa pobreza.

Las cosas se pueden entender de formas diferentes. Vaya un ejemplo sobre las facilidades que están regalando peronistas y juecistas: el candidato radical a la intendencia, Ramón Mestre, prepara un viaje a París para dictar dos conferencias en el Senado francés y en la Universidad de la Sorbona. Temas: la francofonía y la Antártida. ¡¡Oh la lá!!