Casa FOA 2026 en el Palacio Molina, los espacios que mejor dialogan con la historia de Alpargatas
La edición 42 de la muestra de arquitectura, diseño interior y paisajismo eligió la antigua fábrica de Barracas como escenario. Entre más de 40 propuestas, algunas se destacan por recuperar la memoria industrial del edificio y vincularla con el arte, los objetos y la identidad bonaerense.
La edición 2026 de Casa FOA tiene un protagonista que excede los ambientes intervenidos. El Palacio Molina, antigua fábrica de Alpargatas en Barracas, aporta una arquitectura de escala monumental, pisos marcados por el uso y paredes que conservan las huellas de su pasado industrial.
Sobre ese escenario, arquitectos, diseñadores y artistas ensayan distintas formas de relacionar la historia con el presente.
Con el concepto curatorial de la alquimia como punto de partida, la muestra reúne más de 40 espacios en una superficie de 5.700 metros cuadrados. La propuesta invita a recorrer ambientes contemporáneos, aunque algunos consiguen ir más allá de las tendencias decorativas y encuentran en el edificio una fuente de inspiración que se traduce en ideas concretas.
Uno de ellos es el espacio de Gabriel del Campo, que reúne objetos antiguos, automóviles, arte contemporáneo y alfombras persas en una composición donde cada pieza parece traer consigo una historia. El proyecto conserva el piso original de la fábrica, incluidas sus rayas amarillas y las marcas que dejó el trabajo. En lugar de ocultarlas, las incorpora al diseño.
Un Bugatti y la silueta de un MG Le Mans conviven con baúles de Louis Vuitton, obras de arte y un patchwork de alfombras persas antiguas. El resultado remite a una época en la que los objetos estaban hechos para acompañar viajes y atravesar generaciones. La propuesta de Del Campo encuentra su identidad en esa convivencia entre la crudeza del espacio fabril y piezas que cargan con su propia memoria.
Otro de los puntos de interés aparece en CAMPO. Poética de la escala, la instalación de Mariela de Maio y Guillermo Patiño (Espacio 31), que propone una lectura de dos expresiones de la modernización argentina. 
Por un lado, la antigua fábrica de Alpargatas, vinculada con la producción textil y el calzado de los trabajadores. Por otro, la obra de Francisco Salamone, el arquitecto que transformó el paisaje de numerosos pueblos bonaerenses con sus municipalidades, mataderos y portales de cementerios.
Aunque no existió un vínculo directo entre la fábrica y Francisco Salamone, ambas historias permiten establecer una relación histórica y simbólica.
Alpargatas acompañó la expansión del trabajo y la producción industrial, mientras Salamone llevó una arquitectura monumental a localidades de la provincia. La instalación explora ese contraste entre el gigante textil y el gigante de hormigón, entre un producto cotidiano y edificios públicos que modificaron la escala de pueblos enteros.
Dentro de esa propuesta, el homenaje a Salamone realizado en vitral suma un elemento que merece detenerse a mirar. La obra recupera la figura de un arquitecto cuya producción forma parte del patrimonio bonaerense.
Alpargatas y Francisco Salamone representan dos expresiones de la modernización bonaerense de los años 30. Mientras la fábrica producía el calzado de los trabajadores rurales, Salamone levantaba municipalidades, mataderos y cementerios monumentales en pueblos como Azul, Balcarce, Coronel Pringles y Guaminí. Sin un vínculo directo entre ambos, sus obras confluyen en el paisaje y la identidad de la llanura pampeana.
El color también tiene un lugar destacado en el recorrido. La intervención de Alfredo Segatori introduce un registro visual de gran intensidad, en contraste con la materialidad del edificio y las propuestas que trabajan sobre sus texturas originales. Su exabrupto cromático aporta una presencia distinta y demuestra hasta qué punto el arte puede modificar la percepción de una arquitectura preexistente.
En el espacio 23, el departamento diseñado por Ramiro Arzuaga y la arquitecta Verónica Biscay busca construir una casa con identidad propia para una pareja de influencers. La propuesta combina terciopelos, molduras, mármoles, hierro industrial, piezas de diseño y objetos seleccionados, con una estética maximalista que no pretende disimular las marcas del edificio.
Las carpinterías fabriles, los muros desgastados y los antiguos cerramientos vidriados conviven con materiales contemporáneos. La intención es construir una atmósfera teatral y acogedora sin borrar las señales del pasado productivo del Palacio Molina.
La edición de Casa FOA en Barracas permite observar distintas maneras de intervenir una construcción histórica. Algunas propuestas ponen el acento en la sofisticación de los interiores; otras encuentran en los materiales, los objetos o las referencias culturales un argumento más profundo.
En un edificio que fue concebido para producir a gran escala, el diseño contemporáneo encuentra una oportunidad para conversar con la historia sin necesidad de borrar sus huellas.
Fotos: Adrián Cavalheiro y Gentileza Prensa Casa Foa
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