¿Cada vez nos cuesta más concentrarnos?
La literatura científica señala un aspecto central: la atención humana es un recurso limitado. Nuestros sentidos están expuestos continuamente a una gran cantidad de estímulos y el cerebro no tiene la capacidad suficiente para procesar toda esa información.
Le propongo un desafío: Leer esta nota sin interrupciones. Puede parecer una tarea sencilla, pero es probable que en algún momento, su teléfono celular vibre o suene y reciba una notificación. Quizás la revise y sin darse cuenta termine haciendo scrolling (deslizar el dedo por la pantalla), viendo reels o videos dentro de alguna red social y solo después de varios minutos recuerde que la tarea inicial era la lectura. Algo similar ocurre con muchas de nuestras actividades cotidianas. Una tarea que antes podíamos completar en pocos minutos puede llevarnos ahora más tiempo de lo previsto, o quedar inconclusa después de varias interrupciones.
Pero ¿esto significa que cada vez nos cuesta más concentrarnos? Para comprenderlo, primero es necesario entender qué es la atención y cómo funciona.
La atención no es un proceso único, sino un conjunto de mecanismos que trabajan de manera coordinada, que permiten seleccionar entre toda la información que nos rodea, aquellos estímulos que resultan relevantes para lo que estamos haciendo y para alcanzar nuestros objetivos. Incluye la orientación, el estado de alerta, la atención sostenida (o concentración) y sistemas más complejos relacionados con el control ejecutivo (administración de recursos), es decir, la atención no se limita a filtrar información, también participa en la supervisión y regulación de otros procesos cognitivos.
En este sentido, la atención constituye una condición fundamental para la memoria y el aprendizaje, de hecho, algunos autores la definen como “la antesala de la cognición”. Sin una adecuada asignación de recursos atencionales, otros procesos pueden verse considerablemente afectados.
¿Qué ocurre cuando estamos constantemente expuestos a estímulos que compiten por nuestra atención?
La literatura científica señala un aspecto central: la atención humana es un recurso limitado. Nuestros sentidos están expuestos continuamente a una gran cantidad de estímulos y el cerebro no tiene la capacidad suficiente para procesar toda esa información. Para resolver este “cuello de botella”, necesita seleccionar qué estimulo procesará y cual descartará, esto es lo que conocemos como foco atencional. De manera que, aunque parezca obvio solo percibimos conscientemente aquello que está en nuestro foco de atención.
En la actualidad, gran mayoría de las actividades que realizamos están mediadas por entornos digitales, lo cual representa un desafío para nuestra atención porque estamos inmersos en una ola permanente de notificaciones, interrupciones, estímulos visuales y un enorme volumen de información. Sin embargo, no significa necesariamente que nuestra capacidad atencional se esté deteriorando de manera generalizada. Este problema puede comprenderse mejor como un desajuste entre nuestras capacidades cognitivas y las características del entorno social y tecnológico actual.
Diferentes estudios que analizan el impacto de los teléfonos inteligentes y las redes sociales sobre los recursos atencionales, muestran que las notificaciones constantes actúan como señales que desencadenan una revisión inmediata y repetitiva del dispositivo.
También, señalan que una sola notificación ralentiza el procesamiento cognitivo durante aproximadamente siete segundos, es decir, cuando se enciende nuestra pantalla y decidimos no ver el contenido de dicha notificación, aunque creamos que esta fue ignorada, nuestro cerebro gasta recursos en decidir no mirarla y recuperar el ritmo inicial con el que venía llevando a cabo una tarea. Además, tras sufrir una interrupción en una actividad compleja (por ejemplo, la lectura de un texto), podemos necesitar entre 20 y 30 minutos para retomar el estado de concentración previo.
Ahora bien, los smartphones y las pantallas son difíciles de dejar de usar, en parte porque muchas aplicaciones recurren a funciones como el deslizamiento infinito (infinite scroll), la reproducción automática, las actualizaciones constantes y la personalización de contenido. Estos diseños eliminan la oportunidad en donde una persona podría decidir detenerse, ya que se basan en sistemas de recompensas variables, en otras palabras, no saber cuándo aparecerá un contenido especialmente interesante, hace que el cerebro se mantenga en un estado de constante expectativa, aumentando la probabilidad de que la conducta de buscar o revisar se convierta en un hábito automático, compulsivo, atractivo y altamente reforzante.
¿Cuál es el costo cognitivo y psicológico? Cuando estos entornos digitales sobrecargan nuestros recursos atencionales, el cerebro se ve forzado a aplicar métodos de reducción de esfuerzo, o sea, deja de responder de manera óptima para hacerlo de manera automática (mindless scrolling) y abandona el procesamiento profundo. De hecho, varios autores afirman que más allá de la interrupción de acciones cotidianas, también existen retrasos en la toma de decisiones y menor capacidad de análisis crítico. De la misma manera, muchas personas describen la experiencia del uso del celular como necesaria, útil y divertida, pero contradictoriamente scrollear se asocia con distorsión de la noción del tiempo, pérdida de control, trastornos del sueño, ansiedad y poco recuerdo de la información consumida.
En la actualidad, las demandas sobre la atención han aumentado considerablemente, mientras que la capacidad de procesamiento del cerebro humano permanece prácticamente igual. Hoy en día contamos con desarrollos tecnológicos al alcance de nuestras manos que quizá nunca nos atrevimos a imaginar, pero paradójicamente estos entornos pueden implicar costos cognitivos y psicológicos. Esta idea no sugiere alejarnos de la tecnología y asegurar que ésta tiene efectos únicamente negativos o que todos seamos afectados de la misma manera, pero sí es importante reconocer que nuestras funciones cognitivas son susceptibles a las características de dichos entornos.
Quizás el primer desafío en el contexto actual, tal cual lo propone el neurocientifico Stanislas Dehaene sea “prestar atención a la atención”.
Lic. Zaira K. Rubiano.
Área neuropsicología clínica - Rebiogral.
Lic en psicología- Fundación Universitaria Konrad Lorenz (Bogotá, Colombia).
Maestría en Neuropsicología Aplicada - Universidad del Hospital Italiano de Buenos Aires (En curso).
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