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Así es la nueva apuesta de Marcos Peña para conseguir votantes por WhatsApp

El oficialismo busca llevar a la conversación pública discursos amigables con el Gobierno.

Marcos Peña tiene, luego de meses de ajustes, mediciones y ensayos, una nueva herramienta electoral. La denomina, por ponerle una etiqueta, la "campaña anárquica".

El jefe de Gabinete divide en tres partes el dispositivo que armó para intentar que Mauricio Macri consiga quedarse en la Casa Rosada por un período más.

Las dos primeras son, según el equipo de campaña, los mecanismos "tradicionales" de la publicidad política que adaptó el PRO para adaptarlos a sus modos. Una de ellas son los afiches, los avisos de radio y TV que comenzaron a emitirse el último domingo, las entrevistas en medios de comunicación, las recorridas por centros comerciales y los actos con escenarios montados en el centro del predio. Los timbreos -parte central de esta estrategia durante los últimos años- tendrán que esperar el regreso de temperaturas sociales más amables.

La otra pata es el uso planificado y minucioso de las cuentas oficiales de Mauricio Macri y de otros dirigentes oficialistas. Los "posteos" en Facebook, los tuits y las fotos e historias de Instagram entran en esa categoría. Para el equipo de Peña siguen siendo "tradicionales" porque, si bien permiten las segmentaciones precisas que seducen a los planificadores de campañas publicitarias y fomentan algún grado de interacción con los usuarios de esas redes -un conjunto que cada vez se parece más al padrón electoral-, no dejan de ser canales de transmisión vertical desde los candidatos a sus votantes.

La nueva estrella es el tercer ducto de la apuesta proselitista de Macri: el plan para navegar sobre las embravecidas e imprevisibles corrientes de la discusión pública. Peña lleva varios meses avisando en sus charlas con funcionarios, gobernadores e intendentes del macrismo que la clave de la campaña de este año será desarrollar estrategias para ingresar en las conversaciones de los votantes. El jefe de Gabinete insiste en que hoy el sustento tecnológico de esas conversaciones es la red de mensajería de WhatsApp. Para decirlo de otro modo, el ícono verde que brilla en la pantalla de los celulares cumple en el diseño de la campaña oficialista el mismo papel que desempeñaron la calle, las fábricas, las universidades o los bares en distintas décadas del siglo pasado. El premio mayor es que los contenidos audiovisuales amigables con la gestión del Gobierno sean empujados por los torrentes de la viralización.

Para eso, Macri envía, cada día, treinta mensajes de texto o de voz a grupos de WhatsApp o a argentinos anónimos. Su secretaria le reserva, sin falta, un lugar en la agenda para que se dedique a esa tarea. La idea es que, sorprendidos por recibir una grabación personalizada del presidente, esos receptores reenvíen ese mensaje a sus amigos, familiares y conocidos. Así, un Macri contento, entusiasmado por alguna noticia o portador de un saludo o de un discurso alentador, saltará de teléfono a teléfono a golpe de pulgar. Eso, por ejemplo, sucedió en los últimos días, cuando envió un mensaje a Miriam, una mujer que dirige el comedor popular "Mis sueños" que maneja la iglesia evangelista del Pastor Giménez. Lo que ocurrió fue que Miriam les reenvió el mensaje a sus contactos, y también reenvió la respuesta que ella misma le mandó al presidente.

El Presidente no es el único que se dedicará a esa tarea. La semana pasada, al teléfono de Federico Salvai, la mano derecha de María Eugenia Vidal le llegó siete veces, de siete contactos diferentes de su WhatsApp, varios de diferentes provincias, un audio en el que el bodeguero Alberto Arizu, dueño de Luigi Bosca, elogia con entusiasmo un discurso que la gobernadora dio ante empresarios en Córdoba. Se ve que la viralización funcionó en ese caso, porque Salvai también recibió el audio de una respuesta que Vidal le había enviado a Arizu agradeciéndole los elogios, y, sobre todo, que la haya llamado "esta chica". Salvai no sabía que su jefa había escuchado el primer mensaje ni tampoco que lo había respondido. Ese tipo de circulaciones, que combinan teléfonos de funcionarios, voluntarios convencidos de las bondades del oficialismo y personas anónimas, es la que quiere conseguir Peña, que busca llegar a diferentes grupos de la sociedad -los amigos evangelistas y vecinos de Miriam y los empresarios que conoce Arizu- con el discurso del Gobierno.

Además de los llamados presidenciales y de otros candidatos, los funcionarios macristas y las varias decenas de miles de voluntarios en todo el país que se prestan gustosos a "defender el cambio" -en el kirchnerismo prefieren llamarlos "militantes"- también están dedicados a difundir por las redes sociales, pero especialmente a través de Whatsapp, videos o audios de personas que elogian obras o cambios implementados desde que Macri llegó al gobierno. En este área se inscriben los audios de camioneros celebrando la apertura del Paseo del Bajo, uno de los cuales difundió Macri en su cuenta de Instagram, o los videos no profesionales que usó el equipo de campaña en las publicidades electorales, algunos filmados por ciudadanos de manera espontánea y otros grabados por los publicistas imitando la impronta casera de los otros, que ya se ven por TV.

La directiva que bajó en este caso el equipo de la campaña de Juntos por el Cambio es que cada dirigente o cada uno de los 300.000 voluntarios que tienen en sus bases de datos es:

Detectar a diez "convencidos" e integrarlos a la campaña

Individualizar a diez "indecisos" y convencerlos Peña cree que de esa manera se puede conseguir la "capilaridad" que requiere su campaña anárquica para volverse exitosa.
El problema que tiene esta clase de iniciativas para los parámetros del oficialismo es que se trata de un plan que tiene que ejecutarse a ciegas, sin "métricas" que permitan determinar su efectividad. Un posteo de Facebook permite contar likes, lo mismo que un tuit o una foto en Instagram. En cambio, no hay modo -legal, al menos- de determinar a cuántas personas llegó un mensaje de WhatsApp, o a qué velocidad se viralizó un video que circuló por esa red. La novedad es que Macri, que -ingeniero al fin- siempre pide mediciones que le permitan evaluar cómo funcionarán las decisiones, esta vez compró la idea, incluso a pesar de su costado inmanejable.