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Araceli: "Muero por ser abuela"

A los 43 años, Araceli González, una de las actrices más bonitas de Argentina, dice que no descarta volver a ser mamá, pero aclara que le gustaría mucho más ser abuela.

Araceli González es una debilidad de muchos argentinos. Su hermosa cara, su simpatía y su cuerpo perfecto (sin llegar a ser exuberante) son un combinado de atributos que la enaltecen como una de las más lindas.

Hoy, ya con 43 años, dos hijos (Florencia Torrente de 22 y Tomás Kizner de 12) y en pareja hace tres años con el actor Fabian Mazzei (44), la actriz disfruta a pleno su vida y se entusiasma con el nuevo proyecto: el 13 de abril se estrena "Cuando Harry conoció a Salli" en Capital.

Lejos de ser una mujer afligida, Araceli reconoce en una entrevista para Caras que es una mujer fuerte y capaz de bancársela sola. "Soy de ir para adelante, de salir a pelear, sobre todo si tocan mis afectos. Soy súper femenino, vulnerable, sensible, pero enfrento los casos", expresó.

Por su parte, a la hora de "dibujar" al hombre ideal, la morocha dijo: "El más interesante es el que además de tener un físico fuerte, es una persona protectora. Odio al típico macho argentino. Lo detesto. Me parece inseguro y poco masculino. Detesto al que quiere arrebatar a la mujer". Y esto lo relacionó con su novio actual. "Mazzei es muy varonil, pero no por eso menos sensible. Creo que tiene que ver con la relación maravillosa que tiene con su madre".

–Durante muchos años estuviste en pareja con un hombre poderoso. ¿Cómo es volver a estar con alguien que necesita trabajar para vivir?
–Cuando busco una pareja no estoy buscando al poderoso. Soy autosuficiente. Creo en mi capacidad de generar trabajo. Hay hombres que seducen desde el poder, pero lo que a mí me seduce de un hombre es la sensibilidad, no que sean millonarios, ni nada por el estilo.

–De hecho, te enamoraste de Adrián Suar cuando no era poderoso.
–Tal cual. En ese momento yo lo elegí a él, a Adrián. Es maravilloso que haya trabajado y crecido tanto y le haya ido bien, pero nuestra relación no pasaba por ahí.

–Estás construyendo una casa nueva para mudarte con Fabián y con tu hijo Tomás. Parece muy simbólico, habla de cerrar una etapa, de comenzar otra...
–Sí, estoy construyendo otro escenario, que tiene que ver con mi vida actual. Hace seis años que vivo en mi casa, y esto tiene que ver con lo que planeo para mi vida hoy, que es un proyecto en común con Fabián. Porque el proyecto de tu casa es el de tu vida: lo que necesitás, lo que te gustaría tener.

–¿Entre los proyectos comunes está el de tener un hijo juntos?
–No descarto la posibilidad. En el estado en que estoy, un hijo sería un broche de oro. Pero no es una presión tampoco, ni lo que nos une a mí y a Fabián.


–¿Y cómo viviste el hecho de que Florencia siguiera tus pasos y comenzara una carrera pública, sabiendo que se iba a exponer desde otro lugar?
–Fue un proceso: cuando era chiquita me enternecía presentarla en las notas. Pero cuando quiso entrar en este mundo sentí dos cosas muy distintas. Por un lado, pensaba que si era su elección estaba bien; pero por otro no me encantaba la idea. Porque sé que está más expuesta, y a mí que no me toquen a mis afectos, porque salto a la yugular y me olvido que soy Araceli González. Y eso le genera a ella más presión. Creo que eso retrasó su proceso de darse cuenta de que quería ser actriz. Flor tiene además talento para el arte, la música, el canto, hace sus muestras de pintura...

–Flor se fue a vivir sola. ¿Va tener un lugar en tu nueva casa?
–Claro. Si viene, su lugar va a estar. Y después vendrán los nietos... ¡Muero por ser abuela! No quiero una casa de revista: quiero que se huela hogar, comida, tortas, que pueda estar desordenada. Amo a mi familia: cuando estoy sola, me muero.