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Alma de Campeón: la marca que convirtió la pasión por la Selección Argentina en una empresa

De una tarjeta audiovisual a productos oficiales: la historia de Alma de Campeón.

Christian Moccia y Antonella Grupico crearon una marca que nació después de Qatar 2022, consiguió trabajar con productos oficiales de AFA y luego dio el salto de la tecnología al consumo masivo. Hoy buscan convertir Alma de Campeón en una empresa con nuevas unidades de negocio y proyección internacional.

La consagración de la Selección Argentina en Qatar 2022 dejó una huella deportiva y emocional difícil de dimensionar. Para Christian Moccia y Antonella Grupico, fundadores de Alma de Campeón, también se convirtió en el punto de partida para imaginar un emprendimiento alrededor de esa pasión colectiva.

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“Alma de Campeón nació de una emoción que compartimos millones de argentinos: la pasión por nuestra Selección y la alegría de volver a ser campeones del mundo. Pero, además de vivir ese momento histórico, nos preguntamos cómo podíamos transformar esa emoción en algo concreto, que perdurara en el tiempo y que también tuviera un sentido comercial.”

La primera respuesta fue una tarjeta audiovisual con imágenes del recorrido de la Selección campeona del mundo. El desafío no era solamente concebir el producto, sino transformarlo en algo fabricable y conseguir la aprobación necesaria para asociarlo oficialmente con AFA.

“La tarjeta audiovisual fue nuestra primera gran apuesta y nació de una idea que nos entusiasmó muchísimo: desarrollar un producto innovador, único a nivel mundial, que permitiera revivir los momentos más importantes de la Selección Argentina campeona de la Copa del Mundo de Qatar 2022.”

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El proceso los obligó a trabajar sobre tecnología, diseño, proveedores y fabricación. A eso se sumó una dimensión empresarial nueva: entender cómo funciona una licencia oficial.

“Entendimos que una licencia no es simplemente una autorización para utilizar una marca o un escudo. Implica respetar determinados estándares, cumplir requisitos, cuidar la propiedad intelectual y desarrollar productos que estén a la altura de lo que representan.”

Para los fundadores, conseguir una oportunidad de esa magnitud tampoco significaba que el negocio estuviera asegurado. “Una oportunidad importante no te convierte automáticamente en una gran empresa. Te da la posibilidad de demostrar, con trabajo y responsabilidad, en qué empresa te querés convertir.”

Con la tarjeta como primer paso, Alma de Campeón decidió ingresar a un terreno completamente distinto: el consumo masivo. El producto elegido fue uno de los más identificados con la cultura argentina, el alfajor.

“Elegimos el alfajor porque es un producto profundamente argentino. Forma parte de nuestra cultura, de nuestros recuerdos y de nuestra vida cotidiana. Nos pareció una oportunidad para llevar la pasión por la Selección a un producto cercano, que pudiera llegar a muchísimas personas.”

El salto implicó aprender desde cero sobre producción alimenticia, packaging, distribución, costos y rentabilidad. Y también comprender que el atractivo de la Selección no podía reemplazar la calidad del producto.

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“La pasión puede ser el motor de un proyecto, pero son la calidad, el trabajo y la capacidad de aprender los que permiten sostenerlo en el tiempo.”

Ese crecimiento también transformó la estructura del emprendimiento. Alma de Campeón pasó de ser una iniciativa paralela de sus fundadores a involucrar a más de 30 personas entre equipos y colaboradores.

“No queremos crecer a cualquier costo. Queremos construir una empresa sólida, que genere oportunidades y que conserve su identidad a medida que se desarrolla.”

Ahora, el objetivo es ampliar el concepto mucho más allá de los primeros productos. La compañía analiza oportunidades vinculadas con deporte, merchandising, experiencias, contenidos, licencias, alianzas estratégicas y expansión hacia otros mercados.

“Nuestra visión es construir una empresa que tenga la capacidad de desarrollar diferentes unidades de negocio, innovar en distintas categorías y llevar sus productos y experiencias a nuevos mercados.”

El desafío, aseguran, es mantener la ambición sin perder de vista la ejecución cotidiana ni los valores con los que construyeron la sociedad.

“No creemos que exista un techo predeterminado para lo que podemos construir. Pero sabemos que soñar en grande no alcanza: hay que trabajar, prepararse y demostrar todos los días que estamos a la altura de lo que queremos lograr.”

Y sintetizan esa filosofía en el concepto que terminó dando nombre a la empresa: “Porque, para nosotros, tener alma de campeón no significa creer que ya ganaste. Significa tener la convicción de ir por algo, el respeto para construirlo con otros y la humildad para entender que siempre se puede mejorar.”

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