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Volver de la muerte: Víctor Sueiro, el hombre que nació y murió dos veces

En 1990 vivió la experiencia de estar 40 segundos clínicamente muerto y, desde ese momento, dedicó su carrera revelar los misterios de la vida después de la muerte.

"El éxtasis es absoluto. La luz es una luz, queda dicho (...) Sí, estoy seguro, la luz sonreía. Y si no lo entienden les ruego que me disculpen pero es así como yo lo sentía entonces". (Víctor Sueiro)

Hoy, Víctor Sueiro cumpliría 76 años. Nació un 9 de febrero de 1946 en la ciudad de Buenos Aires. ¿Cuando murió? Es una pregunta engañosa que tiene dos respuestas. Es que Víctor Sueiro fue el hombre que murió dos veces (o nació, según como lo miremos).

La última muerte, de la que ya no regresó, fue el 13 de diciembre del 2007. Tenía 64 años. Un infarto -fatal, ahora- terminó con su vida. Su cuerpo había soportado ya 10 angioplastías y 11 stents.

Ese mismo año había estado en el programa de Mirtha Legrand. "Esta vez me golpeó muy duro, si tengo que pelear por mi vida, peleo muy duro", dijo cuando la conductora le preguntó por su estado de salud. No fue suficiente, nada pudieron hacer los médicos del sanatorio Otamendi.

Víctor, fue mucho más que un sobreviviente. Comenzó a trabajar en periodismo de adolescente, en el diario El Mundo. Luego, participaría de innumerables redacciones, la de revista Gente entre ellas, en la época en que era dirigida por Chiche Gelblung.

Pero su popularidad la ganó como presentador en la televisión. Debutó junto a Lucho Avilés en El juicio del gato y más adelante llegó a Teleshow junto a Alfredo Garrido, José De Zer y Laly Cobas, donde ganó más reconocimiento aún. Luego Siesta, Una terraza al mar, Juguemos en Familia, La cacería fantástica... y hasta participó en Festilindo.

Era una de las figuras más queridas y respetadas de la TV, y fue uno de los pocos que acompañó a Tita Merello en su incursión en la televisión, con Todo Tita. En radio trabajó junto a Fernando Bravo en Un mundo mejor. Era además guionista, lo fue en dos películas de Palito Ortega por caso, pero ni en sueños pudo fantasear un guión tan profundo para su propia vida.

Su primera muerte, había sucedido 17 años antes del adiós final, el 20 de junio de 1990. Y esa es la historia que contaremos esta vez. ¿Fue más o menos significativa? Resulta que aquella vez Víctor Sueiro, periodista, presentador de TV y guionista, murió durante 40 segundos y revivió. No fue el único que lo hizo: cada vez que un desfribilador reanima a una persona tras un infarto, está haciéndolo volver de la muerte. Pero en el caso de Sueiro fue distinto porque, como él lo escribiría luego, la suya fue una experiencia con aquello de "la luz al final del túnel y toda la pelota".

A partir de entonces, su carrera dio un vuelco y se convirtió en uno de los autores más leídos del país. ¿El más importante de sus libros? Sin dudas uno de ellos es Más allá de la vida. La fascinante experiencia de volver de la muerte, escrita finalmente por un protagonista. Allí cuenta, como dice el subtítulo, qué hay después de la muerte. O al menos, qué hay después de un infarto de miocardio.

"Yo, horizontal, en la mesa de intervenciones; una sensación de estar yéndome a la nada; movimientos lentos pero tensos a mi alrededor, el doctor Wisner me dice que me estoy mareando, yo le digo 'sí, sí', y no recuerdo nada más porque todo se puso negro de golpe y pasé a la nada. O eso creía yo, al menos. Y no estaba del todo equivocado: fue en ese instante en que se produjo mi muerte. Pero sí me equivocaba en algo: la experiencia vivida en ese tiempo me demostró que no solo no había pasado a la nada, sino que era muy probable que hubiera pasado al Todo", escribió al comienzo.

"La Gran Experiencia (así la llamaré desde ahora) había durado algo más de cuarenta segundos, y relataré con lujo de detalles cada micrón de instante de lo que entonces sentí, vi y oí", promete luego.

Lo primero que pensó fue que se había desmayado. Se lo dijo a su esposa: "La primera vez en mi vida que me desmayo", y le contó que había tenido un sueño. Estaba emocionado con su experiencia. Pero entonces pasó un médico y le aclaró los tantos: no te desmayaste, fibrilaste. Es decir, el corazón pierde control absoluto de sí mismo y empieza a latir desmesuradamente, provocando un caos en el cuerpo. Después de eso, la muerte. Tienen que dejar que llegue porque intentar una reanimación con el corazón desbocado puede empeorar las cosas. Lo dejan morir entonces, o al menos dejan que su corazón se detenga. Y ahí sí, sucedió, llegó "La Gran Experiencia".

"'Te estás mareando' -me dijo Jorge Wisner. 'Sí, sí'-repetí. Menos de un segundo después entraba en un túnel negro como ha de ser la nada. Con la ayuda posterior de mi amigo Wisner logré recomponer el cuadro de lo ocurrido no solo en mí, con mi propia alma (para eso no hizo falta ayuda), sino afuera, con mi cuerpo", escribió en Más allá de la vida.

Fue la primera vez que lo reconstruyó detalle por detalle. Antes, apenas regresado de esa primera muerte, dio una extensa entrevista con Juan Alberto Badía, pero después no más. "Yo que viví la experiencia sé que uno adquiere por ella un enorme respeto, lo último que quiere es bastardearla. Por eso a menudo muchos que la vivieron callan hasta con sus médicos. Por eso y por temor a que lo tomen para la broma fácil: 'Che, ¿y OVNIS no viste?'. Uno imagina eso y prefiere callar", escribió.

Cuando finalmente publicó su relato, en el que incluye entrevistas que realizó a otros argentinos que volvieron de la muerte, fue un boom de ventas. Durante años, fue uno de los autores argentino más leído del país. Sus libros ofrecían no solo un acercamiento al mayor misterio de la humanidad sino también una esperanza. Para muchos, se convirtió paradójicamente en un referente de la vida.

"El paso de la vida a las tinieblas fue inmediato, instantáneo. Casi enseguida sentí que ya no tenía cuerpo, que yo era otra cosa", escribe ya avanzado el texto, cuando finalmente se dispone a revelar lo que sintió.

Sigue: "Yo, ese nuevo yo, flotaba en alguna parte fuera de los pesares que me acarreaba cargar con todo un cuerpo. Lo pienso ahora y no entonces, pero advierto que no existían allí las sensaciones que pueden cambiar una vida o -por lo menos- un humor: no hay calor, no hay frío, no hay dolor, no hay viento. Lo que queda claro, clarísimo, es que ese algo que era estaba muy cercano a lo perfecto. De repente, la luz impresionante. Era como un sol. Un sol ovalado emanando infinitos rayos que rasgaban las tinieblas de alrededor penetrándolas, matándolas, haciendo notar su poder. (...) Mi nuevo yo sentía la necesidad de acercarse, de entrar a esa luz para formar parte de ella. (...)".

Ese regreso, esa gran experiencia lo cambió para siempre, y también a su carrera. Su entrada en Wikipedia es escueta, pero su bibliografía extensa. Escribió Más allá de la vida 2, La gran esperanza, Poderes, Curas sanadores y otros asombros, El ángel, un amigo del alma, Año 2000, las profecías e Historias asombrosas. Todos fueron éxito.

En el 2003 hizo un programa de televisión del que se esperaba poco y se recibió mucho: Misterios y Milagros, por canal 13. No hacía tele desde el '89. La gente se volcó sobre sus emisiones con la misma avidez que sobre sus libros. Frases como "morir es como un viaje en tren: lloran los que se despiden en el andén, pero el que viaja está muy contento", hacían mella en el público.

¿Puede alguien contarnos la muerte? ¿Es de allí de donde volvió o de una tercera experiencia, alguna vigilia de quirófano que no sabemos nombrar? Él mismo asumía que la discusión es y será -como su concepción de la vida- eterna.

"Es la Paz", escribió. "Uno siente que estuvo corriendo mucho tiempo por un camino lleno de piedras, descalzo y llevando sobre los hombros, en la cintura, en el cuello, en las piernas pesas de cincuenta kilos cada una que ya no se aguantaban más". Y de pronto, al fin, la paz.

Gran parte de esta nota contiene fragmentos de Más allá de la vida. En el ejemplar utilizado persiste todavía una dedicatoria, escrita por la mano firme de Sueiro. Dice: "Por los que están llegando y por los que, solo aparentemente, se fueron". La escribió en diciembre de 1990 y acá estamos. Solo aparentemente.