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Tras 25 años de espera, el Mercosur y la UE firmaron el acuerdo que crea una de las mayores zonas de libre comercio: qué sectores se benefician

El histórico pacto birregional abarca a más de 700 millones de personas y concentra el 25% del PBI mundial. Agroalimentos, economías regionales e inversiones, entre los principales ganadores, aunque persisten desafíos regulatorios y políticos.

 

Este 17 de enero marca un hito en las relaciones comerciales internacionales: el Mercosur y la Unión Europea firmaron finalmente el acuerdo de asociación comercial tras más de 25 años de negociaciones. La ceremonia se realizó a las 12:15, hora local, en el Gran Teatro José Asunción Flores del Banco Central de Paraguay, en Asunción, una ciudad cargada de simbolismo, ya que allí se firmó en 1991 el tratado fundacional del bloque sudamericano.

El acuerdo constituye uno de los pactos birregionales más relevantes del sistema internacional contemporáneo. En conjunto, ambos bloques reúnen a más de 700 millones de personas y representan aproximadamente el 25% del PBI mundial, dando lugar a una de las mayores zonas económicas integradas del planeta.

Una oportunidad estratégica para la Argentina

“La firma es un avance en la conectividad internacional de nuestro país”, sostuvo Fernando Landa, presidente de la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA). En un contexto de crecientes tensiones globales, el acuerdo abre una ventana para atraer inversiones y facilitar la inserción de la Argentina en cadenas de valor vinculadas a un mercado de más de 450 millones de consumidores.

En la misma línea, Pablo A. Pirovano, socio fundador de PASBBA Abogados y presidente del Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia (FORES), destacó que el tratado puede funcionar como una palanca de modernización productiva, aunque advirtió que su éxito dependerá de la capacidad de adaptación regulatoria y estratégica del país.

El mapa del intercambio comercial

El comercio entre ambas regiones ya es significativo. En 2024, el intercambio de bienes superó los US$ 129.000 millones, con un flujo relativamente equilibrado entre exportaciones e importaciones.

Las exportaciones del Mercosur hacia la UE se concentran principalmente en productos agrícolas (42,7%), minerales (30,5%) y pulpa y papel (6,8%). En sentido inverso, la UE vende mayormente maquinaria y equipos (28,1%), productos químicos y farmacéuticos (25%) y material de transporte (12,1%).

Según el informe “Entre la apertura y la competitividad”, elaborado por la consultora LLYC, el acuerdo prevé la eliminación o reducción de más del 90% de los aranceles bilaterales. Las empresas europeas podrían ahorrar hasta US$ 4.640 millones anuales en derechos de aduana.

Agroalimentos, los principales beneficiados

El mayor impacto positivo para el Mercosur se concentra en los agroalimentos. “Europa es un mercado que paga por la calidad más allá del volumen”, explicó Emilio Herz, CEO de deCampoaCampo. En particular, la ampliación de cupos y la reducción de aranceles para la carne vacuna permitirán a la Argentina colocar producción en un mercado exigente, con mejores precios.

Sin embargo, el acceso no será irrestricto. En carne bovina, por ejemplo, se otorgó un cupo de 99.000 toneladas para todo el bloque, una cifra limitada si se la compara con las más de 500.000 toneladas que solo Argentina exportó a China en 2025.

Aun así, Landa destacó la eliminación del arancel del 20% para la cuota Hilton, lo que implicaría un beneficio estimado en US$ 110 millones, y subrayó la importancia de diversificar mercados en un contexto de recientes restricciones del gigante asiático.

Inversiones, previsibilidad y reglas claras

Más allá del comercio de bienes, el acuerdo ofrece previsibilidad para las inversiones. Según estimaciones de la Cancillería, el stock de inversiones europeas en la Argentina podría crecer un 177% en los próximos 10 años.

También se establecen límites a los derechos de exportación: en cueros se eliminarán a los seis años, mientras que para la soja se fija una alícuota máxima del 18% al quinto año. “Es un beneficio económico sustancial que, además, nos obliga a ser más competitivos”, afirmó Landa.

Desafíos y obstáculos por delante

El impacto positivo no será automático. Las empresas del Mercosur deberán adaptarse a exigentes estándares europeos en materia de trazabilidad, medio ambiente, derechos laborales y deforestación, lo que implicará mayores costos de cumplimiento, especialmente para las pymes.

A esto se suman obstáculos estructurales como la complejidad regulatoria, la carga fiscal subnacional, la volatilidad cambiaria y las reglas de origen, que condicionarán el aprovechamiento efectivo del acuerdo.

Además, la entrada en vigor plena todavía enfrenta resistencias políticas en Europa. Países como Francia, Polonia, Austria e Italia expresaron objeciones, impulsadas principalmente por sus sectores agrícolas.

“El éxito del acuerdo no se definirá solo en los Parlamentos, sino en la capacidad de los actores económicos para transformar esta apertura en inversión e innovación”, señaló Juan Ignacio Di Meglio, director senior de Asuntos Corporativos de LLYC en Argentina.

La firma en Asunción inaugura una nueva etapa en la relación entre ambos bloques. El desafío ahora será convertir este histórico entendimiento en crecimiento sostenible, competitividad y cooperación de largo plazo.

Fuente: Forbes

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